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Opinión |
Jueves, 14 de Diciembre de 2017

Un horizonte sostenible

Hay quienes defienden que las políticas de sostenibilidad cercenan el espacio individual que permite a cada uno disfrutar de sus derechos, olvidando que los deberes tienen tanto valor como las libertades y que las obligaciones de unos individuos son la garantía del derecho de los otros.

 

Hay quienes defienden que las políticas de sostenibilidad ralentizan el crecimiento económico y encorsetan la actividad empresarial, olvidando que las empresas deberían priorizar las necesidades de sus clientes y públicos en sus estrategias de negocio, y respetar los intereses de sus interlocutores poniéndolos en el centro de sus decisiones.

 

Hay quienes utilizan las políticas de sostenibilidad como una herramienta de publicidad y para mantener el poder, olvidando que comunidades como la murciana, con más de 8.000 millones de euros de deuda, el 50% de paro juvenil, decenas de cargos públicos y empresarios encausados por corrupción, y con graves problemas medioambientales… una comunidad a la que dirigen y representan, es muchas otras cosas menos sostenible.

 

El compromiso con la sostenibilidad no es cortar cintas, asistir a conferencias, entregar premios o buscar titulares. Asumir esa responsabilidad es ofrecer soluciones, apuestas estratégicas y duraderas que ayuden a los ciudadanos en la búsqueda de un mundo que no agote sus recursos, y es preceder a los ciudadanos en el esfuerzo y en el trabajo por un futuro mejor, equilibrado y duradero.

 

Hay quienes identifican políticas de sostenibilidad con  políticas medioambientales, olvidando que para que perduren (sean sostenibles) deben afectar también a los ámbitos financiero, económico, social, legislativo y tecnológico. Estas políticas deben estar enfocadas también a defender la transparencia y contra la corrupción; a cuidar la salud y la seguridad; los derechos y la dignidad humana; contra el fraude y por los intereses de los consumidores. Han de tener un enfoque poliédrico y multidisciplinar y ser puramente transversales.

 

Hemos avanzado mucho pero aún hay quienes piensan que la gestión pública ética y transparente es una moda incómoda que dificulta el trabajo de la administración; quienes identifican la transparencia con un trabajo en la web puramente cosmético y con unos cuantos datos publicados a modo de rendición de cuentas; quienes ignoran que los ciudadanos queremos saber cómo se gestionan los recursos porque nuestro bienestar y el de las generaciones futuras depende de eso, esté o no de moda.

 

Hay quienes dicen que la sostenibilidad es un horizonte utópico, olvidando que precisamente son las metas ambiciosas las que han hecho, hacen y harán avanzar a la humanidad, como lo apunta Galeano: La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

 

Aún falta mucho para lograr una sociedad realmente sostenible, pero no es descabellado pensar que quienes no tengan en cuenta a los demás, clientes, los vecinos, los trabajadores, los proveedores, los propietarios, el medio ambiente, el bienestar común… quienes solo piensen en su beneficio, en el corto plazo, y quienes tomen decisiones solo en términos de rentabilidad económica fracasarán.

 

Y aquellos políticos que piensen en las próximas elecciones en lugar en las próximas generaciones, no pueden ser esos líderes que necesitamos.

 

@kalydoscopio

 

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