Las llamadas a la prudencia hechas desde España no logran calmar a los mercados
El aumento de los temores por la crisis española dejó otra semana convulsa, la peor para la bolsa este año, con nuevas amenazas, incluso la eventualidad de una intervención, que obligaron al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a emplearse a fondo.
Rajoy, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, los ministros de Economía, Luis de Guindos, y Hacienda, Cristóbal Montoro, y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, hicieron coro a lo largo de la semana con diferentes líderes europeos y la propia Comisión Europea para negar con vehemencia la posibilidad del rescate.
Una situación de rescate "ni se ha planteado ni se va a plantear", aseveró Rajoy desde Varsovia, al tiempo que solicitada "sensatez", "prudencia" y "responsabilidad" para evitar "alarmas injustificadas" y aseguraba por enésima vez que su Gobierno ha escogido el camino seguro de las reformas que España necesita.
Rajoy pidió prudencia a los líderes europeos al hablar de España, un firme llamamiento que pareció dirigido a los gobernantes de Francia, Nicolas Sarkozy, e Italia, Mario Monti, así como al presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, cuyas declaraciones habían servido para envenenar más la situación.
"Nosotros no hablamos de otros", reclamó Rajoy, mientras la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), la francesa Christine Lagarde, añadía sal a la herida al demandar a España más "esfuerzos significativos" ante sus problemas fiscales.
La prima de riesgo se movió sobre los 400 puntos básicos (acabó el viernes en 425, frente a los 379 de Italia), el rendimiento del bono a diez años palpó el 6% y los seguros contra impago de la deuda superaron los 500 puntos por vez primera en la era del euro.
La bolsa vivió su peor semana del año con pérdidas del 5% y el Ibex 35 bajo los 7.300 puntos, su nivel más pobre desde marzo de 2009.
En estos tres meses y medio que van de 2012 el Ibex 35 se ha dejado un 15%, un récord mundial y el triple que la italiana, la segunda más castigada. En contraste, la alemana lleva ganado un 12% y Wall Street un 5%.
El anuncio del Gobierno de un recorte adicional de diez mil millones de euros en sanidad y educación, hecho en aparente respuesta a las presiones de los mercados financieros y después de haber presentado los presupuestos del Estado, generó inquietud sobre la capacidad de España para cumplir su exigente objetivo de déficit.
Tampoco ayudó a contener los ataques la abultada cifra de financiación solicitada por la banca española al BCE en marzo de 316.000 millones de euros, casi el doble que en febrero.
La simple afirmación por parte de un consejero del BCE, en concreto el holandés, Klass Knot, de que la institución no volvería a comprar deuda, aunque siguen en vigor los mecanismos que permiten hacerlo, hizo el viernes que aumentara la angustia y los recelos.
En medio de ello, la posible intención del Gobierno de Cristina Fernández de amputarle por expropiación a la petrolera Repsol una parte significativa de su brazo argentino, para hacerse con su control, provocó diferentes sobresaltos.
El Gobierno usaba artillería pesada para advertir de que cualquier acto de hostilidad contra la petrolera o cualquier empresa española sería considerado una agresión a España y tendría consecuencias en las relaciones bilaterales.
Entre tanto, el Ejecutivo también cerraba apoyos en la Unión Europea, dentro del Grupo de los 20, y países que como México, vía la estatal Pemex, y Estados Unidos, a través de fondos de inversiones, tienen intereses accionariales en Repsol, mientras se especulaba con distintas represalias económicas.
El Consejo de Ministros aprobó un nuevo plan para luchar contra el fraude fiscal que, entre otras cosas, prohíbe el pago en efectivo superior a 2.500 euros y estable que no prescriben las cuentas no declaradas.
Rajoy, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, los ministros de Economía, Luis de Guindos, y Hacienda, Cristóbal Montoro, y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, hicieron coro a lo largo de la semana con diferentes líderes europeos y la propia Comisión Europea para negar con vehemencia la posibilidad del rescate.
Una situación de rescate "ni se ha planteado ni se va a plantear", aseveró Rajoy desde Varsovia, al tiempo que solicitada "sensatez", "prudencia" y "responsabilidad" para evitar "alarmas injustificadas" y aseguraba por enésima vez que su Gobierno ha escogido el camino seguro de las reformas que España necesita.
Rajoy pidió prudencia a los líderes europeos al hablar de España, un firme llamamiento que pareció dirigido a los gobernantes de Francia, Nicolas Sarkozy, e Italia, Mario Monti, así como al presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, cuyas declaraciones habían servido para envenenar más la situación.
"Nosotros no hablamos de otros", reclamó Rajoy, mientras la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), la francesa Christine Lagarde, añadía sal a la herida al demandar a España más "esfuerzos significativos" ante sus problemas fiscales.
La prima de riesgo se movió sobre los 400 puntos básicos (acabó el viernes en 425, frente a los 379 de Italia), el rendimiento del bono a diez años palpó el 6% y los seguros contra impago de la deuda superaron los 500 puntos por vez primera en la era del euro.
La bolsa vivió su peor semana del año con pérdidas del 5% y el Ibex 35 bajo los 7.300 puntos, su nivel más pobre desde marzo de 2009.
En estos tres meses y medio que van de 2012 el Ibex 35 se ha dejado un 15%, un récord mundial y el triple que la italiana, la segunda más castigada. En contraste, la alemana lleva ganado un 12% y Wall Street un 5%.
El anuncio del Gobierno de un recorte adicional de diez mil millones de euros en sanidad y educación, hecho en aparente respuesta a las presiones de los mercados financieros y después de haber presentado los presupuestos del Estado, generó inquietud sobre la capacidad de España para cumplir su exigente objetivo de déficit.
Tampoco ayudó a contener los ataques la abultada cifra de financiación solicitada por la banca española al BCE en marzo de 316.000 millones de euros, casi el doble que en febrero.
La simple afirmación por parte de un consejero del BCE, en concreto el holandés, Klass Knot, de que la institución no volvería a comprar deuda, aunque siguen en vigor los mecanismos que permiten hacerlo, hizo el viernes que aumentara la angustia y los recelos.
En medio de ello, la posible intención del Gobierno de Cristina Fernández de amputarle por expropiación a la petrolera Repsol una parte significativa de su brazo argentino, para hacerse con su control, provocó diferentes sobresaltos.
El Gobierno usaba artillería pesada para advertir de que cualquier acto de hostilidad contra la petrolera o cualquier empresa española sería considerado una agresión a España y tendría consecuencias en las relaciones bilaterales.
Entre tanto, el Ejecutivo también cerraba apoyos en la Unión Europea, dentro del Grupo de los 20, y países que como México, vía la estatal Pemex, y Estados Unidos, a través de fondos de inversiones, tienen intereses accionariales en Repsol, mientras se especulaba con distintas represalias económicas.
El Consejo de Ministros aprobó un nuevo plan para luchar contra el fraude fiscal que, entre otras cosas, prohíbe el pago en efectivo superior a 2.500 euros y estable que no prescriben las cuentas no declaradas.



