Nuevo test para los bancos centrales y para los líderes del euro
Si la semana pasada hablábamos de un serio aviso de los mercados a Europa, esta semana directamente podemos afirmar que el modelo de respuesta a la crisis de la zona euro está muerto. Con el agravante de que los líderes europeos, en lugar de escuchar el mensaje de los mercados y rectificar, siguen dando muestras de una frustrante incapacidad para adoptar soluciones reales al problema de la zona.
Lo cual ha dado lugar al descalabro de las Bolsas europeas en la semana (Eurostoxx -4,2% Ibex -5,3% Dax -2,8%) siendo así que las restantes Bolsas mundiales han tenido también caídas semanales, pero bastante inferiores (Dow -1,6%, S&P -2%, Nikkei -0,5%, Nasdaq -2,2%). El Eurostoxx, tras perder más de un 10% en las últimas semanas, está ya en números rojos desde principio del año. ¿Por qué?
Los líderes de la zona euro parecen incapaces de resolver su compleja y triple crisis de la deuda bancaria, de la deuda soberana y de la falta de competitividad de la mayor parte de sus economías, excluida Alemania. El edificio sobre el que se ha querido soportar la solución a esa triple crisis, es lo que las cabezas "pensantes" de Bruselas llaman el "muddling through", a saber, una combinación difusa de austeridad fiscal forzada, inyecciones monetarias del BCE a los Bancos y tibias reformas estructurales a nivel nacional, también forzadas. El mensaje de los mercados es que ese modelo no funciona.
Cada vez parece más claro que la solución pasa por reformas a fondo del andamiaje institucional y político a escala de toda la zona euro, no solo de cada país, con integración política real y cesión de soberanía, y con revisión a fondo del modelo de bienestar y del exceso de burocracia europeos. Esto requiere necesariamente la ayuda del BCE, pero no dando dinero a los Bancos, sino haciendo una auténtica quantitative easing a escala europea, reconduciendo dinero de forma eficiente de los sitios en los que sobra, básicamente Alemania, hacia los sitios en los que falta, básicamente los periféricos. Es obvio que esto supone un cambio de enfoque político que hoy por hoy no se ve en el horizonte. Pero ese cambio vendrá, porque la alternativa es la ruptura de la unidad monetaria y esto es demasiado malo para todos.
A corto plazo los Bancos Centrales y en particular el BCE se enfrentan a un nuevo test. A Draghi le va a pasar lo que ya le pasó a Trichet, es decir, que va a tener que tragarse sus propias palabras. Un representante del BCE dijo el pasado viernes que el BCE no va a comprar más deuda italiana y española. La realidad es que sí la va a comprar, porque la alternativa a no hacerlo para el BCE es, sencillamente, apagar la luz, desalojar su edificio en Francfort y dar por terminada la unión monetaria. Así de sencillo.
Esto no quiere decir que la inyección monetaria sea la solución a los problemas de la zona euro. No lo es, en absoluto, como ya hemos explicado muchas veces. Pero es una condición de supervivencia, y para arreglar los problemas lo primero es seguir vivo, si no nada tiene sentido.
Los problemas del euro son hoy por hoy la auténtica amenaza a la estabilidad económica global, pero fuera del euro la vida sigue. Hemos visto esta semana los primeros resultados empresariales, que han sido buenos en las empresas americanas (Alcoa, Google, JP Morgan y Wells Fargo) y malos en el caso de Banesto, como anticipo del resto de los Bancos.
La ya mencionada inestabilidad de la zona euro, con malos resultados en las subastas del Tesoro española e italiana, unida a la desaceleración de la economía china, cuyo crecimiento en el primer trimestre ha sido del 8,1%, menor del esperado, han podido más que los buenos resultados empresariales y el S&P se ha alejado definitivamente de los 1.400 puntos, perdiendo además el nivel de 1.370, cuya ruptura al alza disparó el mini rally de la segunda quincena de marzo.
En cierto modo, tras el esfuerzo "extra" que se hizo en torno al vencimiento de las opciones en marzo, ahora está pasando lo que tenía que pasar, lo que habría tenido que pasar antes, y está pasando en base a datos que no son muy nuevos, que ya estaban ahí, a la vista de todos. Nadie podía seriamente pensar que el LTRO iba a resolver los problemas del euro, o que el crecimiento de China no iba a ralentizarse o que el enorme reto que suponen el ajuste de España y otras economías periféricas no iba a pasar factura al crecimiento.
Esta semana tenemos numerosos datos económicos y de nuevo dos subastas del Tesoro español, la de letras el martes y la de bonos el jueves. El Ibex, tras cuatro semanas de caídas, en las que se ha dejado más de un 10%, debería rebotar. Si no lo hace estaremos a las puertas de una turbulencia muy fuerte, con implicaciones no sólo para España sino para el conjunto de la zona euro y, por tanto, para toda la economía global. Esto es así porque España, sencillamente, no es rescatable y lo que están pidiendo a gritos la situación española e italiana es un cambio total del modelo de gestión de la crisis en la zona euro, un mensaje que los políticos no acaban de entender.
En Estados Unidos publican resultados casi una quinta parte de las empresas del S&P, entre ellas nombres emblemáticos como IBM, Coca Cola, Microsoft, Citigroup, Bank of America, Johnson& Johnson y General Electric. Toda una radiografía de la actividad global, que moverá sin duda al futuro del S&P, que hoy por hoy es el indicador más fiable a seguir. Si dicho futuro perdiese los 1.350 puntos estaríamos a las puertas de otra inquietante pata bajista.
Los muy bajos tipos del Bund (1,73% ) y del Tbond ( 1,98% ), que ponen en cuestión el tan anunciado flujo de bonos a equities, unidos a la falta de fuerza del oro y al buen comportamiento que están teniendo el Nikkei y el Shanghai Composite, nos hacen ser algo más positivos para esta semana, en la que pensaríamos en un cierto suelo en las caídas. Para los más arriesgados tanto el Eurostoxx como, sobre todo el Ibex, ofrecen buenos precios para algunas de las grandes empresas españolas y europeas cotizadas.
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Lo cual ha dado lugar al descalabro de las Bolsas europeas en la semana (Eurostoxx -4,2% Ibex -5,3% Dax -2,8%) siendo así que las restantes Bolsas mundiales han tenido también caídas semanales, pero bastante inferiores (Dow -1,6%, S&P -2%, Nikkei -0,5%, Nasdaq -2,2%). El Eurostoxx, tras perder más de un 10% en las últimas semanas, está ya en números rojos desde principio del año. ¿Por qué?
Los líderes de la zona euro parecen incapaces de resolver su compleja y triple crisis de la deuda bancaria, de la deuda soberana y de la falta de competitividad de la mayor parte de sus economías, excluida Alemania. El edificio sobre el que se ha querido soportar la solución a esa triple crisis, es lo que las cabezas "pensantes" de Bruselas llaman el "muddling through", a saber, una combinación difusa de austeridad fiscal forzada, inyecciones monetarias del BCE a los Bancos y tibias reformas estructurales a nivel nacional, también forzadas. El mensaje de los mercados es que ese modelo no funciona.
Cada vez parece más claro que la solución pasa por reformas a fondo del andamiaje institucional y político a escala de toda la zona euro, no solo de cada país, con integración política real y cesión de soberanía, y con revisión a fondo del modelo de bienestar y del exceso de burocracia europeos. Esto requiere necesariamente la ayuda del BCE, pero no dando dinero a los Bancos, sino haciendo una auténtica quantitative easing a escala europea, reconduciendo dinero de forma eficiente de los sitios en los que sobra, básicamente Alemania, hacia los sitios en los que falta, básicamente los periféricos. Es obvio que esto supone un cambio de enfoque político que hoy por hoy no se ve en el horizonte. Pero ese cambio vendrá, porque la alternativa es la ruptura de la unidad monetaria y esto es demasiado malo para todos.
A corto plazo los Bancos Centrales y en particular el BCE se enfrentan a un nuevo test. A Draghi le va a pasar lo que ya le pasó a Trichet, es decir, que va a tener que tragarse sus propias palabras. Un representante del BCE dijo el pasado viernes que el BCE no va a comprar más deuda italiana y española. La realidad es que sí la va a comprar, porque la alternativa a no hacerlo para el BCE es, sencillamente, apagar la luz, desalojar su edificio en Francfort y dar por terminada la unión monetaria. Así de sencillo.
Esto no quiere decir que la inyección monetaria sea la solución a los problemas de la zona euro. No lo es, en absoluto, como ya hemos explicado muchas veces. Pero es una condición de supervivencia, y para arreglar los problemas lo primero es seguir vivo, si no nada tiene sentido.
Los problemas del euro son hoy por hoy la auténtica amenaza a la estabilidad económica global, pero fuera del euro la vida sigue. Hemos visto esta semana los primeros resultados empresariales, que han sido buenos en las empresas americanas (Alcoa, Google, JP Morgan y Wells Fargo) y malos en el caso de Banesto, como anticipo del resto de los Bancos.
La ya mencionada inestabilidad de la zona euro, con malos resultados en las subastas del Tesoro española e italiana, unida a la desaceleración de la economía china, cuyo crecimiento en el primer trimestre ha sido del 8,1%, menor del esperado, han podido más que los buenos resultados empresariales y el S&P se ha alejado definitivamente de los 1.400 puntos, perdiendo además el nivel de 1.370, cuya ruptura al alza disparó el mini rally de la segunda quincena de marzo.
En cierto modo, tras el esfuerzo "extra" que se hizo en torno al vencimiento de las opciones en marzo, ahora está pasando lo que tenía que pasar, lo que habría tenido que pasar antes, y está pasando en base a datos que no son muy nuevos, que ya estaban ahí, a la vista de todos. Nadie podía seriamente pensar que el LTRO iba a resolver los problemas del euro, o que el crecimiento de China no iba a ralentizarse o que el enorme reto que suponen el ajuste de España y otras economías periféricas no iba a pasar factura al crecimiento.
Esta semana tenemos numerosos datos económicos y de nuevo dos subastas del Tesoro español, la de letras el martes y la de bonos el jueves. El Ibex, tras cuatro semanas de caídas, en las que se ha dejado más de un 10%, debería rebotar. Si no lo hace estaremos a las puertas de una turbulencia muy fuerte, con implicaciones no sólo para España sino para el conjunto de la zona euro y, por tanto, para toda la economía global. Esto es así porque España, sencillamente, no es rescatable y lo que están pidiendo a gritos la situación española e italiana es un cambio total del modelo de gestión de la crisis en la zona euro, un mensaje que los políticos no acaban de entender.
En Estados Unidos publican resultados casi una quinta parte de las empresas del S&P, entre ellas nombres emblemáticos como IBM, Coca Cola, Microsoft, Citigroup, Bank of America, Johnson& Johnson y General Electric. Toda una radiografía de la actividad global, que moverá sin duda al futuro del S&P, que hoy por hoy es el indicador más fiable a seguir. Si dicho futuro perdiese los 1.350 puntos estaríamos a las puertas de otra inquietante pata bajista.
Los muy bajos tipos del Bund (1,73% ) y del Tbond ( 1,98% ), que ponen en cuestión el tan anunciado flujo de bonos a equities, unidos a la falta de fuerza del oro y al buen comportamiento que están teniendo el Nikkei y el Shanghai Composite, nos hacen ser algo más positivos para esta semana, en la que pensaríamos en un cierto suelo en las caídas. Para los más arriesgados tanto el Eurostoxx como, sobre todo el Ibex, ofrecen buenos precios para algunas de las grandes empresas españolas y europeas cotizadas.
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