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Opinión |
Jueves, 15 de Febrero de 2018

El AVE y el arte de lo posible

La política, dicen los clásicos, es el arte de lo posible. Y para que lo posible se convierta en arte es necesario actuar con altura de miras, estrategias a largo plazo y  capacidad de diálogo para negociar con el adversario, sin encerrarse de entrada en posiciones preconcebidas e inamovibles que hagan imposible los acuerdos necesarios para que sus decisiones redunden en el bienestar de los ciudadanos, para los que teóricamente -y subrayo lo de teóricamente- gobiernan.

 

Tales capacidades se resumirían en lo que solemos llamar liderazgo, con mayúscula. Y eso es lo que falta a raudales, creo,  en la política española en general y en la murciana en particular, pues en los dos ámbitos parece que abunda más el  tacticismo partidista, miope y con frecuencia estéril, que los proyectos que de verdad ilusionen y beneficien a los ciudadanos, lo que lleva al desencanto que se percibe por doquier. Pero que ningún partido eche las campanas al vuelo y señale a los otros porque, por desgracia para quienes los elegimos, pocos se libran, tal vez ninguno. De momento al menos.

 

Hago esta introducción a cuento de un asunto que, de un tiempo a esta parte, se ha malenquistado en la sociedad murciana, sin que muchos entendamos por qué. Un tema en el que, se diga lo que se diga o se escriba lo que se escriba, por muy sensato que uno intente ser, se corre el riesgo cierto de ser estigmatizado y señalado como enemigo de unos o de otros. Me refiero al tan traído y llevado soterramiento de las vías del tren a su paso por la ciudad de Murcia.

 

No voy a entrar ahora -ya lo he dejado escrito y dicho en otras ocasiones a lo largo de los últimos años- en si el AVE debió llegar por Hellín y Cieza en lugar de hacerlo por Elche, que no por Alicante, con desdoblamiento y electrificación del trazado ferroviario que constituye la salida natural de la Región de Murcia hacia el centro de España. Por razones de peso político -escaso por lo que a Murcia se refiere- aquello se negoció mal y Castilla-La Mancha y Valencia se llevaron el agua a su molino, como tantas otras veces a lo largo de la historia de nuestra democracia. Pero lo hecho, hecho está.

 

Llegados a este punto, numerosos murcianos estamos convencidos de que sin el trabajo y la labor de la Plataforma Pro Soterramiento, con sus aciertos y sus errores -que de todo ha  habido y hay por una y otra parte, querido Paco Bernabé-, lo del soterramiento de las vías no estaría nada claro. Ahora parece claro en  teoría, aunque con los vaivenes que está sufriendo la política española -en la que nuestros próceres hacen de todo menos gobernar, y en la que este año puede suceder cualquier cosa- hasta que no se haya redactado el proyecto en su totalidad, hasta que no se le haya asignado el presupuesto correspondiente, hasta que no se haya licitado dicho proyecto -el ministro dice que será en junio, y yo lo creo en principio, porque este ministro me transmite buenas vibraciones- y hasta que no se haya extraído la última palada de tierra de los kilómetros a soterrar, nada es seguro. Y a nadie le pueden exigir nuestros políticos fe ciega en su palabra. La historia no avala tal exigencia.

 

 Y aquí enlazo con lo que decía al principio sobre la política como el arte de lo posible. Después del verano, allá por el mes de octubre, comenté en una tertulia de televisión que si yo fuera el alcalde de Murcia, que por fortuna no lo soy -lo es José Ballesta, un político con la suficiente capacidad para ir más allá, si se lo propone, de algunas miradas un tanto miopes- me habría posicionado sin ambages a favor de la llegada del AVE soterrado desde el principio en su totalidad, y en tal posición habría arrastrado conmigo a todos los habitantes de esta ciudad, sin distinción de credos ideológicos. Habría con ello pasado a la historia como el alcalde que modernizó de una vez, tras 150 años de continuadas frustraciones, las comunicaciones ferroviarias de Murcia con el resto de España. A eso es a lo que yo llamo el arte de lo posible. Política con mayúscula. Liderazgo. Y a ver quién, con el apoyo de todos los murcianos detrás, sería capaz de “toserle” a Ballesta en el partido o en el Gobierno.

 

Nuestros políticos saben que a estas alturas de la película a la mayoría de los ciudadanos, sobre todo a los que viajamos en tren con cierta frecuencia y nos gusta ese medio de transporte, ya nos da igual un año más o menos. Lo que de verdad queremos es que el AVE llegue en las mejores condiciones posibles a la estación de El Carmen, y que después Murcia y Cartagena sean estaciones término del Euromed, y que no se demore el Corredor Mediterráneo, y que se ponga en servicio de una vez la variante de Camarillas, y que se soterre el paso por Alcantarilla, y que se continúe hasta Lorca y Almería. Nuestro voto no lo va a condicionar el momento en que el AVE llegue a Murcia, como ya no lo condicionan las otrora tan traídas y llevadas primeras piedras o las vagas e inconcretas alusiones al agua. Muchos ciudadanos estamos  empezando a mirar un poco más allá.

 

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