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Opinión | Mente sana, empresa sana
Martes, 27 de Febrero de 2018
Roberto Crobu

Jaqueo al liderazgo político

En Estados Unidos hay un total de tres millones y medio de personas que trabajan como cajeros de supermercados. La nueva tienda de Amazon de Seattle, sin línea de cajas representa la primera gran amenaza para el empleo de este colectivo. ¿Quiénes se salvarán? Aquellos que serán capaces de hacer algo mejor que simple y mecánicamente cobrar. Para lograrlo tendrán que esforzarse lo necesario con el fin de ser mejores que las máquinas. Pero si pensamos en competir con robots e inteligencia artificial en hacer las cosas más rápido y más eficiente, iremos por mal camino. La IA es más rápida y tiene menos fallos que los humanos: no se cansa, no tiene que hacer pausas para fumarse un pitillo, puede trabajar a todas horas y no está protegida por convenios colectivos y normas de restricción y anti explotación laboral.  El valor diferencial para marcar una alternativa a la IA, consiste en la capacidad de los seres humanos de generar conexión, engagement y una buena experiencia de cliente. Cuando un ser humano se convierte en el principal impedimento para que otro ser humano tenga una experiencia agradable y satisfactoria, su empleo no tiene necesidad de mantenerse: una maquina seguramente lo hará mejor.  

 

Algo parecido sucede en los hospitales con el nuevo parche inteligente que permite monitorizar la temperatura de los pacientes por ordenador. Los enfermeros ya no tienen que dar la ronda, cama por cama: esa tarea que podría implicar todas las tardes  de una persona que se dedicaba a hacer esa ronda en un hospital, ya no será necesaria. Quizá en ese caso el puesto de trabajo no llegue a amortizarse, pero qué duda cabe de que esa tarea desaparecerá para el gusto de aquellos pacientes que tenían que soportar a ciertos enfermeros poco agradables y simpáticos en la ejecución de esa tarea. Las tareas mecánicas desaparecerán y permitirán a los enfermeros centrarse en aspectos de mayor valor añadido como la calidad del trato humano. Aquellos que no logren adaptarse a ese cambio perderán su empleo: no por culpa de la IA, sino por su incapacidad de contribuir a generar experiencias de valor para los ‘clientes’.

 

Se habla mucho de la destrucción de puestos de trabajo debida a la Inteligencia Artificial: sin embargo,  la inteligencia artificial representará una gran oportunidad para que en el trabajo nos volvamos más humanos y cuidemos los aspectos de calidad  en el trato y la relación.

 

Pero si de algo no se habla todavía es de como la IA podría influir en la política y en la administración pública: en efecto, la gran mayoría de los puestos de trabajo de la administración implican una alta repetición y sistematización. Existe actualmente la tecnología para amortizar la gran mayoría de las plazas y puestos de trabajo de la Admón. ¿Qué hace entonces el gobierno convocando nuevas oposiciones? A nadie interesa una administración que suponga un recargo en costes así como un déficit en eficiencia cuando los ciudadanos y las empresas se mueven de una manera más rápida.

 

¿Y los políticos? ¿Cómo impactará la IA y el Machine Learning en la política? En efecto la democracia y los sistemas de voto basados en la elección de representantes políticos, se han convertido en un circo obsoleto cuyos tiempos para llegar a acuerdos y legislar en ciertas materias son excesivamente largos y no pueden estar al paso de los avances tecnológicos. Los ciudadanos y las empresas requieren cada vez más rapidez a la hora de regular actividades y espacios en un mundo cuya velocidad de cambio demanda inmediatez.  Y esa inmediatez no parece satisfacerse principalmente por la manifiesta incapacidad de los políticos de llegar a acuerdos con los que conciliar e integrar intereses diversos. ¿Habrá llegado la hora de sustituir también a los políticos por algoritmos?

 

La tecnología está a disposición: los algoritmos de Google, Facebook y Amazon podrían permitirnos a los ciudadanos votar en cada instante sobre decisiones que nos afectan, sin tener que recurrir a que cada cuatro años el partido político de turno nos presente su declaración de intenciones con promesa electoral.  El machine learning puede leer tendencias y preferencias de masas  para legislar de  manera más global y acorde con los intereses reales de las mayorías.  Podría no ser necesario disponer de un gobierno cada cuatro años. Sería una forma más ágil de gobierno aquella que ante un problema concreto en la mesa,  fuera capaz de leer las preferencias de las masas en base a los distintos puntos y propuestas de los partidos políticos. Podríamos tener cuantos gobiernos y líderes políticos fueran necesarios en cada momento, funcionando de manera simultánea, para resolver los problemas que interesan a la población. Podríamos ejecutar tantos referéndums  al día como fueran necesarios.   

 

Pero la gran duda a la que tendremos que enfrentarnos es: ¿seremos capaces de confiar más en los algoritmos que en los políticos?

 

@robcrobu

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