Los líderes reales no son inaccesibles y entre sus funciones está “ensuciarse” las manos con su equipo
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A veces las personas tienen en su mente una imagen de los líderes como que estos son aquellos seres inalcanzables, que están por allá en lo alto de un pedestal. Puede que hayan llegado ahí a través de estudios en determinados temas, contactos, experiencia, arduo trabajo, entre otros. En esta imagen los líderes son personas a quienes admiran profundamente, pero que a la vez son inaccesibles, pero a decir verdad esta es una imagen un poco distorsionada.
Los líderes reales no son inaccesibles ni son los jefes colocados detrás de un escritorio como si este fuera una vitrina que exhibe una obra de arte. Según Gananci, un líder tiene muchas más funciones que esa y entre ellas, está ensuciarse las manos con su equipo de trabajo en vez de observarlos desde su posición de comodidad.
Quizá has leído muchas cosas sobre el liderazgo y sabes cuáles son las responsabilidades que conlleva y la gran diferencia entre los resultados de un equipo con un buen líder en comparación con uno que no cuenta con esta importante pieza. Sabes que la motivación es vital, la presteza para suplir las necesidades de cada uno de los miembros y velar porque cada uno esté en condiciones óptimas para realizar sus obligaciones, entre otros.
Pero para que cada una de estas cosas pueda darse, es necesario sobre todo que haya cierta identificación con el líder y para lograrlo el líder debe ser accesible. No alguien a quienes los demás miren a lo lejos, sino una persona que esté involucrada en el día a día de lo que ocurre con el equipo en general, y si es posible, con situaciones individuales de sus miembros.
Por supuesto que esta información no viene del aire ni puede ser conseguida de la manera en que nos informamos de otras cosas. Se obtiene escuchando. Es cierto que existen múltiples ocupaciones y que en ocasiones puede que no haya el momento para escuchar tanto como nos gustaría, pero a continuación encontrarás las razones por las que escuchar te convierte en un mejor líder y por ende, aumenta la productividad del equipo.
1.- La escucha demuestra que te importa: existe una diferencia abismal entre escuchar y oír. La primera es una elección que hacemos, un regalo que le damos al otro, mientras que oír es un acto involuntario. No podemos apagar nuestros oídos y decidir que ningún sonido pase a través de nuestras orejas. Eso es imposible, pero la atención que prestamos durante la escucha activa viene por decisión propia.
Cuando escuchas a tus compañeros de equipo activamente, estás demostrando que te importan las personas y lo que tengan para decir. Puede que no compartas la opinión, pero con el solo hecho de escuchar ya estás haciendo algo importante.
2.- Es base de la empatía: ¿cómo puedes ser empático con alguien si no conoces su situación, sus sentimientos o aquello por lo que está pasando? Cuando escuchas de verdad, liberándote de prejuicios y tratando de ver la situación no solo desde tu punto de vista, sino también desde el otro, podrás ponerte en tus zapatos y acercarte más a tu interlocutor.
Esto no quiere decir que debas entablar una relación de amistad con todos y cada uno de los miembros del equipo. A veces es necesario mantener cierta distancia profesional, pero algo de lo que no puedes escapar -así quieras- es que para ser un buen líder es imprescindible que te importe la gente, te sepas comunicar con ellos y para eso es necesario la empatía, porque la comunicación es bidireccional y las personas no se van a abrir contigo si creen que no les entiendes.
3.- Tiene que ver con el respeto: escuchar demuestra también respeto por el otro, por sus opiniones, por lo que tiene que decir. Si no eres capaz de escuchar opiniones de los demás, empieza a preguntarte si de verdad eres un buen líder o lo que estás ejerciendo es una dictadura donde las personas no tienen libertad de expresión.
La libertad de expresión no es libertinaje de expresión. Debe ejecutarse bajo ciertas normativas que aseguren el respeto a la dignidad y la armonía del equipo y bajo ninguna circunstancia, estas opiniones deben tener como finalidad el hacer daño o malograr la integridad de otros miembros del equipo.
No basta solo con hablar bien y tener capacidades de oratoria admirables, saber escuchar es una de las habilidades sociales más importantes.
4.- Fuente de información: por último, pero no menos importante, si no escuchas a las personas que están bajo tu liderazgo ¿Cómo puedes considerarte involucrado con ellos o decir que les conoces? ¿Cómo puedes saber qué los aqueja y qué necesitan para mejorar cada día? Una de las funciones del líder es la de motivación, pero no todas las personas se motivan de la misma manera.
Necesitas conocer a tu equipo, saber su funcionamiento para no dudar cuando se trate de las estrategias que mejor se aplicarían con ellos y escuchar es una de las herramientas más poderosas que puedes usar para recopilar información de tu interés directamente de la fuente.

