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Opinión |
Jueves, 22 de Marzo de 2018

Sobre derechos y perspectivas

La actualidad se empeña en sobresaltarnos a menudo con noticias que superan en muchas ocasiones nuestra capacidad de asimilar el alcance de la maldad humana, la oportunidad o el interés. Cuando ya nos sentíamos casi anestesiados con algo tan grave como la corrupción, la inmigración o la violencia de género, hemos asistido a la maldad superlativa de quien decide quitar la vida a un niño y, no contenta con ello, torturar sin límite a los padres aprovechando que víctimas y verduga (*) no disponen de la misma información.


Asisto perpleja a lo ocurrido con el pequeño Gabriel y también asustada como madre ante el enésimo recordatorio sobre la vulnerabilidad e indefensión a que se pueden ver sometidos nuestros hijos, todavía hoy en día. Y en este punto recuerdo la polémica intermitente sobre las cámaras de vigilancia que salpican nuestras calles y el debate sobre la libertad y la intimidad que de su actividad se deriva. Confieso que, ante lo visto recientemente, me importa poco si se preservan o no derechos tan fundamentales como los señalados, cuando lo que hay en juego es la vida de un menor.


Sí. Decididamente yo quiero las calles llenas de cámaras que permitan seguir el rastro de una persona desaparecida, de su posible agresor y de todos aquellos que se empeñan en salpicar de dolor las vidas de los demás. Y no quiero una, sino muchas cámaras, para que todas ellas ofrezcan perspectivas diferentes sobre lo que está ocurriendo de manera que el juicio que realicemos de la realidad no ofrezca lugar a dudas. Una imagen completa desde todos los ángulos que nos permita analizar adecuadamente lo que vemos, sin lugar a confusión y sin manipulaciones, sean de la naturaleza que sean.


Porque de lo contrario, cuando nos conformamos con una sola visión de los hechos acontecidos, corremos el riesgo de perder la perspectiva, el enfoque o incluso el alcance. Una pérdida muy valiosa si hasta los fines más loables se ven salpicados por interpretaciones parciales u oportunistas.


Noticias no han faltado tampoco estos días. Sin ir más lejos, recuerdo el cese reciente de un directivo de un medio de comunicación supuestamente por escribir un artículo machista, y me sorprende que a todos se nos haya escapado que solo el carácter político del cargo que ocupaba pudo determinar que finalmente perdiera su puesto de trabajo quien se equivocó y ofendió a las mujeres periodistas, pero también pidió disculpas por ello.

 

(*) Sobre el femenino de verdugo, ver el documento adjunto

 

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