Turismo…, estabilidad y credibilidad
Andan algo revolucionados los empresarios de la cosa turística, en la Región de Murcia, tras la reciente remodelación efectuada por el presidente López Miras, quien ha tenido a bien darle otra vuelta de tuerca al turismo, volviendo a crear una nueva estructura orgánica, dentro de una nueva Consejería (junto a Cultura), como ya se había hecho en distintas etapas anteriores, dentro del organigrama administrativo del gobierno regional.
Muchos de estos empresarios se han desgañitado, a lo largo del tiempo, reclamando estar incardinados, dentro de la estructura de gobierno, en un área relacionada con la industria, de la que se sienten indisolublemente partícipes. Pero, por desgracia, esto no se corresponde con la realidad, y son ya muchos los que piensan (al menos así me lo han hecho llegar) que el sector turístico ha estado considerado, casi siempre, (y sin ánimo de ofender) como una “María”, en el ámbito de las distintas estructuras político administrativas de la mayoría de los gobiernos regionales que hemos tenido en los últimos años. Y eso a pesar de que nuestros políticos no se cansan de manifestar que el turismo es uno de los principales sectores de la economía y que debería considerarse como una verdadera industria a nivel nacional.
Tras las elecciones autonómicas, en 2015, Pedro Antonio Sánchez sustituye a Alberto Garre en la presidencia de la Comunidad y crea la consejería de Desarrollo Económico, Turismo y Empleo. En mayo de 2017, López Miras sustituye a PAS en la Presidencia y suprime la anterior Consejería para crear Cultura, Turismo y Medio Ambiente; y ahora el mismo presidente, tras un año de experimento, no le parece bien la estructura que creó y le da una nueva configuración como Turismo y Cultura, y se escinde, de nuevo, de Medio Ambiente. Sin duda una serie de bandazos y de incertidumbres que no ayudan en nada a crear el clima de estabilidad apropiados, que permita desarrollar una política turística con una línea bien definida y duradera; sobre todo cuando en tan solo tres años hemos tenido tres distintas organizaciones administrativas para la gestión de un sector, tan importante para la economía regional, como es el turismo.
Como tampoco ayuda que en los tres últimos años hayamos tenido tres consejeros distintos como responsables del área de turismo, cuando ya se sabe que cualquier político que acceda a dirigir una consejería (y más la de Turismo que tiene una gran proyección) tiende a imprimir su impronta, como, por otro lado, es lógico y natural, y a marcar sus pautas y líneas de trabajo, para conseguir realizar el proyecto que le ha llevado a aceptar esta responsabilidad.
Pero es que las elecciones autonómicas y municipales son el año próximo, y si tenemos que dar crédito a la información aparecida en un medio de comunicación, resulta que la Consejera de Turismo recién nombrada estaría predestinada a ser cabeza de cartel para las municipales, en Cieza (su pueblo natal), lo que ha provocado un recelo generalizado en el sector, manifestado a través de unas declaraciones hechas por un portavoz de la Asociación empresarial de hostelería y turismo: “…entendemos que tantos cambios en tan poco tiempo no aportan estabilidad”. Y, a continuación, solicitó “…que no se cambie al segundo escalón de la Consejería”. Por cierto, yo me cuidaría de hacer este tipo de recomendaciones (en público), ya que, en la mayoría de ocasiones, surte el efecto contrario… ya me entienden.
Siempre he defendido que el turismo es un sector eminentemente productivo, y como tal debe ser considerado. Los tres principales sectores de los que se compone una economía de mercado son: el primario (la agricultura), el secundario (la industria), y el terciario, que es el sector servicios, en el que es predominante el turismo. Si el peso específico del PIB turístico en nuestra región, como parece, está cercano al 11%, el gobierno debería tener un tratamiento preferente a la hora de desarrollar su gestión y, por supuesto, que lo debería reflejar a la hora de elaborar los presupuestos, cuestión esta que no siempre ocurre. No se puede estar asegurando que el turismo es uno de los ejes de desarrollo sobre los que pivota nuestra economía, y luego destinar unas partidas irrisorias, como ya hemos visto que ha sucedido en muchas ocasiones.
En la Región de Murcia no siempre se ha entendido esta priorización, pues mientras la agricultura y la industria han estado encuadradas en áreas muy concretas, con personalidad propia dentro de los organigramas de la administración regional, sin embargo, al turismo, desde que tenemos autonomía, los distintos gobiernos no han sabido donde encuadrarlo; y ha estado dando tumbos, en distintas Consejerías, como si de un patito feo se tratara. Esta actitud ha dado lugar a que algunos, entre los que me incluyo, nos cuestionemos si ese énfasis con el que se refieren al turismo nuestras autoridades, en sus intervenciones públicas, es tan solo una mera retórica preparada y en realidad no obedece a un convencimiento sincero y objetivo sobre este particular.
Extraigo de mi memoria aquella frase, símbolo y lema de una etapa anterior, que un Consejero, predecesor de la actual regidora, esgrimió en el acto de su toma de posesión: “…vamos a cambiar la política turística en la Región de Murcia. Le vamos a dar la vuelta como a un calcetín…”. ¡Y vaya si se la dieron! Aquella fue una frase premonitoria, que significó un antes y un después en la política turística que se había desarrollado, hasta entonces, en la Región de Murcia; y que, seguro, muchos de Vds. (empresarios y profesionales turísticos) recordarán, aunque prefirieran no hacerlo.
Espero y deseo que, los nuevos regidores de la política turística murciana, no tengan tantas ansias de revisionismo; y, si caen en la tentación, que al menos se aseguren una programación a medio y largo plazo. No hay peor política turística que la que no existe, pero también son perniciosas todas aquellas medidas que son efímeras y que no tienen una cierta continuidad. Y los cambios producidos en las estructuras funcionales que rigen el sector no es que favorezcan, precisamente, la consecución de aquellos objetivos fijados como líneas programáticas en la consecución de cualquier programa de gobierno.
Mis deseos de éxito en esta nueva etapa, aunque sea efímera, porque esos triunfos serían en beneficio de toda la colectividad, dado el carácter transversal que el sector servicios imprime en una sociedad globalizada. Y mi anhelo por que el gobierno se crea, de verdad, la importancia que el turismo tiene para el desarrollo de nuestra economía y apueste por el desarrollo de políticas que impriman estabilidad a los programas y credibilidad en los ciudadanos.





















