La gestión del agua y el aprovechamiento de nuevos catalizadores de valor son las principales oportunidades de mejora
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¿Es posible alimentar de forma nutritiva y sostenible a 8.000 millones de personas en 2030? El crecimiento demográfico, los hábitos de consumo y el impacto medioambiental de los actuales modelos de producción agrícola son algunos de los retos que habría que superar para responder afirmativamente a esta pregunta, y esto solo sería posible aplicando una visión sistémica y coordinada a escala global por parte de los agentes implicados.
Esta es una de las conclusiones que se extraen del informe ‘Trazando el futuro de los sistemas alimentarios mundiales: análisis de escenarios’, realizado de forma conjunta por el Foro Económico Mundial y Deloitte. El estudio proyecta cuatro posibles escenarios globales para el año 2030, con el objetivo de ayudar a los líderes y entidades que participan en el sector agroalimentario en la evaluación de decisiones estratégicas y en la aplicación de los correspondientes planes de acción.
Para proyectar dichos escenarios se han tenido en cuenta diferentes variables, atendiendo al grado de certidumbre de su evolución futura. Todo ello permite observar no solo posibles vías para dar solución a la pregunta, sino también cómo pueden adaptarse los agentes de la Región de Murcia para aprovechar sus ventajas estratégicas y reforzar su posición.
Modelo de consumo
La evolución de la población mundial será uno de los factores de cambio de mayor impacto y certeza. Se espera alcanzar la cifra de 8.000 millones de personas en el año 2030, cifra que se elevará a 9.500 millones en 2050. Este hecho condicionará enormemente la demanda global de alimentos, que aumentará previsiblemente en un 60%.
Otras tendencias demográficas a considerar son la progresiva urbanización de la población mundial, así como el engrosamiento de la clase media en los países en desarrollo. Todo ello contribuirá a la adopción de una dieta en la que predominen los alimentos procesados, las carnes y los lácteos, cuyo proceso de producción suele dejar una mayor huella medioambiental.
Partiendo de estas realidades, la incertidumbre clave respecto a la demanda de alimentos reside en cómo evolucionarán los hábitos de consumo, si seguirá predominando el modelo de consumo intensivo basado en la producción en masa y el bajo coste, o caminaremos hacia un modelo más eficiente y responsable con la sociedad y el medio ambiente.
La Región de Murcia tiene capacidad para responder ante estos cambios en la demanda nacional e internacional. “Sin duda, el sector agroalimentario en Murcia, en sus distintas vertientes, tiene un fuerte posicionamiento estratégico con base, entre otros aspectos, en su know how. La experiencia acumulada por las empresas murcianas es una enorme ventaja competitiva” señala Enrique Egea, socio responsable de la oficina de Deloitte en Murcia.
Cambio climático
Igual que el incremento de la población mundial, el cambio climático es una de las certezas con las que el sector agroalimentario tendrá que lidiar en los próximos años. Se calcula que las inclemencias meteorológicas provocan una variación del 80% de la producción agrícola. El resultado son precios de mercado inestables y frecuentes dificultades de abastecimiento en algunas regiones del planeta.
A su vez, el sector agrícola es responsable del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, situación que además se verá agravada con la creciente demanda global de ganado. Se hace necesaria una revisión de los modelos de producción y distribución para reducir la huella medioambiental, y garantizar así la propia viabilidad del sector.
Para la Región de Murcia, la principal implicación es la necesidad de gestionar adecuadamente la presión sobre los recursos naturales, en particular el aprovisionamiento de agua.
Además del modelo de consumo, la otra gran incertidumbre reside en el grado de conectividad de los mercados. Las políticas de intercambio que adopten las naciones en los años venideros determinarán el sistema agroalimentario a nivel mundial, en función de si optan por facilitar el intercambio de materias primas, conocimiento y personas, o por el contrario surgen nuevas barreras.
Además de la regulación de los intercambios, la innovación y los modelos de propiedad intelectual también condicionarán la conectividad de las economías nacionales y el desarrollo de las mismas.
En ambos casos, las restricciones al intercambio tendrían como resultado un mayor aislamiento de las naciones, con consecuencias para los países dependientes de la importación, ya sea de materias primas y alimentos, o de know how. A su vez, se ahondarían las desigualdades entre naciones y dentro de las mismas. Favorecer la conectividad y el intercambio podría ser no solo una decisión estratégica, sino también un ejercicio de responsabilidad.
“Competir en el tablero de juego mundial es un reto y a la vez una gran oportunidad para las empresas del sector agroalimentario murciano. La concentración y la expansión internacional pueden ser clave para afrontar este escenario desde una posición de fuerza” afirma Enrique Egea. El inmovilismo podría no ser la mejor respuesta en un entorno donde la alternativa a “comprar” es “ser comprado”.

