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Opinión |
Viernes, 25 de Mayo de 2018

El trabajo de nuestros hijos no existe

Lejos de lo que pueda deducirse a partir del título, este artículo es un texto cargado de optimismo. Quienes tenemos la fortuna de disfrutar cada día de nuestros hijos, vemos cómo manipulan con astuta velocidad nuestros dispositivos tecnológicos. Al menor descuido nos usurpan la tablet para intentar poner sus dibujos favoritos, [Img #55478]palpan la televisión porque en la guardería sus profes ya usan pantallas táctiles, y saben pulsar el botón del altavoz del smartphone porque quieren escuchar la voz de sus abuelos. Son nativos digitales. Ni esto es algo monstruoso ni ellos son unos genios, simplemente no ven los dispositivos como elementos extraños porque viven rodeados de ellos. Es una consecuencia más de esta vertiginosa etapa de nuestra evolución.

 

Dice Brian Solis, reconocido analista de la tecnología disruptiva, que "el darwinismo digital acontece cuando la tecnología y la sociedad evolucionan a mayor velocidad que nuestra capacidad de adaptación". Y eso es "simplemente" lo que nos está ocurriendo.

 

Es imposible estar al tanto de todo lo que sucede cada día en el entorno digital: social media, inteligencia artificial, big data, transformación digital, aplicaciones científicas, domótica... Cada una de las profesiones actuales parece estar siendo barnizada por una pátina de necesidad digital. Y esto condicionará, sin lugar a dudas, la formación y especialización profesional de las nuevas generaciones. La teoría del darwinismo digital defiende que solo sobrevivirán las empresas capaces de adaptarse a los retos que presenta el mundo online y sus imparables adaptaciones a cada sector. Esta necesidad de transformación es una de las principales preocupaciones que nos plantean los clientes de negocios tradicionales cuando solicitan nuestros servicios de marketing digital.

 

Como consecuencia de lo anterior, el momento que atravesamos también afectará drásticamente a los profesionales del futuro.  Hace unos meses, un estudio de la compañía informática multinacional Dell Technologies lanzaba un dato de lenta digestión: "el 85% de los empleos que habrá en 2030 no existen en la actualidad". Eso es prácticamente dentro de una década. El protagonismo de las máquinas en las cadenas de producción y en los sistemas de optimización de las empresas tiende cada vez a ser mayor y debemos estar preparados para ello, profesional y psicológicamente. Los más optimistas consideran que la tecnología nos ayudará a vivir más cómodamente y a afrontar con garantías los riesgos sociales, científicos y medioambientales que nos preocupan; por otro lado, existe la posibilidad de una tendencia hacia el desempleo tecnológico, pues las máquinas podrían emular de manera cada vez más efectiva y barata el trabajo humano. Esta última reflexión no es nueva, ya sucedió con la imprenta o en la revolución industrial, y por supuesto el cambio de paradigma fue crucial en ambos casos para el desarrollo de la sociedad humana.


¿Y qué podemos hacer ante esta incertidumbre? Simplemente adaptarnos y comprender que la relación entre humanos y máquinas cada vez se estrecha más. Muchos de los míticos relatos de ciencia ficción parecen querer hacer realidad en nuestros días. Pero el hombre siempre tendrá su capacidad para aportar creatividad, arte, entretenimiento y pasión a los procesos, por muy tecnológicos que estos sean. Quizá debemos preocuparnos en educar a nuestros hijos en esa dirección. Dejemos que se aburran de vez en cuando, porque aburrirse fomenta la creatividad. Midamos el tiempo que pasan frente a los dispositivos, pero comprendiendo que su entorno es cada vez más digital y muy probablemente sus trabajos (esos que todavía no existen) también lo serán (en plural). Quizá debemos recuperar el pausado espíritu humanista para analizar reflexivamente el futuro, mientras lo observamos pasar cada día ante nosotros a toda velocidad.

 

@Trifon_Abad

 

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