La vuelta del 98 (de las colonias)
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Estamos de acuerdo con quienes plantean que la actuación de la presidenta argentina ha vulnerado la legalidad internacional y que ha creado una situación de inseguridad jurídica a nivel mundial que va a tener repercusiones no sólo en las inversiones extranjeras en Argentina sino en el comercio global. Que te vendan una empresa para expropiártela luego, a vista corta, es un robo que sólo puede sostenerse para vanagloria de los ejecutores y contento del populacho, como en las películas de bandera e ideal. Si Argentina recomprara la empresa que vendió entonces no habría mayor problema, pero el problema parece ser que quiere revenderla, con lo que obtendría plusvalías a costa de Repsol. Y eso no le gusta al Gobierno español que ha dispuesto a la artillería en círculo para apuntar a todo lo que se mueva y ha comprado un kilométrico de Iberia al ministro de Exteriores para que encuentre apoyos explícitos que no terminan de llegar.
La que parece indudable es que la inseguridad y timidez de Mariano Rajoy unidas a la falta de peso político (y económico) del Estado Español y del Gobierno del PP en particular y la caterva de disparates del ministro de Industria, nos ha llevado a una situación que puede terminar en ridículo. La situación es grave más que por lo que es, por lo que parece: un Gobierno de un país que hace pocos años condenó a sus ciudadanos a una emigración masiva por una violenta crisis económica, ahora se le sube a las barbas a una de las 20 mayores economías mundiales. Y aparentemente sin que el gobierno y el ministerio de Exteriores lo viera venir hasta que quedó explicitado en la prensa y ya no fue posible un arreglo diplomático ni empresarial ni económico. La decisión argentina parece sólida, meditada y alejada de la opinión difundida desde algunos medios que la tildan de un capricho de mujer y de economistas jóvenes e inexpertos que terminará volviéndose contra ellos. Tal vez Rajoy vea en ello el comienzo de un nuevo “desastre de las colonias de 1898” y por ello se ha lanzado a una ofensiva diplomática propia de mejores causas por mucho que no sea una mala causa defender los intereses de las multinacionales españolas como haría cualquier imperio más o menos declarado.
Porque, no lo olvidemos, Repsol con y sin YPF es una empresa privada con ánimo de lucro y con voluntad de control de la economía vinculada a fuentes energéticas. Y aludo al control porque no hace tantos meses que el Sr. Brufau intrigó lo indecible hasta conseguir desactivar el intento de Luis del Rivero (Sacyr) por hacerse con el control de la compañía merced a una alianza con la petrolera mexicana PEMEX. Es decir, se trata de peleas económicas y no de peleas de Estado en las que no debemos entrar o hacerlo de forma muy cauta y no con el estruendo de quienes se saben perdedores y provocan algarabía como maniobra populista para dejar constancia de que lo han intentado.
El colonialismo económico tiene estas cosas. Queda por ver si los colonialistas apoyan a España como autodefensa o pasan al ataque para conquistar Argentina.




















