Valentía
Experimentemos la ilusión. Sí, apetece vivir en este nuevo día tras resacas comprensibles y otras que no lo son tanto. Hay que saber discernir lo importante de lo que no lo es. Los entusiasmos son cruciales para un futuro que no ha de prometer, sino cumplir.
Cada cierto tiempo hay que realizar balances. Debemos ver quién está a nuestro lado y quién no, teniendo en cuenta lo que persiguen de nosotros, consciente o inconscientemente. No siempre salen adelante las cuestiones que consideramos fundamentales, pero, cuando menos, hemos de estar de acuerdo en intentar mejorarlas.
Dentro del ruido que nos inunda recurrentemente hemos de procurar dar con las claves del entorno: ver intereses, objetivos, opciones. Debemos ser realistas en el marco de unos sueños que también se cultivarán generosos.
El cariño y la pasión, el perdón incluso por errores o equívocos, han de caracterizar ese comienzo diario de cero desde la experiencia (por supuesto) para no caer de nuevo en lo estéril e inútil. La propuesta está clara. Seamos valientes.
Compromiso
Sumemos. Para ver hay que mirar y tener voluntad de entender. El sacrificio y la entrega a los demás son conceptos parejos que no podemos, ni debemos olvidar en aras de la felicidad que perseguimos.
El compromiso es signo de una vida plena. Por cierto, no lo confundamos con la obligación. La dicha no entiende de cuestiones forzadas.





















