Como en 2010, pero sin estímulos
La idea de una cierta calma, e incluso de ligeros rebotes en las Bolsas, por la que apostábamos la semana pasada, se ha cumplido en nuestro Ibex, que cerró la semana con una subida del 0,3% y en las Bolsas americanas, que casi no se movieron en la semana (el S&P bajó un 0,16%, el Nasdaq un 0,2% y el Dow un 0,5%). Las restantes plazas tuvieron pérdidas más abultadas, cayendo el Dax un 1,4%, el Eurostoxx un 1,2%, y el Nikkei un 0,9% y siendo especialmente acusada la caída del Shanghai Composite, que superó en la semana el 5%.
Los malos datos americanos y la sensación de deterioro en el problema de la deuda de la zona euro han sido, de nuevo, los causantes de esas caídas. Pero en el fondo lo que ha aflorado a lo largo de mayo es el temor a que se reproduzca una situación similar a la del 2010, pero esta vez sin contar con la munición necesaria para contrarrestarla.
Efectivamente, el 2011 empieza a mostrar un paralelismo evidente con lo sucedido en el 2010. Ambos años empezaron con buenas sensaciones y con buenos datos de crecimiento, y en ambos años, a partir de mayo han aparecido los problemas. En primer lugar, los problemas con la deuda de Grecia. En segundo lugar, la desaceleración económica global. Ante estos problemas en el 2010 se optó por la solución del Fondo de Rescate para la deuda griega y por una nueva ronda de expansión monetaria (la quantitative easing 2 o QE2) de la FED para reactivar el crecimiento. La idea del Fondo de Rescate era que si Grecia hacía sus deberes podría volver a captar dinero en el mercado de bonos privados en el 2012. La idea de la QE2 era mover el dinero hacia los activos de riesgo de forma que se crease un efecto riqueza que impulsase el consumo y a la vez dinamizase indirectamente la inversión, poniendo así en marcha la economía privada.
Un año después, sabemos que ninguna de las dos ideas ha funcionado del todo. Los problemas de Grecia siguen ahí, incluso son mayores hoy, y la economía norteamericana se ralentiza de nuevo si se quita el estímulo. Lo que ha fallado en ambos casos es el enfoque excesivamente centrado en la liquidez y no enfocado hacia los problemas de fondo. No basta con poner dinero, con inyectar liquidez. Hace falta algo más. El problema es que la liquidez suministrada a Grecia no ha ido acompañada de las reformas y los ajustes necesarios, y el problema es que gran parte de la inyección de dinero de la QE2 ha ido muy especulativamente a las materias primas y a las economías emergentes, en lugar de utilizarse de forma productiva. No se ha canalizado bien el esfuerzo.
Ante este fracaso, y ante la evidencia de que los estímulos excepcionales deben tener un principio y un fin, y no pueden convertirse en "adictivos", porque generan efectos secundarios muy perniciosos, parece claro que no cabe una reedición en el 2011 de las soluciones que se adoptaron en el 2010, porque no van a funcionar. Además de que no las soportan los ya muy deteriorados balances de los Bancos Centrales.
Esta es, a nuestro juicio, la lectura de las caídas de mayo, y por eso ha subido el dólar, moneda en la que se habían apalancado las inversiones de riesgo en acciones y materias primas. Al deshacerse las posiciones de riesgo ante el temor a una desaceleración, se compran dólares para pagar el dinero tomado a préstamo y sube el dólar. Por eso esta última semana hemos visto como, al calmarse las Bolsas y las materias primas, y por tanto al deshacerse menos posiciones de riesgo, el dólar ha caído ligeramente.
Si hacemos esta lectura de lo sucedido en mayo, necesariamente tenemos que pensar que el movimiento no está ni mucho menos acabado, y que quedan caídas adicionales, bien es verdad que no dramáticas, sino más bien para situar los índices de nuevo hacia los niveles de inicio del 2010.
El tema de fondo es que hay que reformular las políticas del 2010 en términos diferentes, abordando la reestructuración de deuda, en el caso europeo, y permitiendo, en el caso norteamericano, que los mercados financieros hagan su función, sin interferir en el mercado de bonos como lo ha hecho la QE2. Este enfoque puede traer alguna turbulencia pasajera, pero el enfoque de persistir en el modelo de rescate y en una potencial QE3 puede ser, simplemente, el camino hacia una nueva debacle en los mercados.
Esta semana hemos visto como el tipo de interés del bund ha bajado ya del 3% y el del T bond americano está en el 3,06%. Son tipos que denotan que el dinero privado sigue yendo a activos refugio, lo cual se ha visto también en la escalada espectacular del franco suizo, que llegó a 1,22 con el dólar, o en la subida del oro. No hay confianza y no se invierte más que de forma táctica y especulativa en activos de riesgo, y esta es una pauta que, como ya hemos dicho en otras ocasiones, recuerda peligrosamente al año 2008 antes de la quiebra de Lehman.
A corto plazo la evolución del futuro del S&P es clave. En lo que va de año las Bolsas americanas se han comportado mejor que las europeas, y así vemos como el Dow sube un 7,5% y el S&P un 5,8% mientras el Eurostoxx sube solo un 1% y el Nikkei y el Shanghai Composite caen más de un 5% en el año.
Por eso esta semana son importantes los datos americanos. El miércoles tendremos el ISM manufacturero pero es el viernes cuando tenemos los dos datos más esperados, el Informe de empleo de mayo en la economía norteamericana, y el ISM de servicios.
En principio, la fortaleza del S&P en las últimas sesiones nos hace pensar que mayo terminará de forma tranquila, pero en junio y en el verano la corrección de las Bolsas debería seguir, a la espera de que la economía privada empiece a moverse y de un recambio en las políticas económicas para sustituir a las del 2010, que ya están agotadas. El informe de empleo y los ISM tendrán la llave esta semana.
Los malos datos americanos y la sensación de deterioro en el problema de la deuda de la zona euro han sido, de nuevo, los causantes de esas caídas. Pero en el fondo lo que ha aflorado a lo largo de mayo es el temor a que se reproduzca una situación similar a la del 2010, pero esta vez sin contar con la munición necesaria para contrarrestarla.
Efectivamente, el 2011 empieza a mostrar un paralelismo evidente con lo sucedido en el 2010. Ambos años empezaron con buenas sensaciones y con buenos datos de crecimiento, y en ambos años, a partir de mayo han aparecido los problemas. En primer lugar, los problemas con la deuda de Grecia. En segundo lugar, la desaceleración económica global. Ante estos problemas en el 2010 se optó por la solución del Fondo de Rescate para la deuda griega y por una nueva ronda de expansión monetaria (la quantitative easing 2 o QE2) de la FED para reactivar el crecimiento. La idea del Fondo de Rescate era que si Grecia hacía sus deberes podría volver a captar dinero en el mercado de bonos privados en el 2012. La idea de la QE2 era mover el dinero hacia los activos de riesgo de forma que se crease un efecto riqueza que impulsase el consumo y a la vez dinamizase indirectamente la inversión, poniendo así en marcha la economía privada.
Un año después, sabemos que ninguna de las dos ideas ha funcionado del todo. Los problemas de Grecia siguen ahí, incluso son mayores hoy, y la economía norteamericana se ralentiza de nuevo si se quita el estímulo. Lo que ha fallado en ambos casos es el enfoque excesivamente centrado en la liquidez y no enfocado hacia los problemas de fondo. No basta con poner dinero, con inyectar liquidez. Hace falta algo más. El problema es que la liquidez suministrada a Grecia no ha ido acompañada de las reformas y los ajustes necesarios, y el problema es que gran parte de la inyección de dinero de la QE2 ha ido muy especulativamente a las materias primas y a las economías emergentes, en lugar de utilizarse de forma productiva. No se ha canalizado bien el esfuerzo.
Ante este fracaso, y ante la evidencia de que los estímulos excepcionales deben tener un principio y un fin, y no pueden convertirse en "adictivos", porque generan efectos secundarios muy perniciosos, parece claro que no cabe una reedición en el 2011 de las soluciones que se adoptaron en el 2010, porque no van a funcionar. Además de que no las soportan los ya muy deteriorados balances de los Bancos Centrales.
Esta es, a nuestro juicio, la lectura de las caídas de mayo, y por eso ha subido el dólar, moneda en la que se habían apalancado las inversiones de riesgo en acciones y materias primas. Al deshacerse las posiciones de riesgo ante el temor a una desaceleración, se compran dólares para pagar el dinero tomado a préstamo y sube el dólar. Por eso esta última semana hemos visto como, al calmarse las Bolsas y las materias primas, y por tanto al deshacerse menos posiciones de riesgo, el dólar ha caído ligeramente.
Si hacemos esta lectura de lo sucedido en mayo, necesariamente tenemos que pensar que el movimiento no está ni mucho menos acabado, y que quedan caídas adicionales, bien es verdad que no dramáticas, sino más bien para situar los índices de nuevo hacia los niveles de inicio del 2010.
El tema de fondo es que hay que reformular las políticas del 2010 en términos diferentes, abordando la reestructuración de deuda, en el caso europeo, y permitiendo, en el caso norteamericano, que los mercados financieros hagan su función, sin interferir en el mercado de bonos como lo ha hecho la QE2. Este enfoque puede traer alguna turbulencia pasajera, pero el enfoque de persistir en el modelo de rescate y en una potencial QE3 puede ser, simplemente, el camino hacia una nueva debacle en los mercados.
Esta semana hemos visto como el tipo de interés del bund ha bajado ya del 3% y el del T bond americano está en el 3,06%. Son tipos que denotan que el dinero privado sigue yendo a activos refugio, lo cual se ha visto también en la escalada espectacular del franco suizo, que llegó a 1,22 con el dólar, o en la subida del oro. No hay confianza y no se invierte más que de forma táctica y especulativa en activos de riesgo, y esta es una pauta que, como ya hemos dicho en otras ocasiones, recuerda peligrosamente al año 2008 antes de la quiebra de Lehman.
A corto plazo la evolución del futuro del S&P es clave. En lo que va de año las Bolsas americanas se han comportado mejor que las europeas, y así vemos como el Dow sube un 7,5% y el S&P un 5,8% mientras el Eurostoxx sube solo un 1% y el Nikkei y el Shanghai Composite caen más de un 5% en el año.
Por eso esta semana son importantes los datos americanos. El miércoles tendremos el ISM manufacturero pero es el viernes cuando tenemos los dos datos más esperados, el Informe de empleo de mayo en la economía norteamericana, y el ISM de servicios.
En principio, la fortaleza del S&P en las últimas sesiones nos hace pensar que mayo terminará de forma tranquila, pero en junio y en el verano la corrección de las Bolsas debería seguir, a la espera de que la economía privada empiece a moverse y de un recambio en las políticas económicas para sustituir a las del 2010, que ya están agotadas. El informe de empleo y los ISM tendrán la llave esta semana.





















