Al despertar
Me encanta ver cómo las ciudades se despiertan. Poco a poco los rayos del Sol muestran sus hermosuras, sus rincones coquetos y bellos, algunos bulliciosos porque empieza la jornada o porque no ha terminado la anterior. Cada cual lleva su “cronos”.
Indudablemente, te encuentras, al alba, a los primeros en despertar, prestos a trabajar, a estudiar, a pasear, a hacer deporte, a ir a cualquier parte, a disfrutar, cada uno a su manera, como reza la canción.
Me gusta ver al ser humano en este viaje que llamamos vida. Con todos sus enseres pesados, con sus vaivenes, con sus incertidumbres, el nuevo día es una hoja en blanco que hemos de escribir. Incluso cuando las cartas no vienen dadas alberga una ocasión de oro, o de plata, o, cuando menos, de volverlo a intentar.
En el paseo del amanecer, apresurado o tranquilo, nos encontramos con nosotros mismos, a veces sin saberlo, y de esta guisa vamos al encuentro de un tesoro, material o inmaterial, sin que logremos percibirlo en algunas oportunidades, que las tenemos. En ese afán hemos de estar cada vez más entregados.
Repito. Me maravilla contemplar cómo despierta mi entorno y sentirme tan vivo en él. ¿Te apuntas al día?





















