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Opinión |
Lunes, 06 de Agosto de 2018

Luz universal

No hay miedo, no puede haberlo. Todo cabe en tu corazón. Logras dar estabilidad. Seguimos sin compromisos, sin peligro, con proporciones que nos permiten grados y comodidad. Eres disposición.

 

Me veo en tierra firme, incluso en la tormenta más dura en el océano infinito de un universo rodeado de crisis. Me llevas entre algodones. Eres pureza y maravilla.

 

Miro, te miro, y me relajo. Hemos captado la esencia. Nos queda más. Los tiempos ya no tienen fronteras. Los túneles parecen más cortos, más sencillos, más fáciles.

 

Ya no hay veredas equivocadas. Sencillamente nos encontramos con opciones, y las tomamos. No tememos los errores, que son humanos. No sufrimos miedo: nos sabemos juntos y eso es garantía de ir hacia delante. Somos capaces de rectificar.

 

Dirijo la vista hacia ti, y, como guía, que lo eres, te tomo. Has transformado mi entorno, mis circunstancias, mi ser, y continúo arreglando las diversas vicisitudes contigo. Sin duda, eres esa luz universal que marca un antes y un después, y, fundamentalmente, me señala que es realizable la felicidad. Nos fugamos. Nos logramos.

 

Almas afines

Y les cuento, además, un recuerdo con sabor a aprendizaje. Les pregunté a mis maestros Santiago y Pedro por qué da más quien menos tiene. Los dos coincidieron en que el que menos posee (y hablamos de aspectos materiales) es el que mejor comprende al necesitado. Añadieron aquello de las "almas afines" de Ortega y Gasset.

 

¿Qué quieren que les diga? Así es.

 

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