La propuesta de Francisca Muñoz y Manuel Herrera ganó el concurso internacional para diseñar un espacio de 100.000 metros cuadrados y 6.500 metros de construcción
![[Img #59195]](upload/img/periodico/img_59195.jpg)
El estudio de arquitectura murciano Muher será el encargado de diseñar el museo del tomate en la ciudad china de Taiyuán, una capital de provincia con unos 4,5 millones de habitantes.
La propuesta que han hecho la interiorista Francisca Muñoz y el arquitecto Manuel Herrera (Muher) resultó ganadora frente a lo que proponían arquitectos de Australia, Corea, Hong Kong y Singapur.
El jurado ha valorado el planteamiento del museo que ha presentado el estudio murciano a partir de la escultura de un tomate, cuya peladura roja envuelve la estructura espacial en forma esférica.
La propuesta de esta obra que abrirá en mayo de 2020 sigue la historia y diversidad del tomate, que se representará en un recorrido explicativo de forma circular.
El edificio del museo se extenderá sobre 6.500 metros cuadrados y contempla dos plantas de exposición: una permanente, donde se mostrara toda la historia de la evolución del tomate y otra, en planta baja, para muestras artísticas y culturales temporales.
En la planta baja, también habrá un auditorio con capacidad para albergar a 200 personas, que sirve de apoyo al recorrido, permitiendo proyecciones sobre la historia de la ciudad y el origen y evolución del tomate.
Otros atractivos del espacio son una tienda gourmet en la planta baja, donde se adquirirán estuches de productos seleccionados, así como diversos artículos de regalo relacionados con el tomate y merchandising del museo. Sobre ésta, habrá una biblioteca librería, para ver, estudiar y adquirir libros. La última planta será para el restaurante y coctelería donde el tomate será el protagonista del menú.
El restaurante con capacidad para doscientos comensales tendrá una terraza al exterior desde donde se podrá cenar divisando todo el parque que también está diseñando por el Estudio Muher con 100.000 metros cuadrados de superficie.
Lagos, parques, aparcamientos, jardines, auditorio al aire libre e incluso una parada de un tren lanzadera que acercara a los visitantes desde la ciudad a pasar el día.
Paisajismo, esculturas, urbanismo y arquitectura forman un conjunto globalizador con un mismo hilo conductor, el lenguaje de Muher que integra el volumen arquitectónico del museo con el entorno de arbolado y vegetación, elegidos con cuidado para crear un paisaje cambiante de colores.

