Ágrafos y tuiteros
Los humanos no nacimos programados para leer y escribir. No existen en nuestro cerebro genes ni estructuras específicamente dedicadas a crear, interpretar y descifrar signos escritos. La lectura es un invento cultural nacido de nuestra necesidad por aprender cosas nuevas permanentemente. La ciencia comienza a alertar sobre la tendencia de los adultos a no leer como antes. Advierte que nos aburrimos pronto de las historias y que
aquellos libros que antes nos fascinaban, ahora nos parecen complejos y pronto nos desenganchamos. Uno de los problemas derivados de esta situación es que esa falta de continuidad en la lectura nos arroja sin remisión a las garras del móvil o de otros dispositivos tecnológicos, siempre dispuestos y ansiosos por mostrarnos los últimos estados de WhatsApp de nuestros contactos, lanzarnos las últimas ofertas de tiendas online o invitarnos a pasar el rato en Twitter o en otras redes sociales.
¿Está la lectura en peligro de extinción?
Maryanne Wolf es una neurocientífica de la Universidad de Los Angeles que ha investigado esta realidad, preocupada en primer lugar porque la sufrió ella misma. Se descubrió aburrida mientras releía El Juego de los abalorios de Hesse, uno de sus libros favoritos. Wolf lleva años publicando obras en la que expone su
preocupación ante esta creciente problemática, enfocando a menudo sus estudios hacia la aptitud del cerebro de los niños para aprender a leer, puesto que esa actividad es algo que "no nos viene de serie". De hecho, explica la especialista, que la lectura es una actividad antinatural, pues nos exige un esfuerzo más allá de otros procesos elementales como serían ver o hablar.
La era digital está generando evoluciones importantes en nuestros cerebros, afectando a la atención y la comprensión, ya que nos facilita el acceso a la información de manera pasiva. Todo esto encierra un riesgo evidente con respecto a las generaciones futuras. “Aprender a leer sólo es posible por la plasticidad del diseño cerebral, y cuando se logra, el cerebro del individuo cambia para siempre”, sostiene Maryanne Wolf en su libro Proust y el calamar: una historia sobre la ciencia y el cerebro lector. La neurocientífica sostiene que los adultos hemos perdido la paciencia cognitiva ante textos que encierran cierta complejidad (no excesiva) y señala que no debemos subestimar esta tendencia creciente, muy condicionada por la era digital en permanente cambio que vivimos.
En este contexto, la iniciación de los niños en la lectura adquiere una relevancia absoluta, especialmente en el seno doméstico. No solo por ayudar a que desarrollen las capacidades para adaptar su cerebro a la lectura o para relacionar los signos con los sonidos, sino por la labor de inculcarles en un entorno próximo la pasión y la curiosidad por la lectura. Para que su pequeño cerebro, aún por cristalizar, vaya despertando al océano de los libros y pueda sumergirse en textos cada vez más complejos. Mientras evoluciona lentamente.





















