Europa, sin rumbo
Una vez más hemos visto la semana pasada como las Bolsas americanas siguen ganando terreno a las europeas, algo que viene sucediendo casi sin descanso en el último año. Así, en la semana las plazas americanas tuvieron caídas superiores al uno por ciento (el S&P cayó un 1,6% el Dow Jones un 1,4% y el Nasdaq un 2,3%) pero las Bolsas europeas cayeron mucho más. El Eurostoxx 50 bajó un 4% en al semana, el Ibex 35 un 3,7%, y el Dax un 3,5%. El Nikkei cayó solo un 1,5%.
Se continua así la tónica de los últimos doce meses, en los que hemos visto caídas fortísimas en las Bolsas europeas, del 24% en el Eurostoxx 50, del 36 % en el Ibex 35 o el MIB italiano, del 21% en el CAC de París, y del 11% en el Dax, mientras en ese periodo el S&P sube un 1,7%, el Dow Jones sube un 2,5% y el Nasdaq sube un 5%.
Es curioso sin embargo que esa debilidad europea no se refleje en su moneda. El euro sigue en niveles de 1,30 con el dólar pese a todas las turbulencias. La explicación radica, posiblemente, en que muchos inversores de la zona euro y algunos operadores de fuera de la zona, incluidos varios Bancos Centrales de economías emergentes, están comprado bonos del Tesoro alemán para diversificar sus reservas en monedas diferentes al dólar. Así, se compran activos en euros, y el euro se mantiene frente al dólar. Pero al comprar bonos alemanes se buscan más los futuros "nuevos marcos" que los actuales euros.
La consecuencia es que el choque asimétrico de la zona euro se hace cada vez mayor, creando así un reto al que hasta ahora los dirigentes de la zona no han sabido responder. En esencia, las sucesivas cumbres de 2011 han fallado a la hora de encontrar una solución "europea", una agenda "europea" para la salida de la crisis. El guión sigue siendo el "muddling through", esa combinación difusa de disciplina fiscal impuesta a nivel de algunos países y de reformas estructurales a nivel también nacional, en lugar de lanzar auténticas políticas europeas de capitalización bancaria, de reducción drástica a todos los niveles del hipertrofiado sector público y de revisión a fondo de las ineficiencias evidentes del modelo de bienestar.
Los resultados electorales del domingo 6 de mayo tanto en Francia como en Grecia no hacen sino elevar un grado más el reto al que se enfrenta la zona euro. El pasado jueves 3 de mayo, con motivo de la reunión del BCE en Barcelona, se vio como Draghi reclamaba a los líderes europeos que cojan el testigo, consciente de que la medicina monetaria de inyectar liquidez tiene sus límites. Con ello Draghi decepcionó a quienes esperaban una promesa clara de nuevas inyecciones, pero dijo la verdad. Lo malo es que lo que los líderes europeos entienden como políticas de crecimiento (pro growth) no es aplicar políticas de oferta con reducción de impuestos, sino ir hacia un mayor gasto público y mayores impuestos. Es decir, una vuelta a las políticas que causaron la crisis.
Al otro lado del Atlántico, el informe de empleo americano del pasado viernes pone de manifiesto algo ya sabido, que la recuperación económica va a ser lenta. Todo ello provocó una muy mala sesión de cierre semanal el pasado viernes, que no solo alejó al futuro del S&P de los 1.400 puntos, que se han demostrado finalmente una barrera infranqueable, sino que además dejó dicho futuro por debajo de los 1.370 puntos, nivel cuya ruptura al alza fue determinante para conseguir los máximos bursátiles de mediados de marzo en todas las Bolsas del mundo.
Al empezar la segunda semana de mayo, una semana en la que las Bolsas europeas deberán digerir la incierta situación tras los resultados electorales de Grecia y Francia, el Dow Jones está al borde de perder los 13.000 puntos, el Nasdaq ha perdido ya el nivel de los 3.000 puntos, y el S&P ha perdido los 1.370 puntos. La subida que propició el pasado martes el buen dato de ISM manufacturero en EEUU, subida que llevó al S&P hasta los 1.410 puntos, se ha desvanecido por completo al final de la semana.
Es verdad que en estas situaciones los mercados dan muchas falsas señales técnicas, como lo fueron, en sentido contrario, las señales de ruptura alcista a mediados de marzo. Por eso es mejor esperar y ver hacia donde se decanta el mercado. Pero si tuviésemos que manifestar nuestra opinión, más bien pensamos que la corrección iniciada en abril en los dos grandes índices, el S&P y el Dax, va a tener continuidad en mayo y se va a reflejar también en las demás Bolsas, aunque tal vez menos en Bolsas ya muy castigadas como nuestro Ibex 35.
Por ello no solo seguimos con la cautela sino que la aumentamos varios grados.
Esta semana hay muchos resultados empresariales, entre otros, en Estados Unidos, Bershire Hathaway, Cisco y Disney, en España Telefónica, Iberdrola, Repsol, e Indra y en Europa Unicredito. Si los resultados son buenos pueden servir de soporte, pero el entorno político europeo no nos permite ser nada optimistas.
Otros artículos de Juan Carlos Ureta
Se continua así la tónica de los últimos doce meses, en los que hemos visto caídas fortísimas en las Bolsas europeas, del 24% en el Eurostoxx 50, del 36 % en el Ibex 35 o el MIB italiano, del 21% en el CAC de París, y del 11% en el Dax, mientras en ese periodo el S&P sube un 1,7%, el Dow Jones sube un 2,5% y el Nasdaq sube un 5%.
Es curioso sin embargo que esa debilidad europea no se refleje en su moneda. El euro sigue en niveles de 1,30 con el dólar pese a todas las turbulencias. La explicación radica, posiblemente, en que muchos inversores de la zona euro y algunos operadores de fuera de la zona, incluidos varios Bancos Centrales de economías emergentes, están comprado bonos del Tesoro alemán para diversificar sus reservas en monedas diferentes al dólar. Así, se compran activos en euros, y el euro se mantiene frente al dólar. Pero al comprar bonos alemanes se buscan más los futuros "nuevos marcos" que los actuales euros.
La consecuencia es que el choque asimétrico de la zona euro se hace cada vez mayor, creando así un reto al que hasta ahora los dirigentes de la zona no han sabido responder. En esencia, las sucesivas cumbres de 2011 han fallado a la hora de encontrar una solución "europea", una agenda "europea" para la salida de la crisis. El guión sigue siendo el "muddling through", esa combinación difusa de disciplina fiscal impuesta a nivel de algunos países y de reformas estructurales a nivel también nacional, en lugar de lanzar auténticas políticas europeas de capitalización bancaria, de reducción drástica a todos los niveles del hipertrofiado sector público y de revisión a fondo de las ineficiencias evidentes del modelo de bienestar.
Los resultados electorales del domingo 6 de mayo tanto en Francia como en Grecia no hacen sino elevar un grado más el reto al que se enfrenta la zona euro. El pasado jueves 3 de mayo, con motivo de la reunión del BCE en Barcelona, se vio como Draghi reclamaba a los líderes europeos que cojan el testigo, consciente de que la medicina monetaria de inyectar liquidez tiene sus límites. Con ello Draghi decepcionó a quienes esperaban una promesa clara de nuevas inyecciones, pero dijo la verdad. Lo malo es que lo que los líderes europeos entienden como políticas de crecimiento (pro growth) no es aplicar políticas de oferta con reducción de impuestos, sino ir hacia un mayor gasto público y mayores impuestos. Es decir, una vuelta a las políticas que causaron la crisis.
Al otro lado del Atlántico, el informe de empleo americano del pasado viernes pone de manifiesto algo ya sabido, que la recuperación económica va a ser lenta. Todo ello provocó una muy mala sesión de cierre semanal el pasado viernes, que no solo alejó al futuro del S&P de los 1.400 puntos, que se han demostrado finalmente una barrera infranqueable, sino que además dejó dicho futuro por debajo de los 1.370 puntos, nivel cuya ruptura al alza fue determinante para conseguir los máximos bursátiles de mediados de marzo en todas las Bolsas del mundo.
Al empezar la segunda semana de mayo, una semana en la que las Bolsas europeas deberán digerir la incierta situación tras los resultados electorales de Grecia y Francia, el Dow Jones está al borde de perder los 13.000 puntos, el Nasdaq ha perdido ya el nivel de los 3.000 puntos, y el S&P ha perdido los 1.370 puntos. La subida que propició el pasado martes el buen dato de ISM manufacturero en EEUU, subida que llevó al S&P hasta los 1.410 puntos, se ha desvanecido por completo al final de la semana.
Es verdad que en estas situaciones los mercados dan muchas falsas señales técnicas, como lo fueron, en sentido contrario, las señales de ruptura alcista a mediados de marzo. Por eso es mejor esperar y ver hacia donde se decanta el mercado. Pero si tuviésemos que manifestar nuestra opinión, más bien pensamos que la corrección iniciada en abril en los dos grandes índices, el S&P y el Dax, va a tener continuidad en mayo y se va a reflejar también en las demás Bolsas, aunque tal vez menos en Bolsas ya muy castigadas como nuestro Ibex 35.
Por ello no solo seguimos con la cautela sino que la aumentamos varios grados.
Esta semana hay muchos resultados empresariales, entre otros, en Estados Unidos, Bershire Hathaway, Cisco y Disney, en España Telefónica, Iberdrola, Repsol, e Indra y en Europa Unicredito. Si los resultados son buenos pueden servir de soporte, pero el entorno político europeo no nos permite ser nada optimistas.
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