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Opinión | Demos, Kratós et Participatio
Lunes, 10 de Diciembre de 2018
Miguel Á. Rodríguez

Unidos contra la corrupción

Con el lema con el que la ONU pretende sensibilizar mundialmente al señalar el 9 de diciembre como Día Internacional contra la Corrupción, iniciamos estas reflexiones, desde el convencimiento de que la corrupción es hoy por hoy, uno de los mayores obstáculos al desarrollo económico y social en todo el mundo. La UNDOC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) cifra en nada menos que un millón de dólares los que se pagan cada año en sobornos y en 2,6 billones los que se roban en todo el mundo mediante las prácticas de la corrupción, lo que equivale al 5% del PIB mundial.

 

Con la llamada de atención a ciudadanos, gobiernos y al sector privado empresarial, se pretende hacer ver que todos estamos pagando aproximadamente un 10% más caras las cosas, o lo que es lo mismo, que pagamos un “impuesto” de nada menos que del 10% por la corrupción.

 

Para prevenir y combatir la corrupción es preciso aplicar un enfoque integral, lo cual sólo es posible en un clima de transparencia, de rendición de cuentas como exigencia social, además de la implicación a través de la  participación ciudadana y la exigencia reivindicativa de todos los miembros de la sociedad. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, cada año se pierde por culpa de la corrupción una cantidad de dinero diez veces mayor que la dedicada a la asistencia para el desarrollo. Los gobiernos, el sector privado, los medios de comunicación, las organizaciones de la sociedad civil y la ciudadanía en general deben trabajar juntos para poner freno a este delito tan pernicioso como extendido.

 

Como parte de ese proceso, los ciudadanos pueden -y deberían-  informarse acerca de lo que hacen sus gobiernos para combatir la corrupción y hacer que los representantes que han elegido respondan de sus actos. Para la UNODC es necesario pasar a la acción: es necesario denunciar los incidentes de corrupción ante la justicia, enseñar a los niños que la corrupción es inaceptable y negarse a aceptar y pagar sobornos.

 

En nuestra Región, el Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia ha hecho público un manifiesto titulado “Corrupción y desigualdades. Reflexiones en el Día Internacional contra la Corrupción”, en el que se plantea una cuestión muy interesante sobre la gran paradoja que estamos viviendo en la actualidad: ¿Puede ser que en el futuro se pierda la perspectiva de luchar para eliminar las desigualdades y la corrupción, y que el precio de una paz estructural sea vivir en una sociedad desigual y corrupta? Su presidente, José Molina Molina, nos propone situar esta discusión en la vida social con claridad y con dureza para que reflexionemos y avivemos las respuestas desde la ciudadanía.

 

Para buscar soluciones en las nuevas ecuaciones de corresponsabilidad social –refleja el manifiesto-, hay que buscar esos algoritmos que tenemos que construir entre todos, y fortalecer con una cadena de compromisos (un blockchain sociopolítico) que contribuya al empoderamiento de la ciudadanía.

 

Para ello el CTRM propone un primer paso que debería ser la construcción de una sociedad transparente, porque no se puede hacer un giro social desde la opacidad, la corrupción, el despilfarro y la descarada utilización de las “fake news” para descalificar a quienes discrepan. El segundo paso es una ciudadanía activa y comprometida, ejerciendo su derecho de soberanía constitucional de construir su progreso y controlar el positivismo legislativo, hoy en manos de los lobbies financieros.

 

El tercer paso es la independencia de las instituciones de control. Las ciudadanas y ciudadanos deben convertirse en lo que Walter Sheider llama “efectos niveladores” de las sociedades. Son soluciones abiertas como la práctica de la rendición de cuentas, para que salten las alertas de lo que no funciona en las instituciones públicas y para que las instituciones de control actúen. Porque alertar socialmente es una misión preventiva para que los asaltantes de los recursos públicos no se los lleven ocultos en los muchos vericuetos de unas estructuras opacas.

 

El cuarto paso es establecer hitos que señalen el camino, señales claras de a dónde se dirige la sociedad: la defensa de las pensiones, salario mínimo decente, salud pública, educación, vivienda digna y tantos derechos reconocidos en los principios constitucionales cuyo desarrollo está pendiente.

 

Como señala el catedrático de Ética de la UMU, el profesor Emilio Martínez Navarro, la coincidencia en este año 2018 del 70 aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos con el 40 aniversario de la Constitución Española debe de servir de revulsivo para el nacimiento de una resiliencia ciudadana que alumbre un nuevo contrato social basado en la justicia, la igualdad, la participación social, la ética y la transparencia.

 

Finalmente, bajo la proclama de #Tolerancia0 contra la Corrupción, les recomiendo el visionado del vídeo adjunto, hecho público estos días con el nombre de “CIVITAS, Una iniciativa para la promoción de la Transparencia”, en donde instituciones y sociedad civil de nuestra Región, con el Presidente del Consejo de la Transparencia al frente, reivindican la transparencia como un  antídoto fundamental contra la corrupción.

 


   
@MAngelrtorres

 

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