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Opinión | Emprendedor global
Martes, 05 de Marzo de 2019
Pablo Cantero y Paco Méndez

¿Quién liderará la cuarta revolución industrial?

 

Cada revolución industrial ha supuesto cambios en el papel de líder como nación manufacturera. A medida que el mundo se embarca en lo que muchos denominan como la cuarta revolución industrial, surge la incógnita de qué países serán los principales beneficiarios y cómo ésta cambiará la dinámica económica mundial.

 

China, actualmente el principal fabricante a nivel global, ya ocupó este puesto hace dos siglos, antes de ser desbancado por Reino Unido en la primera revolución industrial.


Este país representa hoy en día el 20% de la producción mundial, seguido por los Estados Unidos con el 18%, Japón con el 10%, Alemania con el 7% y Corea del Sur con el 4%, según los datos más recientes de Naciones Unidas.

 

Gran Bretaña en la primera revolución industrial.

China fue líder en muchas áreas industriales durante varios siglos, siendo responsable de grandes avances tecnológicos que incluyen el papel, los relojes y las armas de fuego. Después, Reino Unido recogió el testigo aportando innovaciones como la energía a vapor y los nuevos métodos productivos y de organización del trabajo industrial entre 1760 y 1840, yendo de la mano de grandes transformaciones urbanas, sociales y económicas.

 

No fue hasta 1860 cuando Reino Unido superó la producción industrial de China y, según cálculos del historiador económico Paul Bairoch, esta posición de supremacía le duró menos de cuarenta años, pues ya en 1900, EE. UU. había logrado arrebatarle esta posición y desde 1870, Alemania también creció rápidamente durante la segunda revolución industrial hasta 1914, siendo pionera en la adopción de tecnologías como el telégrafo, el ferrocarril y la electricidad.

 

La tercera revolución industrial, desde 1950 hasta nuestros días, ha sido la era de las nuevas tecnologías con grandes aportaciones como los ordenadores, los teléfonos móviles, internet o la robótica.

 

La revolución que se aproxima se considera una continuación de la tercera e incluye tecnologías como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones 5G, los robots colaborativos, internet en objetos domésticos de uso cotidiano, la nanotecnología, la biotecnología, las impresoras 3D y los sistemas ciberfísicos.

 

Estados Unidos ha llevado la batuta en la tercera revolución industrial

De acuerdo con Diane Coyle, profesora de Política Pública de la Universidad de Cambridge, ser el primero en adoptar una tecnología no garantiza necesariamente una ventaja competitiva, ya que a veces un segundo adoptante puede sacar provecho de los errores cometidos en su adopción por el primero. También depende del contexto económico y deben existir incentivos para que se utilicen las tecnologías. Es probable que los ganadores sean aquellos que hagan el mejor uso de la tecnología, no necesariamente aquellos que la inventen.

 

En la tercera revolución industrial, Estados Unidos ha sido el líder tecnológico, con compañías como IBM, Microsoft y Apple. Pero su participación en la fabricación mundial se redujo a medida que la producción se trasladaba a lugares más baratos. China y las economías emergentes se beneficiaron de un régimen comercial liberal unido a las nuevas tecnologías de comunicación.

 

Algunos consideran que es probable que China avance aún más, dado el esfuerzo que está realizando para lograr el liderazgo en tecnologías de nueva generación de equipos militares y de comercio como la inteligencia artificial, la robótica y la manipulación genética, siendo esto una preocupación estratégica para Estados Unidos y que está relacionado con la creciente tensión comercial actual.

 

Por otro lado, los avances en la impresión 3D, que permiten abaratar en gran medida los costes de fabricación industrial, ofrecen una oportunidad para que los países occidentales puedan recuperar parte de la producción deslocalizada en las últimas décadas.

 

Lenta adopción de los últimos avances tecnológicos

La adopción e implementación de las nuevas tecnologías en todo el mundo está siendo lenta y limitada en todos los sectores de la industria. Según la consultora McKinsey, el 45% de las grandes empresas industriales admite carecer de los recursos o el conocimiento necesarios para adoptar las nuevas tecnologías en sus sistemas productivos. Según el estudio, solo el 5% de los fabricantes en Europa, Medio Oriente y África están en proceso de adaptación real a las nuevas tecnologías, en comparación con el 11% en América y el 19% en Asia.

 

Algunas empresas son reacias a adaptarse a este nuevo escenario tecnológico no solo por el coste de la inversión que ello implica, sino también por la necesidad de remodelar su organización industrial para beneficiarse de ella. Los incrementos en la productividad en los últimos años han sido lentos y economistas como Robert Gordon argumentan que las innovaciones no están implicando transformaciones tan determinantes como las de períodos anteriores, como la energía eléctrica.

 

Por ello, muchos países están incentivando la adopción de las tecnologías de la nueva revolución industrial con programas como Industrie 4.0 de Alemania, the UK’s Industrial Strategy de Reino Unido, Made in China 2025 de China o la Sociedad 5.0 de Japón. Por lo general, los esfuerzos incluyen divulgación, concienciación, incentivos financieros, mejoras en los marcos legales y adaptación de las tecnologías a los programas educativos.

 

De hecho, desde 2013 el gobierno alemán viene trabajando en un proyecto de alta tecnología por el que busca una total independencia de la mano de obra humana en la producción, así como la hiperconectividad de todos los procesos. Una automatización que se está consiguiendo mediante la inclusión de sistemas ciberfísicos gracias al Internet de las cosas y la computación en la nube. Dichos sistemas combinan la maquinaria física con lo digital (software, sensores, nanotecnología), de modo que a través del Internet de las cosas permite tomar decisiones descentralizadas, poner en diálogo a las máquinas con los humanos y coordinar acciones de una manera más eficiente.

 

El siguiente reto de la Industria 4.0 es ante todo tecnológico, lo que supone reconvertir la industria actual, integrando todos estos procesos digitales como son las nuevas herramientas TIC como el Big Data, junto al correspondiente análisis de todos estos datos, el Internet de las Cosas, la computación en la nube, la Realidad Virtual y Aumentada y la ciberseguridad, junto a nuevos procesos como la fabricación aditiva, la automatización avanzada, la robótica autónoma y colaborativa.

 

Se hace difícil prever quienes serán los pioneros y principales beneficiarios de la cuarta revolución industrial o revolución 4.0, pero lo que sí está claro es que quienes no hagan esfuerzos por innovar y adaptarse al nuevo escenario productivo están condenados a perder competitividad en favor de los que sí.

 

@Emprende_Global

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