Donativos para vivir con decorosa independencia
La fotografía de esta crisis perversa que nos socava el alma, no es otra que la del ex ministro de economía de Grecia, sonriendo a la cámara detrás de sus casi doscientos kilos, mal contados. En el pie, figura una leyenda que dice más o menos así: “El socialista Evangelos Venizelos pide al pueblo griego que se apriete el cinturón”. Algún incauto, al contemplar aquella no tan lejana y sonriente instantánea, puede hacer el chiste fácil que ustedes están pensando. “Soy consciente de los errores que hemos cometido. Sé cuán enfadada está la gente”, admitió el día de su dimisión. Qué sarcasmo. Esta crisis, como todas, se ha originado en el mismo país de la codicia.
En esta España nuestra, -en la que también se les solicita a los ciudadanos, por activa y por pasiva, que se aprieten hasta las entrañas en pro de un bien común que no acaban de columbrar-, que haya santones de nuestra vida pública que graviten al margen de todo sacrificio, hiere en lo más hondo. El predicar con el ejemplo debe provocar dolor de estómago, o tal vez ictericia.
O si no, que se lo pregunten en primer lugar a los ex presidentes de esta gran nación que, ideologías al margen, no renuncian a su suculenta pensión vitalicia, ni siquiera por estética. Y, entre ellos, hay quien se embolsa cantidades de ensueño por asesorar y aconsejar, discursear y sermonear, y sacar lustre a su sillón, o atusarse los cabellos, en imponentes compañías privadas. Para ellos no existe incompatibilidad alguna. Esa palabra no se pronuncia en tan altas esferas, pero sí que resuena con contumacia en los oídos del 99% de los ciudadanos.
Aunque existen almas puras que intentan hacer caso omiso, de cuyo nombre sí deberíamos acordarnos. Así no habría que olvidarse de los que, aprovechando el presunto glamour de su carrera política, emprenden una muy lucrativa singladura dentro de las más poderosas empresas del país. He aquí dos muestras de tan deslumbrante catálogo: La ex vicepresidenta Elena Salgado anhelaba disponer de un par de años de sabática holganza para cooperar altruistamente con una ONG, a mayor gloria de los parias del tercer mundo y parte del cuarto … Sin embargo, sólo tres meses después de abandonar el rico panal del Gobierno, cambió repentinamente de parecer; dejó arrinconados sus deseos solidarios, quizá hacinados junto a la silenciosa y cubierta de polvo arpa de su juventud, y fichaba sin ningún embozo por Endesa y Albertis. Casi a la vez, con igual desembarazo, Acebes lo hacía por Iberdrola. Nada que pudiera inmutar, ni lo más mínimo, a los Zaplanas de turno.
Mas, el máximo exponente de este mal tan español, lo encarnan nuestros sumos sacerdotes de la política con P Mayúscula, las estrellas del firmamento nacional, que fueron presidentes antes que frailes… Como único sacrificio, el Gobierno este año les va a reducir el sueldo vitalicio en un 5,6%, con lo que 'nuestros ex' verán disminuidas sus remuneraciones en 4.400 euros, y, por tanto, cobrarán 'sólo' 74.580 euros anuales. Asimismo, mantendrán intactos unos 15.000 euros para gastos de oficina y protocolo, y pueden ser miembros natos del Consejo de Estado, como lo es en la actualidad Zapatero, por lo que se percibe un sueldo adicional de 70.000 euros.
De esta guisa, por ejemplo, un socialista de pro como el eximio Rodríguez cobrará 160 mil euros al año, que pagaremos con la alegría que nos caracteriza. O el gran gurú del Socialismo obrero, González, podrá compatibilizar su escuálido sueldo de 120 mil euros en Gas Natural con su pensión vitalicia. En total, cobrará para el bien de la famélica legión, unos 200 mil euros proletarios, más conferencias y otros discursos. Empero, no son aves solitarias; de esta flaqueza peca también otro formidable buque insignia, que navega intrépido entre aguas más diestras... Y es que el hombre es vano, variable y ondeante... Y patriota cuando conviene.
Al parecer esta situación no tiene vuelta de hoja. PP y PSOE -para este fin sí que se unen-, han rechazado empecinadamente, una y otra vez, las iniciativas de los grupos minoritarios, que exigen un régimen de incompatibilidades para los ex presidentes. La formación magenta UPyD insiste además en la necesidad de establecer un límite temporal a tan laxas prerrogativas. Seguramente, los discípulos de Rosa Díez lo reclaman con tal vehemencia porque entre sus filas no figura todavía ningún presidenciable.
“Y hubo quien echando fuego por los ojos y ácido prúsico por la boca, hizo la cuenta del número de cocidos que con esos millones se podrían poner en un año para los tantos y cuantos españoles, que se pasan la vida ladrando de hambre”. La imposición de millonarios privilegios es tan antigua como nuestra piel de toro; la lupa galdosiana se detenía esta vez en un Narváez, al que la Reina Isabel II concedía “un donativo” de 8 millones para que pudiera vivir con “decorosa independencia”. El Espadón de Loja tampoco nos consta que renunciara a la dádiva. Era muy patriota, pero no idiota.
Otros artículos de Hipólito Martínez
En esta España nuestra, -en la que también se les solicita a los ciudadanos, por activa y por pasiva, que se aprieten hasta las entrañas en pro de un bien común que no acaban de columbrar-, que haya santones de nuestra vida pública que graviten al margen de todo sacrificio, hiere en lo más hondo. El predicar con el ejemplo debe provocar dolor de estómago, o tal vez ictericia.
O si no, que se lo pregunten en primer lugar a los ex presidentes de esta gran nación que, ideologías al margen, no renuncian a su suculenta pensión vitalicia, ni siquiera por estética. Y, entre ellos, hay quien se embolsa cantidades de ensueño por asesorar y aconsejar, discursear y sermonear, y sacar lustre a su sillón, o atusarse los cabellos, en imponentes compañías privadas. Para ellos no existe incompatibilidad alguna. Esa palabra no se pronuncia en tan altas esferas, pero sí que resuena con contumacia en los oídos del 99% de los ciudadanos.
Aunque existen almas puras que intentan hacer caso omiso, de cuyo nombre sí deberíamos acordarnos. Así no habría que olvidarse de los que, aprovechando el presunto glamour de su carrera política, emprenden una muy lucrativa singladura dentro de las más poderosas empresas del país. He aquí dos muestras de tan deslumbrante catálogo: La ex vicepresidenta Elena Salgado anhelaba disponer de un par de años de sabática holganza para cooperar altruistamente con una ONG, a mayor gloria de los parias del tercer mundo y parte del cuarto … Sin embargo, sólo tres meses después de abandonar el rico panal del Gobierno, cambió repentinamente de parecer; dejó arrinconados sus deseos solidarios, quizá hacinados junto a la silenciosa y cubierta de polvo arpa de su juventud, y fichaba sin ningún embozo por Endesa y Albertis. Casi a la vez, con igual desembarazo, Acebes lo hacía por Iberdrola. Nada que pudiera inmutar, ni lo más mínimo, a los Zaplanas de turno.
Mas, el máximo exponente de este mal tan español, lo encarnan nuestros sumos sacerdotes de la política con P Mayúscula, las estrellas del firmamento nacional, que fueron presidentes antes que frailes… Como único sacrificio, el Gobierno este año les va a reducir el sueldo vitalicio en un 5,6%, con lo que 'nuestros ex' verán disminuidas sus remuneraciones en 4.400 euros, y, por tanto, cobrarán 'sólo' 74.580 euros anuales. Asimismo, mantendrán intactos unos 15.000 euros para gastos de oficina y protocolo, y pueden ser miembros natos del Consejo de Estado, como lo es en la actualidad Zapatero, por lo que se percibe un sueldo adicional de 70.000 euros.
De esta guisa, por ejemplo, un socialista de pro como el eximio Rodríguez cobrará 160 mil euros al año, que pagaremos con la alegría que nos caracteriza. O el gran gurú del Socialismo obrero, González, podrá compatibilizar su escuálido sueldo de 120 mil euros en Gas Natural con su pensión vitalicia. En total, cobrará para el bien de la famélica legión, unos 200 mil euros proletarios, más conferencias y otros discursos. Empero, no son aves solitarias; de esta flaqueza peca también otro formidable buque insignia, que navega intrépido entre aguas más diestras... Y es que el hombre es vano, variable y ondeante... Y patriota cuando conviene.
Al parecer esta situación no tiene vuelta de hoja. PP y PSOE -para este fin sí que se unen-, han rechazado empecinadamente, una y otra vez, las iniciativas de los grupos minoritarios, que exigen un régimen de incompatibilidades para los ex presidentes. La formación magenta UPyD insiste además en la necesidad de establecer un límite temporal a tan laxas prerrogativas. Seguramente, los discípulos de Rosa Díez lo reclaman con tal vehemencia porque entre sus filas no figura todavía ningún presidenciable.
“Y hubo quien echando fuego por los ojos y ácido prúsico por la boca, hizo la cuenta del número de cocidos que con esos millones se podrían poner en un año para los tantos y cuantos españoles, que se pasan la vida ladrando de hambre”. La imposición de millonarios privilegios es tan antigua como nuestra piel de toro; la lupa galdosiana se detenía esta vez en un Narváez, al que la Reina Isabel II concedía “un donativo” de 8 millones para que pudiera vivir con “decorosa independencia”. El Espadón de Loja tampoco nos consta que renunciara a la dádiva. Era muy patriota, pero no idiota.
Otros artículos de Hipólito Martínez





















