Tomás Fuertes, en el centro, flanqueado por Francisco Provencio (izqda, presidente del Foro Ilusionando) y Tomás Zamora (dcha)
Tomás Fuertes, presidente del Grupo que lleva su nombre con más de 7.000 trabajadores directos, 50.000 indirectos y unas ventas de más de 1.600 millones de euros, fue modelo de éxito en la XXXII Jornada Foro Ilusionando, una asociación privada de directivos y empresarios cuyo objetivo es el networking y la formación del colectivo mediante casos de éxito.
Tomás Fuertes, 79 años, no necesita tomarse cada día una cápsula de ilusión. Ella, la ilusión, le nace, está en su ADN, es su alma y su espíritu empresarial y así se lo manifestó a un grupo de dos centenares de empresarios y directivos. Fue Tomás Fuertes en esencia pura. Sin cámaras, sin periodistas con los que comedir palabras. Hablando de tú a tú. Solo, a pecho descubierto, con el micrófono en la mano y sin mesa delante de parapeto. De pie y cuerpo a cuerpo hablando a jóvenes o no tanto ansiosos de conocer la fórmula del éxito del primer empresario de la Región.
“Hay que provocar la motivación. Hay que sacar la pereza para destruirla. Hay que llamar a la emoción, sacarla”. “Y cada día hay que aprovechar el error para sacar dos aciertos”. Esa sería la clave. “¿Es esa la clave del acierto”, se le preguntó. “No… Yo creo en Dios y en la gestión…”. ¿Qué es la gestión? “Sacar partido a cada minuto”. “Yo no sé lo que es trabajar, sé lo que es divertirse”.
Admite que tiene 45 años (nació en junio de 1940), “veinte años en el espíritu, 45 en la mente, el resto en el DNI y eso no lo tengo en cuenta”.
Más activo que nunca, con tres actos públicos en un día e infinidad de reuniones en su despacho de ElPozo en Alhama de Murcia, Tomás Fuertes, aún tiene fuerza (quizá de ahí el apellido) para decir que “el saber no vale hasta que no lo aplicas y cultivas. Hay que gestionar los valores que tienes…”.
Con poca formación académica, es doctor honoris causa por la Universidad de Murcia a propuesta de dos facultades: Economía y la de Veterinaria. Ello, para él, solo es fruto de su trabajo. La universidad de la vida y la de la necesidad han sido sus principales maestros. “En cada momento de la vida piensa como si fuera un balance: Debe, haber y, principalmente cuenta de explotación. Ahí verás tu éxito”.
Reflexiones sencillas, prueba de la excelencia de quien ha recibido la Medalla de Oro del Trabajo, son las que trata de explicar e inculcar no solo en la empresa familiar (Presidente de Honor de Amefmur), sino en aquellos foros a los que se le invita como es el caso de Ilusionando, donde cualquier de los presentes tiene en Tomás Fuertes un ejemplo a seguir, como ejemplo es también el del Tomás Zamora, el presentador del acto junto a Francisco Provencio.
Zamora, íntimo amigo de Tomás Fuertes y empresario sin mácula, es de esa escuela en la que como máxima distinción, en la leyenda de la entrada figura: “Los errores no deben tener justificación, sino corrección”.
Ambos, y así lo dijo Tomás Fuertes, valoran que la “ilusión” en la empresa es la “gasolina” que da energía al proyecto. “El éxito hay que provocarlo”, subraya Tomás Fuertes, quien se reafirma en que “la vida es una guerra y cada día es una batalla en la que cada persona es un guerrero”.
Qué lección de motivación, sin libros de autoayuda ni sesiones de coaching. Es el ejemplo de lo que vale y de lo que no. Un manual en el que la palabra motivación estaría en primer lugar. “Antes de cada nueva ilusión hay que tener preparada otra”… en la recámara añande el autor de este texto.
“¿Qué es triunfar?”, le preguntan. “Por encima de lo bueno, está la excelencia. Eso es triunfar”. “Coraje”, añade, imagino que para no usar otra palabra quizá más incorrecta que empieza por hache.
Casi dos horas de charla y Tomás Fuertes (79 años y de pie) no se cansa, atiende a preguntas: defiende su negocio y la calidad del sector cárnico y de libertad de quien lo rechaza (vegetarianos). Subraya en la necesidad de la libertad, también la de la empresa y, por encima de todo, de la figura de que aquellos que cada día se juegan su patrimonio: “los empresarios somos jornaleros de problemas. Solucionarlos es nuestro trabajo”.
Y después, quince, dieciséis horas después de haber empezado su jornada, Tomás Fuertes (79 años) aún tiene fuerzas para seguir, con una cerveza en la mano, para narrando su trayectoria empresarial hoy estudiada en las grandes escuelas de negocios del mundo.

