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Opinión | Demos, Kratós et Participatio
Jueves, 20 de Junio de 2019
Miguel Á. Rodríguez

Evolucionar o perecer

El viejo axioma de Leibniz, resumen de su filosofía natural expresiva del principio de continuidad “natura non facit saltus” y su correlación Darwinista según la cual ésta permite apoyar la selección natural, fueron responsables en su época de infinitas controversias en torno a la evolución frente al determinismo al uso.


En cualquier caso, estábamos ante realidades sólidas y tangibles que postulaban cambios en la comprensión de las cosas y en su devenir histórico. El hombre de la época se posicionaba, influido por el conocimiento anterior, por la religión, por estereotipos, etc., ante las nuevas propuestas y las discutía, las negaba, las refutaba o las aceptaba. Eran planteamientos sólidos que cuestionaban otros planeamientos igualmente generados en contextos similares en el pasado y que más pronto que tarde darían lugar a nuevas realidades, nuevos avances y, en definitiva, a nuevos tiempos para el conocimiento y la civilización.


Las nuevas realidades emergentes siempre contaron en mayor o menor medida con la oposición del “establishment”, los consorcios, la religión y la burguesía que entendían el cuestionamiento de cualquier basamento social como una amenaza a su propio status y/o privilegios. Ante ello, sólo cabía la persecución, la condena al ostracismo, el cisma e incluso la guerra o la muerte.


Sería muy difícil de cuantificar el número de ideas, planteamientos y propuestas que ni siquiera vivieron fuera de la mente de sus autores ó que terminaron en la hoguera ante la inminente amenaza que ello suponía para su propia existencia. Y aún a pesar de ello, hay un imparable contínuum evolucionista desde los primeros pensadores y generadores de ideas hasta nuestros días.


Ante la solidez de un paradigma compartido, se postula uno nuevo, emergente, que se confronta y, en virtud de sus características y aportación, se asume como nueva realidad, como la última “verdad”, que con el paso del tiempo sufrirá idéntico proceso y así sucesivamente.


Estábamos, pues, ante realidades “sólidas”, tangibles y estructuradas. Pero en el último tercio del siglo XX y primero del XXI, comienza a extenderse la idea de lo efímero, instantáneo, cambiante y por consiguiente contrapuesto a esta solidez que históricamente sostenía al hombre.  


Es en ese contexto donde aparece lo que Bauman bautizó como la realidad líquida, la cual consiste en una ruptura con las instituciones y las estructuras fijadas. Si en el pasado, la vida estaba diseñada específicamente para cada persona, la cual tenía que seguir los patrones establecidos para tomar decisiones en su vida, en la modernidad, el filósofo polaco afirma que las personas ya han conseguido desprenderse de los patrones y las estructuras, y que cada uno crea su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida
Esta ausencia de patrones, ese utilitarismo moldeable y esa falta de previsibilidad configura un nuevo estatus individualista que hace a la sociedad cambiante porque todo se ha convertido en algo temporal e inestable, si la comparamos con las estructuras fijas del pasado.


Las relaciones afectivas entre las personas también cambian, como nos dice Tinder. La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos con breves e indoloros finales: miedo a perder la libertad, miedo a comprometerse. Y esta vida líquida de nuestros tiempos, parece que ha llegado para quedarse. Debemos aprender a vivir en un mundo –recomienda Bauman-, sobresaturado de información y también debemos aprender el aún más difícil arte de preparar a las próximas generaciones para vivir en semejante mundo.


Y el caso es que parece más cercano a la realidad este pronóstico de adaptación que el pensar que estamos ante una moda pasajera o con fecha de caducidad. Nuestra educación basada en la lógica Aristotélica, en la moral Kantiana, en la cruz y las influencias marxistas, en los pensadores del siglo XX, parece un modelo incapaz de dar respuesta a esta era de la “modernidad líquida” que arrasa con todo lo que encuentra a su paso, generando una tremenda sensación de fracaso debido a la inmensa angustia que produce en las personas, porque carecen de cosas fijas y duraderas.


Combatir esa ansiedad colectiva, luchar contra la pérdida de la sensibilidad en las sociedades, recomponer las estructuras cognitivas de las personas que les ha tocado vivir esta época, adaptándolas a la segmentación, a la discontinuidad, haciéndolas a su vez fuertes y seguras, es probablemente el desafío cultural más importante al que se ha enfrentado el ser humano, tras la decisión de abandonar las cuevas y vivir en grupo hace varios cientos de miles de años.


@MAngelrtorres

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