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Opinión |
Miércoles, 11 de Septiembre de 2019

De vestiduras e investiduras

Afrontamos un nuevo curso más desvestidos que investidos; algunos, no obstante, no se rasgan las vestiduras, y deberían. Porque los problemas de siempre, que se eternizan y retroalimentan en nuestro suelo, continúan acechándonos. Año tras año, estamos en manos del destino o del azar. Como decía nuestro Saavedra Fajardo, ‘”las cosas que se hicieron con nosotros, pero se dispusieron sin nosotros”...

 

Les recuerdo algunas y sangrantes heridas: el Mar Menor que se empequeñece y empobrece día a día, ante la ‘científica’ disputa de unos y otros; el agua que escasea y escaseará (y el trasvase en peligro); la infrafinanciación que de raíz cercena el porvenir de esta necesitada Región; el Ave que no vuela (aunque como sostiene la presidenta de ADIF “un mes arriba o abajo no tiene importancia”, hay que… aguantarse: “Es necesario dejar ese victimismo que se utiliza de forma torticera”); el aeropuerto que no despega (y que sigue costándonos más de un euro); el Corredor que no corre (se lo toma con parsimoniosa calma); el Gorguel que nunca existió; la exasperante y oprobiosa regeneración de Portmán, nuestra deuda in crescendo…

 

Podríamos seguir con la relación de despropósitos comunes a nuestra reciente historia contemporánea, pero de sobra la conocen. Es de esperar que en esta legislatura se resuelvan al fin algunos de ellos. Sin embargo, no se hagan demasiadas ilusiones.

 

Además, ¿de qué legislatura estamos hablando? A la nacional, parece quedarle cuatro telediarios; hay bastantes probabilidades de que volvamos a las urnas el 10 de noviembre. Aunque con Sánchez e Iglesias nunca se sabe, pese a que se profieran lindezas del orden de “ustedes no son de fiar” y “no vamos a aceptar chantajes”. Una verdadera DANA, una desconcertante depresión aislada en las alturas. Y tan aislada, viven en otro mundo. El día 23, la respuesta.

 

De esta guisa, el llamado Gobierno de Cooperación, el prodigioso invento que ha surgido de mentes tan brillantes para la Ciencia Política Universal, parece languidecer sin remedio. Qué triste el espectáculo éste de discutir más de despachos y carteras que de ideas y proyectos… Cada uno busca llevarse su pedacito de pan al morral, sin importarle demasiado el devenir del país, que sufre en carne viva el desgobierno (o el Gobierno en funciones). Mientras tanto la inestabilidad política en nada beneficia a nuestra precaria economía, que ya vive síntomas de desaceleración. Y en lontananza, se vislumbra la amenaza de un brexit duro; y también resuenan los ecos de la guerra comercial chino-estadounidense de imprevisibles consecuencias, que ha de afectarnos indefectiblemente.

 

La Región, a su ritmo
 A su vez, la legislatura regional ha arrancado con cierta premiosidad, en cuanto a la formación del Ejecutivo se refiere. También aquí, cada uno ha exigido lo suyo, y da la sensación de que sí que lo han conseguido. El experimento del Gobierno en coalición ya está en marcha, mas a su ritmo; siguen la norma no escrita de avanzar sin pausa, pero sin prisa.

 

Tras un caluroso mes de julio en el que Miras logró consolidar su investidura, sólo les ha costado, a nuestros bien amados consejeros, cinco semanas el mero hecho de completar el organigrama de sus propios departamentos, con sus correspondientes directores/as generales y gerentes/as (cuando escribo estas líneas todavía faltan media docena). Como si los problemas pudieran aguardar el reparto de sillones, que -para sorpresa de unos y regocijo de otros- ha sufrido un generoso aumento (los altos cargos pasarán de 46 a 55 con la recién aprobada estructura).

 

El PP y Cs, obviamente como buenos socios, han tenido que pactar para distribuirse su parte de la tarta; y, para contentar a cartagineses y romanos, no han tenido mejor ocurrencia que elevar en un 15% el número de agraciados, y a saber en qué porcentaje el número de asesores... Todo lo contrario de lo que tantas veces se nos ha venido pregonando en aras de la austeridad y el buen gobierno. Saquen ustedes sus propias consecuencias.

 

Necesitaría la maestría de Azorín para exponerles las mías. En un memorable artículo, Azorín, trasladando al gran Tirso de Molina del XVII a los albores del siglo XX, refiere cómo el dramaturgo lee en público su última obra ante los oídos expectantes de la junta del PP (`Pedacito de Pan’, institución bienhechora de la época) y de la del Ct (‘Cuatro Trapitos’, “sociedad llena de humanidad que a tantos pobres socorre”).  Ambas organizaciones pugnan por ganarse el favor de la opinión pública “en un siglo de tanta libertad -eso dicen- como el XX”.

 

No se sorprendan, ya existía un PP hace más de un siglo (al menos en la ferviente imaginación de D. José Martínez Ruiz), aunque no un Cs pero sí un simpático Ct. Cambien ahora la T por la S; y completarán así las siglas de los socios que han de llevar a esta Región a cotas no holladas hasta hoy. Porque es la primera vez en la historia de nuestra democracia que dos formaciones comparten el Ejecutivo de la Comunidad. Afortunadamente, las dos son bienhechoras y sumamente humanitarias, como sus predecesoras de casi idénticas iniciales. Bien se sabe que el fin último del Gobierno no es otro sino la felicidad de los ciudadanos; en nuestro regional caso, con más motivo.

 

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