El copago nuestro de cada día
Cuando hay que explicarse tanto sobre una cuestión, una de dos, o es que no nos hemos expresado con la debida claridad o es que la claridad no nos guía precisamente... Así el copago se ha convertido en una obsesión, y al mismo tiempo en un arma arrojadiza de unos contra otros... Y nadie acaba por definir su postura con rotundidad, todo son medias tintas, hermosos circunloquios, eufemismos deliciosos, que ni los más afamados retóricos se atreverían a emular. En este asunto, como en tantos de la cosa pública, reina la confusión; 'el dije pero quise decir' no contribuye en modo alguno a la calma social; en temas tan sensibles como la educación o la sanidad hay que extremar las precauciones.
Esta semana le ha correspondido a un político de la talla de Rafael Blasco, conseller de Solidaridad en funciones de la Generalitat Valenciana, aportar su visión en esta delicada materia; pese a su dilatada experiencia no ha podido evitar sumergirse en las arenas movedizas del copago. En unas declaraciones a Popular TV, vuelve a insinuar su necesidad, la conveniencia de planteárselo a medio plazo, pero obviamente sin mencionarlo en ningún momento; no vaya a ser que alguien le tome la palabra... Y esa palabra (la innombrable) es tabú.
Esta habilidad del retruécano, digna heredera del “vivo sin vivir, y muero porque no muero” de Teresa de Ávila, nos recuerda a la del presidente de la Región de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, en los ya célebres Desayunos de ABC del pasado 28 de marzo, cuando diciendo pero sin decir destapó la caja de los truenos. Como es de precepto, Valcárcel no pronunció la palabra prohibida, en cambio sí citó el céntimo sanitario, que ya se aplica en otras comunidades; mas, en un alarde de sinceridad, apeló también a la urgencia de afrontar “medidas muy valientes” para sufragar servicios esenciales como la educación o la sanidad. Fue el ex director de ABC Ángel Expósito el que le solicitó que concretara cuáles. El presidente murciano no dudó entonces, y afirmó con clarividencia que “los servicios básicos no pueden ser soportados sólo por el presupuesto de una región o de una Nación. Es necesario plantear que los ciudadanos también tengan que asumir parte de estos costes, en el porcentaje que sea”.
Casi al instante, estas declaraciones provocaron un aluvión de rectificaciones. Ante la polvareda generada, el propio gobierno murciano puntualizó en un comunicado oficial que el presidente nunca se había referido al copago para financiar la Sanidad, “sino a otras fórmulas de participación de los ciudadanos con 'medidas valientes' como el céntimo sanitario”. Asimismo, Rajoy descartó el copago sanitario “con un rotundo no”, y muchos altos directivos del partido, como Javier Arenas, la ex ministra de Sanidad, Ana Pastor, o Esteban González Pons, aseguraron que el PP defiende un sistema sanitario y educativo “público y universal”.
Ahora, vuelve renacer la polémica en el seno del vecino Gobierno valenciano. De la más absoluta negativa, Rafael Blasco, viejo lobo de mar, ha pasado a creer que “hay que empezar a pensar en fórmulas en las que los contribuyentes contribuyamos con nuestro poder adquisitivo al mantenimiento de determinados servicios públicos, salvando siempre que nadie pueda ser discriminado y que los servicios se mantengan universalizados”.
¿No les recuerdan tales asertos a los ya pronunciados -y oportunamente matizados- por otros dirigentes? ¿En qué quedamos?,¿'copagaremos' algún día, o nos 'colibraremos'? Esta pregunta empieza a angustiar a los millones de parados de un país abatido; es el temor que subyace en muchos de los 200.000 desempleados de nuestra Región. El rapsoda Blasco sigue la estela de otras voces y otros acentos; pero su alado verso de que los “contribuyentes contribuyamos” no tiene parangón, y consigue cotas de una eufonía ilimitada, que en las mentes sensibles eriza el vello y pone la carne de gallina. Pero de momento, nadie le ha desmentido; aunque lo harán, al tiempo.





















