Resistencia
El caso es que oyes hablar al presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, y te parece que estás escuchando a su homólogo de la Conferencia Episcopal Antonio María Rouco Varela. El ruido ambiental que está generando la denominada tormenta perfecta que atravesamos como si fuéramos George Clooney en pos del mayor banco de peces espada de la mar océana provoca este tipo de interferencias auditivas. Hasta el punto de que las declaraciones del jefe del Banco Central Europeo Mario Draghi reprobando la actuación del Gobierno en el escandaloso asunto de Bankia te recuerdan inmediatamente al dimisionario goberandor del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, cuando sentenció que la CAM era lo peor de lo peor.
Con el estruendo de los rayos y centellas que caen sobre nuestras cabezas a diario no es de extrañar, por tanto, que te parezca estar asistiendo a un concierto del Dúo Dinámico justo en el momento en el que el portavoz del PP en Les Corts, Rafael Blasco, le recomienda resistir al presunto jefe de la trama para desviar fondos públicos de la Cooperación con el Tercer Mundo a bolsillos privados, Augusto César Tauroni. O, mejor, a otro de Gloria Gaynor y su "I,m will survive" si nos atenemos a la contrastada capacidad del veterano político valenciano para reinventarse a sí mismo y sobrevivir a cuantos presidentes de la Generalitat se le han cruzado en el camino.
Que el que resiste gana es una máxima manoseada hasta la saciedad al albur de la crisis que puede ser o no cierta. Depende, que diría Mariano Rajoy. Ahí tenemos Stalingrado, de un lado, y Numancia del otro. De cualquiera de las maneras, una victoria pírrica cimentada sobre una base de cadáveres no lo es tanto. Puede ser heroica, eso sí, pero ¿hay alguien dipuesto a representar el papel de muerto tras la batalla contra viento y marea que nos ha de sacar del ojo del huracán? Pues mira, no. De momento, la catástrofe y las feroces medidas pergeñadas para atenuarla están dejando las cunetas sembradas de fiambres que también se resistían como gato panza arriba a perder derechos y emolumentos o, simplemente, a contemplar cómo su fuente de ingresos se desvanecía de la noche a la mañana. Las pruebas de resistencia que está soportando una soldadesca convertida en carne de cañón son más severas que las que lleva a cabo Adif, pongamos como ejemplo, para garantizar la solidez de un viaducto del AVE entre Albacete y Alicante, o que los inútiles "stress test" con los que se evalúa periódicamente el sistema financiero.
A los atribulados ciudadanos se les pide que den más de lo que pueden ofrecer y se les reclama espíritu de sacrificio, fe y responsabilidad: la nueva trilogía de virtudes cardinales laicas. Pero, ¿a cambio de qué? ¿Acaso a cambio de tolerar a la autoridad política que les siga considerando menores de edad como se deriva del hecho de silenciar a todo un gobernador del banco supuestamente supervisor? Al parecer, nuestros castos oídos pueden asistir a majaderías como las propaladas por la presidenta de Madrid Esperanza Aguirre a propósito de la pitada a la bandera y al himno nacionales en un partido de fútbol, pero no deben ser profanados por la sesuda verborrea de los involucrados en el despendole de Bankia.
En la ignorancia reside la felicidad. La crisis en torno a la cual nos prometieron trasparencia cristalina se ha convertido en un muro contra el que rebotan las legítimas aspiraciones de saber qué es lo que ha ocurrido y está ocurriendo realmente y por qué. No es el momento, afirma el más progre de los ministros, Ruiz Gallardón, de desviar la atención hacia el presidente del CGPJ, quien, casí al alimón, expresa su pía amargura porque haya saltado la polémica sobre sus semanas caribeñas en medio del desastre que está sufriendo el país al tiempo que se resiste a desprenderse de la toga que dignifica su cargo. Como si su conducta, moralmente reprobable y estéticamente impresentable, no estuviera en parte en el origen del manirrotismo y descontrol que nos han conducido hasta el erial en el que nos encontramos.
Otros artículos de Jesús Alonso
Con el estruendo de los rayos y centellas que caen sobre nuestras cabezas a diario no es de extrañar, por tanto, que te parezca estar asistiendo a un concierto del Dúo Dinámico justo en el momento en el que el portavoz del PP en Les Corts, Rafael Blasco, le recomienda resistir al presunto jefe de la trama para desviar fondos públicos de la Cooperación con el Tercer Mundo a bolsillos privados, Augusto César Tauroni. O, mejor, a otro de Gloria Gaynor y su "I,m will survive" si nos atenemos a la contrastada capacidad del veterano político valenciano para reinventarse a sí mismo y sobrevivir a cuantos presidentes de la Generalitat se le han cruzado en el camino.
Que el que resiste gana es una máxima manoseada hasta la saciedad al albur de la crisis que puede ser o no cierta. Depende, que diría Mariano Rajoy. Ahí tenemos Stalingrado, de un lado, y Numancia del otro. De cualquiera de las maneras, una victoria pírrica cimentada sobre una base de cadáveres no lo es tanto. Puede ser heroica, eso sí, pero ¿hay alguien dipuesto a representar el papel de muerto tras la batalla contra viento y marea que nos ha de sacar del ojo del huracán? Pues mira, no. De momento, la catástrofe y las feroces medidas pergeñadas para atenuarla están dejando las cunetas sembradas de fiambres que también se resistían como gato panza arriba a perder derechos y emolumentos o, simplemente, a contemplar cómo su fuente de ingresos se desvanecía de la noche a la mañana. Las pruebas de resistencia que está soportando una soldadesca convertida en carne de cañón son más severas que las que lleva a cabo Adif, pongamos como ejemplo, para garantizar la solidez de un viaducto del AVE entre Albacete y Alicante, o que los inútiles "stress test" con los que se evalúa periódicamente el sistema financiero.
A los atribulados ciudadanos se les pide que den más de lo que pueden ofrecer y se les reclama espíritu de sacrificio, fe y responsabilidad: la nueva trilogía de virtudes cardinales laicas. Pero, ¿a cambio de qué? ¿Acaso a cambio de tolerar a la autoridad política que les siga considerando menores de edad como se deriva del hecho de silenciar a todo un gobernador del banco supuestamente supervisor? Al parecer, nuestros castos oídos pueden asistir a majaderías como las propaladas por la presidenta de Madrid Esperanza Aguirre a propósito de la pitada a la bandera y al himno nacionales en un partido de fútbol, pero no deben ser profanados por la sesuda verborrea de los involucrados en el despendole de Bankia.
En la ignorancia reside la felicidad. La crisis en torno a la cual nos prometieron trasparencia cristalina se ha convertido en un muro contra el que rebotan las legítimas aspiraciones de saber qué es lo que ha ocurrido y está ocurriendo realmente y por qué. No es el momento, afirma el más progre de los ministros, Ruiz Gallardón, de desviar la atención hacia el presidente del CGPJ, quien, casí al alimón, expresa su pía amargura porque haya saltado la polémica sobre sus semanas caribeñas en medio del desastre que está sufriendo el país al tiempo que se resiste a desprenderse de la toga que dignifica su cargo. Como si su conducta, moralmente reprobable y estéticamente impresentable, no estuviera en parte en el origen del manirrotismo y descontrol que nos han conducido hasta el erial en el que nos encontramos.
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