Todos somos Willy Toledo
El actor Willy Toledo se ha sentado en el banquillo de los acusados por cagarse, de momento sólo virtualmente y en las redes sociales, en unas cuantas cosas delicadas. En Dios -no especificó si por Dios se refería sólo al cristiano o también al de cualquier religión monoteísta-, en la virginidad de la Virgen y en la Santísima Trinidad. Antes se había cagado, también en un plano teórico, en la Fiesta de la Hispanidad, en la monarquía, en el Descubrimiento de América, en los conquistadores o, en una individualización "ad mulierem", en la advocación de la Virgen del Pilar. Supongo que me dejaré alguna cosa. Tal vez se haya cagado también en la Compañía Internacional de Coches-Cama. En lenguaje popular se conocía a esto como soltar por su boca "el rosario". Si Toledo defeca en todas esas cosas, me ha puesto la casa perdida. Soy de los que tiene en alto concepto todo eso. Pero en más alto concepto aún tengo las libertades en España, hasta no hace muchos años mayores que las de cualquier país de nuestro entorno. Entre ellas la libertad de expresión, o, voy más allá, la libertad de molestar.
Defiendo que haya un Willy Toledo en libertad, por mucho que me moleste lo que dice. Toledo no es un progre de salón, un cucañista, una sabandija más. Se ha jugado carrera y dinero, y los ha perdido, por poder decir sus barbaridades. Eso merece alguna especie de reconocimiento porque, dígase lo que quiera decirse, el tío le ha echado pelotas por poder decir lo que piensa, o a lo mejor lo que no piensa pero le ha dado la gana que la gente lo crea. Me consta que lo vetan incluso los suyos. Bajo las formas o las estomagantes ideas, hay una especie de destartalada dignidad, la de haberse ido a luchar contra el mundo sabiendo que el mundo ganaría. Como español antiguo, valoro eso.
Por otro lado, no creo en absoluto que sean compatibles las libertades fundamentales que disfrutamos desde la Transición política, aunque alguna de ellas nos las han robado o están intentando robarlas (como la libertad constitucional que es el "pin parental"), no creo sean compatibles, digo, con empezar a mandar a juicio penal a todo aquel que ofenda algún sentimiento o idea o manía de alguien. Porque en España, por influencia perversa de modas dementes procedentes de las universidades norteamericanas, probablemente pagadas por las asociaciones de abogados, ya no hay otra cosa que ofendidos y ofendibles. Y, por tanto, no hay otra cosa que ofensas. Dices cualquier cosa y enseguida acuden docena y media de asociaciones financiadas como por arte de magia a echársete encima. No quiero ni pensar lo que sería poniendo además en manos de todos los ofendibles el "cañón Bertha" del Código Penal, y los jueces justos viéndose obligados a aplicarlo. Los banquillos judiciales van a parecer grandes salones para bodas y comuniones.
El propio Willy Toledo lo ha explicado muy bien ante el juez. Con todo lo ultraizquierdista que presume ser (un nueve sobre diez en la escala de izquierdas, según él, siendo el diez poner bombas o sufrir un ictus por desconexión neuronal), ha afirmado en su declaración de descargos no ser nada partidario de engordar más el Código Penal con nuevos delitos como el enaltecimiento del franquismo, muy pronto en sus pantallas. Exacto. Nunca he vivado a Franco pero cuando entre en vigor esto sé que me van a dar ganas de abrir la ventana y gritarlo para que se entere el mundo. Tal vez le entren ganas hasta al propio Willy Toledo, por no dejar pasar ni una oportunidad de joder. Quien dice Franco dice, yo qué sé, Charles Manson. Es el típico delito que la gente se olvidaba de cometer hasta que a alguien se le ocurrió que era buena idea reprimirlo.
Por otra parte, si se trata de prohibir bajo penas de multa, prisión o quién sabe qué más la exhibición de emociones favorables a dictaduras, el Código Penal español no cabría en las estanterías de la vieja Enciclopedia Larousse ilustrada. En una de las puertas del Retiro, en pleno Madrid, una rusa joven y encantadora vende públicamente, en un amplio "stand", y sin ningún tipo de problemas camisetas y banderas con la efigie del "padrecito" Josef Stalin, bien visibles. Ya saben, aquel señor de expresión bonachona, fumador en pipa, que sólo perpetró (y con placer, según sus biógrafos) el mayor genocidio conocido desde la extinción de los dinosaurios, muy por delante en la carrera que Hitler o incluso que Mao. ¿Va a llegar la policía de nuestro Gobierno socialcomunista para arramplar con el tenderete y meter en la cárcel a la rusa encantadora, por enaltecimiento de dictadores? Toledo y yo hemos llevado camisetas con la efigie "pop" del dictador comunista Ho Chi Minh, a quien por cierto admiraba mucho Franco. ¿Coincidiremos en la misma celda? Un amigo socialista me dijo un día algo que ya no veo tan improbable: "a nosotros nos fusillarán en la misma tapia, por motivos igualmente contrarios". Esto es un camino que una vez tomado puede intentar reprimir cualquier cosa, en favor de los intereses del Poder. Al final todos podemos encontrarnos con que somos Willy Toledo.
Sin embargo, no somos tan pardillos como para esperar que en España el objetivo sea el enaltecimiento de dictaduras en general. Tan sólo dictaduras de derechas. Es más, tan sólo una en concreto. La de Franco. A las dictaduras buenas se las recibe en el aeropuerto y se hace lo que éstas ordenan. Lo de criminalizar los vivas a Franco es un tipo penal "bespoke", como quien toma las medidas de un traje. Si logran meter esto en el Código Penal ya no habrá ninguna razón para que no metan también, por ejemplo, aquello que ordenaba el sátrapa centroamericano inspirado en la imagen en el "Ché" de la película "Bananas", de Woody Allen: que toda la población masculina lleve los calzoncillos por fuera. Parece broma, pero todo hoy parece de broma, con la pequeña salvedad de que está ocurriendo. A lo mejor uno de los que se dicen mayores enemigos del Sistema, como Willy Toledo, acaba siendo un baluarte del Estado de Derecho.





















