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Maná electoral

[Img #12545]Con la prodigalidad de los soberbios, con la chulería de los engreídos, con el envanecimiento de los que se creen tocados por el superior discernimiento, Elena Salgado extendía, gentil, la mano y derramaba sobre la Región de Murcia el maná de su anuencia para que se acuda a buscar financiación en los mercados internacionales. Para que Murcia en endeude más aún, vaya.

    Raudo como una flecha, salía Saura a pedir que Valcárcel se cubriera de ceniza y arpillera y peregrinara en penitencia por acusar al Gobierno de Zapatero de tratar a unas Comunidades peor que a otras, en función del tono político de su gobierno. "¿Pues no han negado lo que a nosotros nos conceden -diríase el preclaro inoperante- a Castilla-La Mancha, a Andalucía, a la mismísima Cataluña?".

    Pero es que, de nuevo, a Murcia el Gobierno central no le ha regalado nada. Con la autorización de endeudamiento (quinientos millones más otros doscientos), lo único que han hecho es reconocer que, una vez más, la región, su gobierno, ha hecho los deberes. Hasta Zapatero alabó la Ley de Medidas Extraordinarias contra la que se manifestaba Begoña García Retegui; la que ha sido necesaria, sí, para intentar buscar fondos para pagar a proveedores y seguir dando a los ciudadanos servicios de sanidad, de educación, de asistencia social, porque de eso se trata.

    Salgado ha aprobado el endeudamiento de siete Comunidades Autónomas, en algunos casos, como Castilla y León, Galicia y Canarias
-además de Murcia- porque se han tomado las medidas necesarias; y porque estamos a tres semanas de las elecciones autonómicas, que bastante mal les van las cosas sobre todo, fíjense, en las otras comunidades aprobadas (Cantabria, Asturias y Aragón). No es el caso de Murcia, porque eso significaría reconocer algún predicamento del PSRM en las decisiones del Gobierno de Zapatero y eso ya sabemos que nada de nada.

    De cualquier modo, este 'regalo', este maná electoralista que desciende de los cielos, tiene trampa. Ahora hay que acudir a los mercados, coincidir allí con otras administraciones públicas, estatales o autonómicas, y ver a qué precio conseguimos que nos compren la deuda. Que lo que tiene esto es que luego hay que pagarla, y a un precio que ni el salmón de Aragón.

    Algo mejor hubiera sido que el mismo Consejo de Política Fiscal y Financiera hubiera repartido el fondo de competitividad que reclamaron ayer las comunidades de Madrid, Cataluña, Murcia y Baleares y que hubieran supuesto a la Región 211 millones de euros. Pero es que desde 2004, el Gobierno de Madrid está empeñado en incumplir el modelo de financiación autonómica, por más que se lo haya diseñado a su medida y la de sus autonomías amigas. Dice Valcárcel que va a mandarles 'al tío del frac' (que digo yo que confunde al tío de la pita de Caravaca con el Cobrador del frac). Pero a la hora de la verdad, se amagan tribunales pero los únicos que acuden a ellos con afán digno de mejor causa son los socialistas, que pueden seguir tranquilos: no nos han dado perras. Hay que buscarlas y luego pagarlas. Y ese será otro cantar.

Post Scriptum: ¿Cómo explicas, a los amigos de Madrid a los que acompaño este fin de semana a conocer la Región, que cosa sea eso de 'los Sardineros'? ¿Cómo evitar que alguna de las damas le suelte una bofetada al primer individuo, disfrazado de vete tú a saber qué cosa, que pretenda tentarle un pecho con la excusa de prenderle cualquier baratija de los chinos? Es algo que no he conseguido comprender en seis años en Murcia. Y mira que me he vestido de huertano, he sido templario en Caravaca, jurado de la Cuerva en Aguilas, guerrero de Uxama (que es lo que hay que ser) en Cartagena. Bueno, pues no entiendo por qué unos señores hechos y derechos se empeñan en vestirse de adefesios y subirse a unas carrozas para hacer ostentación de su poderío arrojando a la gente quincalla de bazar. Ni por qué la gente, a sus pies, se da de bofetadas por coger algo que le costaría mucho menos, en tiempo, empujones, cabreos y achuchones, en cualquier establecimiento de todo a un euro, o menos. A ver qué les explico yo a mis amigos de Madrid.
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