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Opinión | El mirador
Lunes, 06 de Junio de 2011
Miguel Galindo

Por mal ejemplo

El de “todos somos culpables” picó como las avispas, visto lo visto. Hubo de tó lo habío y por haber. Desde el desenterramiento del hacha de guerra hasta el pellizquico de monja, pasando por el consabido comentario malevoamable forjado en sonrisa navajera, ya saben… Pero no es malo eso, no, que todo lo que escuece cura, o al menos eso decía mi abuela. Pero lo cierto es que criticar al político, sin distinción de colores, que conste, ya no tiene la menor gracia, pues nos lo están poniendo tan a punto de clara de huevo que hasta produce cierto sentimiento de hastío, cuando no de congoja… Pero, vuelvo a repetirlo una vez más, la culpa no es tanto de ellos como de la sociedad que los produce, los conforma y los confirma, y, en cierto modo, los justifica y hasta los proteje.

    Y es por esa misma simbiosis por la que nuestra clase política registra una de sus épocas más vulgares, mediocres y zafias de la historia moderna. Vivimos un tiempo de contínuum proceso electoral entre dos urnales/calendas en un año, y los principales partidos nacionales, Caín y Abel, escenifican inmisericordes acusaciones de corruptelas en casa ajena y estentóreas proclamaciones de honradez y limpieza en casa propia. Y se echan en cara mutuamente unos pecados de los que cada cual se escaquea como puede a la vez que esparce la mugre en la puerta del contrario.

    Pero lo cierto y verdad es que ambos dos hacen gala de la más histriónica hipocresía en sus planteamientos, porque si hacemos matemáticas puras de implicaciones judiciales a nivel nacional con números neutros, un 50% corresponden al PP, un 35% al PSOE, y el resto se lo reparten entre IU, ERC, CIU y cía., o sea, mitad y mitad entre izquierdas y derechas. Como para ir mirando la paja en ajeno ojo siendo uno bisojo, moreno… Por no hablar de los eurodiputados vendedores de favores, o de los que fichan para cobrar dietas de asistencia y salen cagando leches pá Spain en el primer vuelo. O la alucinante y desvergonzada postura de esos mismos aerodiputados garbanceros que defienden indefendibles prebendas como la exigencia de viajar en primerísima clase. Lujos de los que se apropian mientras machacan al ciudadano con medidas económicas inmisericordes y encima les piden su voto para poder servirse y no servirles… O mejor servirles cicuta mientras ellos se sirven ambrosía. Y aquí no hay ideologías, sus señorías, aquí solo hay indecencia.

    Luego, tras autotaparse y autojustificarse unos a otros en estos bochornosos comportamientos, que al revés que el tío Sarmiento, la cagaron y no dijeron ni lo siento, aún se extrañan, y se duelen, y se lamentan de que en la última encuesta del CIS, los españoles consideren a sus políticos como una plaga bíblica, o lo que es igual, el tercer problema más grave del país (tras el paro y el terrorismo)… y no lo digo yo. Lo dicen un 69% de los ciudadanos, frente a un 3,9% que alegan que son buenos remataos – los amigos y familiares también se cuentan en esto – y un 27% que dicen preferir callarse por miedo o por prudencia, que no por paciencia.

    Es un mal ejemplo el que nos ofrecen, sí, pero es la grandeza y la servidumbre de la democracia. Lo que hay está ahí porque lo hemos puesto nosotros. Para bien o para mal. Por lo tanto, la responsabilidad de los hechos es de nuestros fiados deshechos, y los malhadados resultados por nuestros votos dados. Pero todos, fiados y fiadores, tenemos igual porcentaje de culpa en el fiasco. Somos los panaderos que amasamos nuestro propio pan, así que si sale malo, o nos lo comemos, o lo tiramos a la basura… Esto último es lo que han hecho en Bélgica, que ya llevan casi un año sin gobierno, y, coño, el país sigue funcionando como si tal cosa… Y se andan preguntando los fabiolos si aquellos románticos anarquistas de antaño, que no de hogaño, en el fondo no tendrían más razón que todos los santos… Y ustedes perdonen mi malpensamiento, pero es fruto de mi libreatrevimiento.


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