
En mis largos años de vida he aprendido cosas que han ido aclarando ideas y conceptos. A veces pensamos que la vida es injusta; una observación no siempre acertada, ya que la aparición de “una primera vez” flota como una nubecilla que busca su momento para dejarse posar. Este hecho proporciona una cierta seguridad personal, un invisible trazo en el camino, que empuja a avanzar. Siempre. Y hoy me detengo, en esa mi “primera vez”, tan llena de sensaciones nuevas.
Creo que la experiencia es una buena compañera de viaje. Te sitúa al margen de convencionalismos, modas, reglas; esperas algo más natural e intenso, porque sigues estando en el mundo, y lo observas cada día como si fuera un paisaje todavía sin descubrir. Vivir al día, es un título que tenía guardado desde hace tiempo. Me gusta. Precisamente estamos viviendo una etapa precaria, atípica, llena de incógnitas, teniendo delante un futuro incierto, aunque tratando de mejorar esta tierra que nos reconoce. Ahora nuestra mayor preocupación es la salud, conscientes de que la salida a la calle es una realidad que afrontamos con empatía. EL COVID-19 nos ha doblegado más que nunca a una globalización mundial; todo el planeta está implicado por la misma causa. Y en las diferentes fases nos tocará rendir cuentas de lo que cada uno haga.
La vida no es un simple quedarse en la ventana y ver cómo oscurece; porque la economía debe restablecerse, las empresas empiezan a hacer números y las tiendas, restaurantes y bares, suben las persianas y abren sus puertas al público. El miedo es libre. Sin embargo habrá que reinventarse una vez más. Mientras hemos estado en casa, la preocupación se centraba en cómo resolver cada hora del día. Nuestro mundo estaba reducido y, sí, nos hemos mantenido entretenidos con huracanes de propuestas evitando el tedio y el sedentarismo. Pero ya estamos en la calle, con muchísimas precauciones. Y a la fuerza, hay que ser optimistas porque mucha gente trabaja buscando soluciones que acaben con este horror.
Es una casualidad que hoy, cuando ya estamos en la Fase 1, se celebra “El Día de las Familias, para crear conciencia sobre el papel fundamental en la educación de los hijos, desde la primera infancia, y las oportunidades de aprendizaje permanente que existen para niños y jóvenes”. Así lo define el calendario. Enmarcar todo esto, unificar, darle forma, exige una respuesta, ahora que nuestros niños y jóvenes están saliendo del confinamiento con ganas de encontrar su lugar de nuevo.
Depende mucho de cómo hayan vivido estas semanas, la situación de estrés y ansiedad que se haya podido generar en una convivencia tan estrecha y el grado de independencia en las casas, dos meses, no hay que olvidarlo. Los más indefensos han sido los hijos, separados de su rutina y amigos. Aunque haya sido divertido y excitante, ellos necesitan tener sus tiempos estabilizados y, lo más importante, un aula escolar donde reafirmar su yo personal. Seguramente los padres han tenido paciencia y han colaborado en mantener un cierto carácter formal en las mañanas de estudio.
Los chicos están al tanto de lo que ocurre mientras sufren una especie de vacaciones forzosas. Junto con sus padres, han observando una situación anómala, en la que la única solución ha sido mantenerse quietos, utilizando Internet para comunicarse con sus profesores, en las horas lectivas, y con sus amigos metidos en la misma dinámica doméstica. De igual manera habrá sucedido con los más pequeños; aunque estoy segura que con su chispa característica han colaborado de una manera más participativa. Para casi todos ellos habrá sido una experiencia vivida en primera persona que los mantendrá cuidadosos en su crecimiento tanto en la infancia como en la adolescencia.
Utilizando una metáfora, se me ocurre que lo sucedido podría haber sido un experimento del siglo XXI, con muchas lecturas donde sacar conclusiones prácticas. Una llamada de atención, con nuevos planteamientos encaminados a frenar el deterioro que estamos causando en la tierra con las consecuencias propias de la trepidante vida actual. No podemos olvidar que este ‘Día de las Familias’ se refiere a todas las familias y existen familias muy vulnerables, que llevan la peor parte de las crisis. Donde se ha perdido el trabajo y donde conciliar la vida laboral y familiar es un problema añadido. Esta pandemia pone de manifiesto la importancia de invertir en políticas sociales que las protejan. Y es responsabilidad de todos, colaborar para lograr algo más que una delgada estructura donde solo cabe sobrevivir. Porque a todos nos afecta.
¡Feliz día de la Familia!



