
En el año 2000 se aprobó El día mundial de la Diversidad Biológica. Fue una decisión de La Asamblea general de las Naciones Unidas. Un telón de fondo insustituible. Una cuestión donde están implicados todos los seres vivos, incluido el hombre.
La biología se ocupa de las características y los comportamientos de los organismos individuales en su conjunto; la reproducción, su interrelación entre ellos y su entorno. Los recursos biológicos son los pilares que sustentan nuestra salud, ya que un 80% de la dieta humana se compone de plantas.
Todavía en las zonas rurales dependen de medicamentos tradicionales basados en plantas para atender en parte las enfermedades. Una sociedad culta y desarrollada protegerá con más criterio su paisaje, ya que supone una mayor calidad de vida para todos sus habitantes. Cada espacio situado en un área natural compone una diversidad biológica autóctona, con unas características que se manifiestan en la forma de vida; comportamiento, identidad, salud y alimentación. Son las señas de identidad en las que se ha ordenado la vida a través del tiempo. Aun así la revolución íntima del ser humano sugiere otras vías más amplias ante la necesidad de no encontrarse sol, y busca una socialización que le haga salir, conocer lo que ocurre fuera de su horizonte.
Se observa una alteración en la diversidad humana producida por la pandemia que asola el planeta. No es este un tiempo cualquiera; cambios absolutos producen una forma de vida antinatural donde ocurren cosas inéditas: la lluvia regenera la atmósfera con más frecuencia, la polución es menos agresiva, incluso algunos tipos de alergias han mejorado, con todo un virus desconocido nos tiene amenazados. Encerrados en casa, disminuye el “agujero de la capa de ozono”. Un contrasentido que demuestra que no podemos tenerlo todo.
Está claro que algo falla en el orden biológico. No hay que luchar por sobrevivir, sino por la vida, la propia y la de los demás. El científico del CSIC, Fernando Valladares aborda la transformación en los ecosistemas terrestres. Muy llamativo cuando afirma que el virus es parte del ecosistema; el prólogo de lo que se nos viene encima si no somos capaces de modificar nuestra relación con el medio ambiente. Su teoría es que el coronavirus lo ha provocado un murciélago. Este presunto y feo volador es un regenerador fundamental de la naturaleza, óptimo dentro del equilibrio de las leyes naturales a las que pertenece, pero se le ha perturbado su tarea.
El paso de la vida enreda una revolución tras otra. La diversidad biológica se hermana con su ritmo de cadencias que hace más susceptible a la persona. Mayo es un mes que se convierte en escenario de algunas de las revueltas que marcaron la historia moderna. Churchill pronunció discursos incendiarios contra la guerra, contra Hitler y el fascismo: “No tengo nada que ofrecer, sino sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas”, con estas palabras definía en los años cuarenta del siglo XX, el final de la doctrina nazi que ya era inminente. El 22 de mayo de 1968 en París, una cadena de protestas es el inicio de la mayor huelga general que se ha producido en Francia. Grupos de estudiantes y obreros se rebelan contra la sociedad de consumo y el capitalismo. El movimiento Hippie aborda con todo su esplendor Europa: contracultural, libertario y pacifista nace en Estados unidos. Una subcultura que se apoya en la rebeldía, alimentada por un rock contestatario, drogas, como marihuana y alucinógenos, y la revolución sexual. Con rechazo de base consumista, sus seguidores optan por un vestuario simple, adornado con guirnaldas de flores. Muchos viven en comunas cultivando sus propios alimentos. El 22 de mayo de 1989 estudiantes y trabajadores toman la plaza de Tiananmen, en Pekín, después de una semana de protestas a favor de la democracia. El gobierno intenta suprimir la insurrección, utilizando la fuerza con un resultado muy dramático entre muertos y heridos.
Así debió ser. Somos testigos de los paisajes, y la naturaleza humana verifica que el hombre está ávido de cambios; una actitud que es más intensa que su propia condición. No basta lo conocido, lo aprendido, busca sin descanso; la ciencia, el arte, la guerra, el amor. Todo se fragua en un instante de rebeldía, cuando el pensamiento muta la rutina, rompe los sueños y se tortura con su propio yo que lo agita sin cesar. Y el ser humano queda hipnotizado por su propia fuerza: levanta la mirada y se siente invencible. La experiencia de la guerra, cualquiera que sea, se vuelve cotidiana.
¡Hasta la próxima semana!



