
Entre las centenas de aspectos que nos han chocado de la pandemia actual hay uno que, en el contexto del caos provocado por el COVID-19 llama la atención sobremanera y que, ciertamente, ha calado en el río tranquilo de la vida por el que muchos navegamos, navegábamos: el “tsunami” imparable del desempleo. Miles de personas en nuestra Región, millones a través del mundo, como nunca en la historia reciente y, posiblemente en toda la historia de la humanidad, se han encontrado de la noche a la mañana, literalmente, sin su puesto de trabajo.
De repente, como si la ficción de una película distópica se hubiera hecho realidad, las autovías se han quedado sin tráfico, los restaurantes sin comensales, las tiendas sin clientes, las fábricas sin operarios. Afortunadamente, aunque sea de modo paulatino, la actividad recobra su marcha.
La ola del desempleo ha sido tan arrasadora que muchas personas, al encontrarse en medio de esta distopía, aunque sea temporal, han percibido que los sanitarios son esenciales, los cuerpos de seguridad fundamentales, y que también hay otro estamento social al que no se le valora lo suficiente, el de los empresarios. Como cimiento insustituible de una sociedad cohesionada, dispuesta a mirar al horizonte, preparada para dejar una vida mejor para los que vienen detrás.
En la Región de Murcia, durante estos meses tan complicados, los empresarios han demostrado que la arquitectura de una sociedad progresista tiene en su iniciativa y coraje una de las piedras angulares. En los peores momentos han sabido resistir con entereza ante situaciones muy complejas.
Hay muchos sectores y empresarios, incluidos los que en estos días están recobrando su actividad, que han dado muestras de firmeza y solidez. Desde grandes empresas, pymes y autónomos, los empresarios han dado una lección que convendría no olvidar cuando lleguen tiempos más llevaderos.
En realidad, esto no es nada nuevo, quizá es que muchos ciudadanos, desgraciadamente, no lo quieren ver y otros se han visto obligados a verlo cuando la situación provocada por el COVID-19 ha golpeado de manera tan dramática a nuestras puertas. Basta bucear un poco en la hemeroteca para toparse con abundantes casos de empresas murcianas que cuando han venido mal dadas, desde la lejana época de la gripe española, a principios del siglo pasado, hasta la reciente crisis de 2008, no sólo han sabido sobreponerse a contextos extremadamente complejos, sino que, además, consiguieron mejorar su competitividad y presencia en los mercados internacionales.
La Región de Murcia se distingue, como es bien sabido, por ciertas particularidades paisajísticas, otras climáticas, por la hospitalidad de sus gentes, entre otros muchos elementos. Yo añadiría a esas características, como bien hemos podido comprobar estas últimas semanas, otra: la iniciativa y determinación del tejido empresarial murciano. Cuando por fin salgamos de la crisis actual, está claro que en nuestro panteón de héroes tendremos a médicos, enfermeras, policías, cajeras de supermercado, obreros del agro y algunas profesiones más. A las que tenemos que añadir la profesión de empresario. Siempre al pie del cañón, en las duras y en las maduras.
Se suele debatir si los empresarios nacen o se hacen. Seguramente algo habrá de ambos aspectos en el tejido empresarial regional. Algunos han nacido dada la estructura tan familiar de muchas de nuestras pymes, otros se han hecho, considerando la destacada iniciativa de muchas empresas noveles. A veces, incluso, podría pensarse que, los empresarios murcianos llevan en la sangre la iniciativa, el desafío, el riesgo, el tesón para sacar adelante sus proyectos. Está muy lejos en el tiempo, pero después de todo, algo debe de quedar de la herencia de los grandes comerciantes fenicios.
No sería un desatino, antes bien, un acierto y de justicia, que lo mismo que hablamos de Murcia, Costa Cálida o Murcia, Huerta de Europa; hablemos de Murcia Región Empresarial.



