
“Cuando alguien se equivoque, abre más los brazos que la boca, al mundo le sobran opiniones y le faltan abrazos”.
Todos cometemos errores y conocemos por experiencia propia cuál es la reacción de los demás que mejor nos sienta en esos momentos. Sin embargo, lo que no parece que tengamos tan interiorizado es cómo debemos reaccionar nosotros ante los errores de los demás.
Cuando alguien comete un error, en el plano que sea, no necesita juicios, ni discursos. Necesita comprensión y apoyo. La crítica puede esperar, esa que apellidamos constructiva también, en especial la de aquellos que nunca han construido nada. Quizá pasados unos momentos, y siempre que lo solicite, un análisis de cómo podría haberse evitado ese error.
La primera señal de dolor es el silencio. Respetar los errores de los demás es tan importante, si no más, que corregirlos.
Juanma Quelle


