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ENTRE TÚ Y YO

El camino hacia la no libertad

Javier Escolano Miércoles, 17 de Junio de 2020 Tiempo de lectura:

“El autoritarismo comienza cuando dejamos de poder ver la diferencia entre lo verdadero y lo atractivo” Timothy Snyder.

 

Tomo prestado el título del libro, que hoy recomiendo, del catedrático de historia de la Universidad de Yale, TIMOTHY SNYDER (“El camino hacia la no libertad”. Editorial Galaxia Gutenberg, 2018); en el cual, su autor hace un sugerente y documentado estudio histórico de Rusia, desde la caída del muro de Berlín y el colapso del régimen comunista de la Unión Soviética, hasta la conversión en -lo que él llama- un régimen oligárquico y cleptocrático; para destacar como idea central que: “el camino a la no libertad es el paso de la política de la inevitabilidad a la política de la eternidad.

 

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  • La política de la inevitabilidad, podríamos resumirla como: “el futuro es más de lo mismo, no hay alternativa”. Se inicia tras el desmoronamiento del comunismo y alcanza su mayor expresión, para norteamericanos y europeos, al adentrarnos en el nuevo siglo guiados por el relato del “fin de la historia”, con la sensación de que las leyes del progreso son conocidas y no hay alternativas:” la naturaleza engendró el mercado, que engendró la democracia, que engendró la felicidad”.

 

  • La política de la eternidad, se “construye sobre un relato de victimismo”, en el que se apela a los sentimientos de la población, falseando la historia, que es sustituida por una memoria que constituye el “relato del poder”; a todo lo cual, se añade “la ficción política”: los hechos no importan, solo las emociones que genera el poder político con todos sus medios.

 

El libro comienza describiendo el regreso del pensamiento totalitario en el año 2010. En este período es esencial, la elección por Vladimir Putin como guía para la construcción ideológica de la nueva Rusia, del filósofo fascista IVAN ILYN nacido en 1883 y muy presente en los años veinte y treinta del siglo pasado, con su pretensión totalitaria de que todos pensáramos y sintiéramos igual y la visión de la sociedad como una estructura corporativa, en la que cada persona y cada grupo tendría un puesto determinado, que hace innecesaria la libertad individual.

 

El segundo aspecto estudiado en el libro, es el desmoronamiento de la política democrática en Rusia en el año 2012. La democracia nunca se afianzó en Rusia, en el sentido de que el poder nunca cambió de manos después de unas verdaderas elecciones libres y limpias. Así comenzó un nuevo tipo de política que llamaron “democracia gestionada”; en la que el Estado se hizo con el control absoluto de la televisión y sus pilares eran la centralización del poder y la personificación e idealización del líder, que lo es del Estado y de toda una “civilización”.

 

En tercer lugar, el autor se ocupa de lo que denomina, el asalto ruso a la Unión Europea (en 2013). Frente al éxito de la Unión Europea, como espacio de integración económica y jurídica de países democráticos (entre ellos, estados postcomunistas), que aprendieron las lecciones en 1918 y 1945; Putin, patrocinó la Unión Eurasiática, como “espacio vital” desde Lisboa a Vladivostok (Atlántico – Pacífico) basado en una nueva “civilización” como proyecto ideológico y geopolítico, sin las limitaciones democráticas y lastres (para él) de la UE (cuyo núcleo intelectual es el llamado, “Club de Izborsk”).

 

Y, por último, el libro se detiene en la difusión de la ficción política en Rusia, pero también en Estados Unidos y Europa (año 2015); y, especialmente, la injerencia rusa que, según el autor, se produjo en las últimas elecciones presidenciales en EEUU (2016) que hicieron de Donald Trump su cuadragésimo quinto presidente. El lema ruso era: En la historia, la única verdad es nuestra necesidad de mentiras y la única libertad, nuestra aceptación de ese veredicto.

 

Esto entronca, cronológicamente, a decir de MATTHEW D´ANCONA con el comienzo en 2016 de “la era de la posverdad”; es decir, “una nueva fase del combate político e intelectual, donde las ortodoxias y las instituciones democráticas se ven sacudidas hasta sus cimientos por una oleada de populismo. La racionalidad se ve amenazada por las emociones… detrás de esta tendencia mundial hay un desplome del valor de la verdad… ya no se concede máxima prioridad a la honestidad y a la exactitud” (Posverdad: La nueva guerra contra la verdad y como combatirla”, Alianza editorial, 2019, páginas 17-18).

 

En mi opinión, lo más inquietante del estudio del profesor TIMOTHY SNYDER, es su afirmación rotunda, a modo de aviso: “Lo que ha sucedido en Rusia es lo que podría ocurrir en Europa y Estados Unidos: la estabilización de las grandes desigualdades, la sustitución de la política por la propaganda, el paso de la política de la inevitabilidad a la política de la eternidad”.

 

Es una afirmación muy rotunda que es difícil aceptar para mí. Lo cual no impide que crea vislumbrar una clara deriva en las sociedades democráticas occidentales, hacia el autoritarismo, en la que se sustituyen los datos, que generan información transparente y permiten a cualquier ciudadano formular su juicio crítico, por la construcción mediática desde el poder de un “relato” lo más simple de la realidad que es solo propaganda, para generar en los ciudadanos sentimientos debidamente manipulados, bien de entusiasmo, bien de indignación. Como alguien dijo: “no leemos para informarnos, sino para consolarnos”. Y, yo añadiría, o para indignarnos y llenarnos de ira.

 

Con ello, el pacto social, que está en la base de cualquier sociedad organizada democráticamente, desaparece por la pertenencia a una “tribu” debidamente agitada por su tirano líder. De este modo, se reduce a escombros un proyecto colectivo organizado jurídicamente, y se permite al poder transitar cómodamente sobre la división y enfrentamiento de los súbditos, antes ciudadanos.

 

En este sentido, es relevante que, líderes políticos tan distintos y dispares ideológicamente en todo el Mundo, digan que es preciso conectar con la gente de una forma emocional y crear sentimientos. Más bien, manipular las emociones que provocan cualquier crisis, de modo que la verdad es negada y la vida se reduce al espectáculo y al sentimiento. La ciudadanía es percibida como “una audiencia que consume entretenimiento y no como un electorado comprometido cívicamente”; para lo cual, el control de las televisiones es siempre una herramienta imprescindible.

 

Es por ello, que estimo necesario implicarnos todos en la tarea de evitar el tránsito al “autoritarismo”; y, en concreto, no permitir:

 

1º. Terminar con la “objetividad”, de modo que se puede decir cualquier cosa, aunque no sea cierta, total o parcialmente. Con ello, se suprime cualquier conocimiento que pudiera invitar, primero al pensamiento crítico y, después a la acción; y persuadir mediante las emociones para que no se piense, no se hable y, por último, no se actúe.

 

2º Traspasar la línea que separa la responsabilidad pública de la vida privada, lo cual somete a la democracia a una presión insostenible. La divulgación indeseada de conversaciones privadas es un totalitarismo incipiente; de modo que los únicos políticos invulnerables a las denuncias son los que controlan los secretos de otros o los que mantienen comportamientos tan descaradamente vergonzosos que son inmunes al chantaje.

 

3º Generar desconfianza entre los ciudadanos y respecto a sus instituciones; lo cual debilita definitivamente a la sociedad y erosiona la “legalidad”, en cuanto, esta depende de creer que la gente va a respetar las leyes sin necesidad de emplear medios para hacerlas cumplir y que, cuando haya que emplearlos, serán imparciales. Por esto, no puede admitirse el “control gubernamental” de todas los poderes, agencias y organismos del Estado.

 

4º Traducir los hechos (tanto los presentes como los pasados) a “relatos”. Con ello se prescinde de la historia, como ciencia social; que precisamente nació como oposición a la propaganda de guerra. Así en el primer libro de historia, “Las guerras del Peloponeso”, TUCÍDIDES tuvo cuidado de distinguir entre las explicaciones que daban los líderes de sus propios actos y los verdaderos motivos de sus decisiones.

 

Al igual que hay signos muy negativos, en nuestras sociedades democráticas, que señalan el camino hacia la no libertad; son mucho más intensas las ansias de libertad, igualdad y fraternidad, y las incipientes, pero sólidas, realidades de emprendimiento empresarial y social bajo nuevos paradigmas, que por no ser únicas sino diversas, constituyen para mí, ensayos de sólida confianza en el futuro.

 

Pero esto, queridos lectores, nos lleva a otro debate, que espero poder retomar en quince días.

 

Javier Escolano Navarro

 

 

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