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ENTRE TÚ Y YO

Ángeles de blanco

Mariate Almela Viernes, 26 de Junio de 2020 Tiempo de lectura:

 

Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado. Ahora lo veo todo desde otra dimensión...

 

Siempre he sentido una admiración especial por las personas que se dedican a curar a los demás, ya sea su cuerpo, su mente o su alma.

 

La puerta se abrió bruscamente y la camilla voló. La empujaban dos chicos y una chica cuando apareció una médico de urgencias que preguntó:

 

- ¿Qué tenemos?  Decidme cada detalle por favor. 

 

 - Claro Pilar- le contestó Andrea - Unos 17 años, 1’70 aproximadamente, entre 40 y 45 kilos, hallada en la calzada con pulso de débil a muy débil, inconsciente. 

 

- Rápido, por aquí. 

 

La puerta tipo saloon se cerró y su balanceo me invitó a pensar en cómo se sentiría aquella chica para haber hecho lo que hizo. Me la encontré cuando salí a dar mi paseo matutino, estaba allí acurrucada entre la acera y el asfalto. Una señora que debía ser su madre le gritaba desesperada:

 

- Pero ¿qué has hecho Raquel? ¿Qué te has tomado? -

 

Es curioso que nuestra mente en muchas ocasiones, no sea capaz de comprender lo que para otros es evidente. Y eso le pasaba a aquella madre, que no entendía porque su hijita no comía las recetas que con tanto amor le preparaba cada día.

 

 - Raquel se siente incomprendida y cada vez que se mira al espejo le dan ganas de salir huyendo, pero esto nunca lo había hecho, se ha tomado un montón de pastillas y ha salido corriendo de casa -comentaba su madre a Clara, que la atendía en el mostrador del hospital con ese cariño que desprende el personal sanitario que adora su trabajo.

 

- Estate tranquila y espera aquí sentada y tómate esto, le dijo ofreciéndole una infusión relajante. En cuanto pueda y sepa algo te informo- dijo Clara a Rosa.

 

El tiempo, esa unidad de medida relativa que caprichosa vuela o se ralentiza según en la circunstancia en la que nos encontramos, pasaba lentamente y Rosa respiraba hondo y hablaba sola (bueno, yo la escuchaba, pero ella no lo sabía).

 

- Hija mía, no estás sola, estoy contigo y esto lo vamos a vencer juntas. No he sabido entenderte, pero seguro que aquí me van a orientar- se decía a sí misma Rosa mientras esperaba noticias de los profesionales.

 

Después de un largo rato, que le pareció eterno a Rosa, apareció Pilar, la médico que atendió a Raquel en su trance entre la vida y la muerte

 

- ¿Eres la madre de la niña?

 

- Sí, soy Rosa, contestó ella tímidamente, como si sintiéndose culpable liberara parte de su responsabilidad en aquella conversación que iban a mantener.

 

- Verás Rosa, te explico lo que ha pasado y lo que vamos a hacer. Tu hija, Raquel, tiene un grave trastorno alimenticio que yace en su cerebro. ¿Estás dispuesta a hacer lo que yo te pida? - Pilar le habló muy seria, sin darle un margen de respuesta que no fuera la que quería escuchar.

 

- Por mi hija lo que sea, ¿qué tengo que hacer? - contestó Rosa sin dudar en ningún momento.

 

- Pues bien, Raquel se va a quedar aquí una temporada, va a convivir con otros chicos con problemas similares al suyo y va a llevar unas normas estrictas. Tenemos que intentar hacerle ver que todo está en su cabeza y conseguir que recupere sus ganas de vivir- dijo Pilar- Se va a poner bien, pero todas las piezas son importantes y tenemos que encajarlas.

 

Rosa lo único que quería era que su hija se pusiera bien, aunque fuera a costa de no poder verla en una temporada.

 

Pensé en lo difícil que tiene que ser para una madre una situación así en la que todo es incertidumbre y sombras, y en lo importante que es poder confiar en esos ángeles vestidos de blanco.

 

Aprovechando la conversación entre ellas dos, me colé en la estancia donde a Raquel la habían reanimado y le susurré al oído lo que a mí me habría gustado escuchar en una situación similar si yo fuera ella: ¡no te rindas, tienes una lucha que ganar y lo vas a conseguir! Te vas a poner bien por ti y por tu madre, ¡mucho ánimo!

 

Raquel sonrió levemente, sentí que me había escuchado y que después del susto ya solo quedaba agradecer a los profesionales su maravilloso trabajo y confiar en que la niña estaba en buenas manos e iba a poner de su parte para salir adelante.

 

Me fui de aquel hospital sintiendo gratitud hacia tantos médicos, enfermeras, auxiliares y demás personal sanitario, que cada día intentan hacer la vida más fácil a los demás sin esperar nada a cambio.

 

La vida no es algo en lo que triunfas o fracasas, no, lo importante está a nuestro alrededor.

 

¡Buen comienzo de verano!

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