
“Para comenzar a reconstruir la casa en donde uno reside, no es suficiente haberla derrumbado y aprovisionado de materiales y arquitectos, o uno mismo haberse ejercitado en la arquitectura y pasar con comodidad el tiempo que dure el trabajo. Con el objetivo de no mantenerme confuso en mis acciones, y no dejar de vivir con la mayor felicidad, tuve que arreglarme una moral provisional”.
RENÉ DESCARTES, siglo XVII. El discurso del método.
“Tengo que escoger lo que detesto-- o el sueño, que mi inteligencia odia, o la acción, que a mi sensibilidad repugna; o la acción, para la que nací, o el sueño para el que no ha nacido nadie.
Resulta que como detesto a ambos, no escojo ninguno; pero como alguna vez tengo que soñar o actuar, mezclo una cosa con la otra.” FERNANDO PESSOA, siglo XIX-XX. Libro del desasosiego.
Dos pesos pesados de la literatura universal. Contradictorios en su manera de pensar. Dos ejemplos de ver la botella medio llena o medio vacía. A Descartes lo descubrí no hace mucho tiempo, filósofo, junto con otras ciencias, me impresiona con una sola frase “Pienso, luego existo”. Compré su libro “El Discurso del Método” porque quería comprobar su sentido común, su razonamiento ante los avatares de la vida; cómo plantearía las preguntas que el ser humano se sigue haciendo. Y me sedujo por la modestia e inteligencia de su exposición. El párrafo del principio, corresponde a la tercera parte del libro, que he reducido un poco, supone el arte de vivir sin añorar ni pedir más de lo que cada uno posee… Nada menos que eso. Cumplir las leyes, ser firme y decidido en tus acciones aunque sean dudosas, hacerlas segurísimas, no sentirte perdido, no cambiar de dirección, ir siempre hacia un lugar fijo, el que te has propuesto en la vida; pensar que nada hay que esté totalmente en nuestro poder sino los propios pensamientos. Un extraordinario Descartes nos prepara para la vida. Una respuesta a las preguntas impertinentes que el hombre se hace, siempre vagabundo por los resortes de su día a día. Descartes se libera de todo lo leído y aprendido y decide sacar sus propias conclusiones, asimilando y sin rechazar el ingenio de los demás.
Pessoa y Descartes forman el contrapunto perfecto para ayudarme en mis argumentos. Con dos siglos largos de diferencia no tienen nada que ver el uno con el otro; quizá lo único que he observado sea esa convicción tan enérgica con la que cada uno edificó su literatura, su vida y su razón de ser. El Libro del desasosiego profundiza en ese punto inquietante que analiza lo que ve. Inmerso en un estado de desasosiego permanente se deja llevar por el pesimismo de su propia voluntad: “la vida es así de fastidiosa, para qué la voy a dulcificar si también yo la veo así” podría pensar el personaje de su libro en algún momento. Las situaciones grises, sin color se van sucediendo hacia una rutina opaca, inexpresiva; una actitud como bien refleja Pessoa: “El protagonista es un semi-heterónimo, porque no siendo mía la personalidad, es, no diferente de la mía sino una simple mutilación de ella”. Prosador que poetiza, soñador que razona y místico descreído, es el personaje que más se acerca al autor; de quien hereda esa desilusión consentida. Su lectura te vuelca en una realidad que solo sugiere el vacío interior; contiene el genio de Pessoa en toda su extensión; “La decadencia es la pérdida total de la inconsciencia, porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón si pudiera pensar, se pararía”.
Hemos hecho de la vida la inmediatez. Algo que ni la sabiduría inteligente, ni el pensamiento individual de Descartes y Pessoa, van en esa dirección. La vida evoluciona con un ritmo distinto, es muy difícil detenerse, poner en orden la mente que está sometida a continuos vaivenes, reflexiones de pensadores invisibles, anónimos, que se mueven entre las redes acuciados por la demanda de una multitud que anda por ahí despistada, esperando encontrar en cada minuto de su vida algo gratificante, rápido, continuo y no molesto que llene su espacio necesitado de contenido. Buscamos remedios a la carta, y como se le dedica tiempo y se rebusca entre la magia virtual, se encuentran. Todo esto crea dependencia, ansiedad y la necesidad de una energía que haga de soporte para continuar con ese círculo que no se detiene. Es verdad que el hombre de todos los tiempos ha necesitado ayuda, estímulos con el fin de de mejorar las condiciones en el trabajo incluso en su tiempo libre, y se ha apropiado de drogas de utilización médica; verdaderas atracciones para generaciones que necesitan escapar de sus limitaciones personales, mantener los niveles en las relaciones sociales, paliar la soledad… Un engaño. Su tráfico es uno de los mayores azotes que sufre la sociedad mundial y afecta a la salud y al equilibrio psicológico. Una trampa ya que disminuye las capacidad física que se intenta superar con el estímulo externo. Y hoy en El Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas, es bueno recordar la pretensión de reforzar la cooperación con el fin de alcanzar una sociedad más libre.
Lou Marinoff, profesor de Filosofía en el Citty College de Nueva York, con el título de su libro… MÁS PLATÓN Y MENOS PROZAC… define lo que tiene importancia en la vida: algo que también he intentado yo al jugar con la semblanza de mis sabios, elegidos para este fin.
Muchas gracias por estar ahí ¡¡Hasta pronto!!
Ángeles Hernández-Gil


