
Hoy es HOY, nueva oportunidad para ver si sigue siendo divertido escribir unas letras acompañadas de música, de fondo suenan los piratas con ‘mi coco’… nunca mejor serendipia para empezar esta aventura.
Hoy, con tu primer despertar y chequeo del cielo… todo sigue en orden. Todo sigue en su sitio. El sol sale por el mismo sitio, el mar sigue siendo líquido… El aire sigue siendo, eso, aire. Mi reto es esto que lees. Escribir una columna sobre esta aventura que no termina de decirte dónde te lleva, pero tampoco te dice de dónde vienes. El reto de escribir sin nunca haberlo hecho para nadie ni mucho menos para ti. El reto de estar vulnerable a lo que sea aquello que te gustaría transmitir y con la intención de nunca perder la ilusión.
Es nuestra columna número… Sentado frente a una granja de píxeles que crean el documento en blanco y cambiando un trozo de madera con carbón por unas teclas erosionadas de su uso. Nace en el motor de tus emociones como son las alegrías, miedos, tristeza, furia y esperanza. Pausas y piensas lo que has repensado qué escribirás y para qué lo escribirás y cómo lo escribirás y… y… y… hoy es hoy y probamos una nueva aventura.
La nueva aventura es ser conscientes de nuestra exigencia, esa que nos regula con más o menos presión en cada paso que damos en un camino que pensábamos saber y nunca hemos pisado.
Hoy te comparto para qué escribo, cómo escribo y qué escribo para saborear contigo lo que es exiliarte unos minutos fuera de la zona cómoda. Una zona que nunca existió porque “todos los días sale el sol “(LM) y es una aventura… Dejas volar los dedos sin pensar, decides escribir para ti, sin mirarte a ti, lo cual es difícil cuando la exigencia tiene una gran parcela en tu palacio de cristal.
Sueltas en un momento una gran masa de letras que no tienen orden de por sí y solo son pensamientos que nacen y renacen. Sientes que, si fuera una de esas regatas que tanto te emocionan, llegas a la última ciaboga o virada y te deja vacío. Ya no guardas nada en el cajón de tus pensamientos infinitos…Y llega la segunda parte donde luchas… no, esta vez no, esta vez no lucho con ella, con mi leal compañera, la exigencia. Esta vez estamos sentados juntos en el escritorio y dialogamos sobre el equilibrio. El equilibrio es imposible, diría Iván Ferreiro. Hablamos de lo que ella quiere y yo quiero. No es una opción escribir quince versiones acerca de esta columna y le damos un color que es una mezcla de rojo y rosa…el color que tienen los días bonitos al empezar. No queremos que el color cambie.
La exigencia, que tozuda es, que no cede mucho y te dice que tiene más soldados con rango miedo o inseguridad. Alguna vez suele venir disfrazada de falsa gallardía o bailes que te recuerdan gorilas de espalda plateada. No es celosa, no le importa compartir lecho con las demás, hasta juegan juntas en el patio del recreo y se divierten… sabe cuándo es su turno.
Exigencia, no elude la tentación de preguntarte para romperte el sueño o dedicar un cerebro a construir y montar ideas de películas en blanco y negro, pero no te da siempre lo que quieres y otras si te ayuda a llegar a ese horizonte…que difícil es el equilibrio.
Te visita en la noche cuando tras el roneo, te seduce con sutileza… Cuando bajas la persiana, te busca para jugar a la pregunta perdida. Es leal compañera que conoce dónde guardas el pan y en tu camino no descansa… A veces te hace planes para dar el salto que buscas y otras por saltar no ves de dónde te impulsas. Te ayuda a dar pasos que no veías en tu horizonte y al llegar a la cima, al llegar a tu meta, al estar donde querías estar. Sabe especial. Has podido conquistar ese límite que te pones y solo tú no veías capaz
Todo como nada en exceso es malo. No lo digo yo, que no soy más que un loco de atar que se mete en esto de viajar con las emociones propias y compartidas.
Hoy soy consciente de ella y eso no significa que no esté, solo que sé que está y la voy conociendo. Sigue habiendo días en los que asume el papel protagonista y sólo después soy capaz de verla.
Gracias por el viaje compartido.


