Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

Trabajando el pasado (Vergangenheitsaufarbeitung)

Javier Escolano Miércoles, 01 de Julio de 2020 Tiempo de lectura:

 

“El pasado nunca está muerto, ni siquiera es pasado. Es parte de nosotros. Determina cómo nos acercamos al presente”. William Faulkner (New Albany, Mississippi, 1897).

 

 

El racismo como crimen histórico y universal, pero también como ilícito actual, solo puede ser rechazado y combatido, sin excusa ni justificación alguna.

 

 

La reciente detención del agente de policía Derek Chauvin, acusado de “homicidio en tercer grado” del ciudadano afroamericano George Floyd, a quien puso su rodilla sobre el cuello hasta causarle la muerte; no ha hecho sino recordar las estadísticas sobre las muertes en EEUU a manos de la policía.  Por cada millón de habitantes: 12 personas blancas, 22 hispanas y 30 afroamericanas. Y, con ello, ha sacado de la tibieza el problema racial, no solo en EE.UU., sino en todo el Mundo.

 

 

La historia racista de nuestras sociedades occidentales es, sin duda, una cuestión a no olvidar, sino a enfrentar, con la honesta convicción de detectar sus nefastas expresiones actuales. Y, es por eso, que deseo compartir con los lectores, tres libros muy diferentes, en los que sus respectivos autores plantean el racismo, no solo como reflexión teórica sino, como experiencia vital:

 

 

  1. “ENTRE EL MUNDO Y YO”, de TA-NEHISI COATES (1975), editor y periodista de la revista The Atlantic (Editorial Seix Barral, 2016).

 

[Img #72105]

 

 

Es una potente historia del pasado del propio autor, un padre afroamericano nacido en Baltimore,  dirigida a su hijo de quince años y al futuro que le espera; a  través de la cual, recorre la historia racial norteamericana para centrarse en la visión del autor sobre la realidad actual, y la inexcusable necesidad de reformular el Sueño americano, tomándose en serio las afirmaciones de que América es excepcional, la más grande y noble de las naciones que han existido; sometiéndola  “a unos estándares morales superiores”. En definitiva, la tarea por hacer es: una revolución de la conciencia nacional y  una renovación moral.

 

 

Desde las palizas paternas y el miedo a quienes más nos querían (“Mi padre me decía: La paliza te la puedo dar yo o la policía … Los padres zurraban a sus hijos adolescentes por descarados, luego los soltaban en unas calles donde sus hijos empleaban la misma justicia y eran sometidos a ella…”); a la dura juventud en Baltimore (“Ser negro en el Baltimore de mi juventud significaba estar expuesto a los elementos del mundo, a todas las armas de fuego, puños, navajas, al crack, a las violaciones y a las enfermedades… La ley no nos protegía. Y ahora, en tu época, la ley se ha convertido en excusa para pararte por la calle y registrarte, para intensificar el asalto a tu cuerpo…. Da igual que los agentes de esas fuerzas sean blancos o negros; lo que importa es nuestra  condición, lo que importa es el sistema que permite que te rompan el cuerpo…”); la conciencia de la esclavitud de generaciones (“Nunca olvides que hemos estado esclavizados en este país mucho más tiempo del que hemos sido libres… durante doscientos cincuenta años la gente negra nacía encadenada: generaciones enteras seguidas de más generaciones que no conocieron nada más que las cadenas… Fueron gente convertida en combustible para la maquinaria americana);  el fracaso de la memoria sobre la historia de la esclavitud y la guerra civil, la creación por los sureños de la narrativa  de la Causa Perdida (La reunificación de América acabó basándose en un discurso reconfortante que convertía la esclavitud en benevolencia, … y las matanzas masivas de la guerra en una especie de torneo tras el que se podía llegar a la conclusión de que ambos bandos habían llevado a cabo sus asuntos con valentía, honor y brío. Esta mentira de la guerra civil es la mentira de la inocencia, es el Sueño); y, la lección aprendida del cuidado con los gestos y responsabilidad sobre tu propio cuerpo (“Eres un chico negro, y tienes que ser responsable de tu cuerpo de una forma que otros chicos no pueden entender… Debes entender que el policía lleva consigo el poder del Estado americano, y que ese poder y ese legado necesitan que, de los cuerpos que se destruyen todos los años, una cantidad enorme y desorbitada de ellos sean negros).

 

 

  1. “LEARNING FROM THE GERMANS: RACE AND THE MEMORY OF EVIL” (“Aprender de los alemanes: Raza y memoria del mal”) de SUSAN NEIMAN (1955), profesora de filosofía en las Universidades de Yale y Tel Aviv y directora del Einstein Fórum (Editorial Farrar, Straus  y Giroux, 2019).

 

[Img #72104]

 

La autora se describe a si misma, diciendo: “Comencé la vida como una niña blanca en el sur segregado, y es probable que termine como una mujer judía en Berlín… La cuestión de si los judíos deberían contar como personas blancas no estaba del todo resuelta en el sur donde nací. Hay un viejo dicho, me dijo el reverendo WHEELER PARKERSi fuera católico y viviera en el sur, estaría preocupado. Si fuera judío, estaría haciendo las maletas. Si fuera negro, me habría ido”.

 

 

El libro pone en contraste la respuesta de Alemania al Holocausto con la respuesta de Estados Unidos a la esclavitud y siglos de discriminación racial. Su preocupación no es comparar “el mal” y, por tanto, determinar qué evento es peor; sino comparar la respuesta que cada comunidad ha dado al mal y como ha enfrentado el recuerdo de su desagradable pasado. NEIMAN sostiene que la Alemania de la posguerra, inicialmente no supo enfrentarse a su memoria; pero que tras dos décadas desde el fin de la II Guerra Mundial, sí empezó a realizar un trabajo muy duro para lidiar y aceptar el legado del Holocausto de una manera que podría ser una lección para Estados Unidos en general, y para el Sur de Estados Unidos en particular.

 

 

Cuando la sociedad alemana decide trabajar en su pasado nazi y criminal, no fue solo un ejercicio académico, sino, también, enfrentarse a la realidad de que los crímenes fueron cometidos por padres y maestros, de aquellos más cercanos, de quienes se aprendieron las primeras lecciones de vida. De modo que constituyó una tarea individual y colectiva, con contundentes expresiones, entre otras más conocidas, en los monumentos ("Una nación que erige un monumento de la vergüenza por los males de su historia en su espacio más destacado -Berlín, junto a la Puerta de Brandeburgo- es una nación que no tiene miedo de enfrentar sus propios fracasos"); exposiciones históricas (la importante Exposición Wehrmacht -Fuerzas Armadas Alemanas- en el año 1995 del Instituto de Investigación Social de Hamburgo, en la cual se utilizaron cartas y fotografías de soldados para revelar que los crímenes militares nazis no se limitaban a unidades de élite de las SS, ni a unas pocas manzanas podridas; sino que la Wehrmacht cometió crímenes de guerra sistemáticamente -recordar que, con dieciocho millones de miembros, la Wehrmacht, suponía que todos los alemanes tenían un padre, un hijo o un hermano que sirvió en ella-; y, en las declaraciones formales de sus más altas autoridades (el día 8 de mayo de 1985, el presidente RICHARD VON WEIZSÄCKER acaparó todos los titulares, al ser el primer político importante de Alemania Occidental en llamar al día en que terminó la II Guerra Mundial, como un día de liberación”).

 

 

El pensamiento crítico sobre la historia y la memoria en EEUU, en los últimos debates, ha empezado a enfrentar a los estadounidenses con aquellos aspectos más dolorosos no examinados de su pasado; de modo que el movimiento que comenzó en Charleston (2015) y Charlottesville (2017) y llega a nuestros días, ha supuesto un cambio importante: la superación de la narrativa de la llamada Causa Perdida (relato sureño que minimizaba la esclavitud como causa de la secesión, reconducía la contienda una reclamación de los Estados del Sur por sus derechos y el desenlace de la guerra a la inevitable derrota por la superioridad del Norte, pese a la valentía de los soldados sureños); la paulatina eliminación de símbolos confederados (dejaron de venderse en grandes cadenas comerciales) o la retirada de monumentos de exaltación de los líderes militares confederados (empezada en 2016); por cuanto, más que “santuarios inocuos de la historia”, son “afirmaciones provocativas de la supremacía blanca”. Como dijo el presidente OBAMA: “No es un insulto a los soldados confederados, sino simplemente un reconocimiento de que la causa por la que lucharon estaba equivocada.

 

 

  1. “BLACK CULTURE MATTES: WHY IT´S TIME TO STOP PRETENDING RACISM IS THE PROBLEM”, (“La cultura negra importa: por qué es hora de dejar de pretender que el racismo es el problema”) de NICK PILGRIM, ex fiscal federal en Estados Unidos, (Editorial Onyx Publishing Group, Atlanta, 2019).

 

[Img #72106]

 

 

El autor, que fue Fiscal Federal en Jacksonville (Florida), habla desde su experiencia de hombre afroamericano, para constatar que “como resultado de la revolución cultural y social sin precedentes que ocurrió durante la era de los Derechos Civiles, el racismo ya no es la fuerza decisiva que alguna vez fue. Aunque es cierto que persisten vestigios de discriminación, también está claro que la "supremacía blanca" no está privando a las minorías de la oportunidad de educar a sus hijos para que puedan tener éxito en los Estados Unidos. De hecho, en la América contemporánea, los estudiantes de origen coreano, chino e indio con frecuencia superan a los estudiantes blancos en el aula. Además, desde fines de la década de 1960 en adelante, no solo a los estudiantes negros no se les ha negado la oportunidad de asistir a la escuela de su elección debido al color de su piel, sino que rutinariamente han sido aceptados en las mejores universidades y escuelas de posgrado de la nación, a pesar de tener puntuaciones inferiores en sus exámenes, por ser negros”.

 

 

Y, tras recopilar datos sobre, lo que la nigeriana CHIGOZIE OBIOMA afirma, en su expresivo título de 2016, "no hay naciones negras exitosas" (“lamento el doloroso hecho de que la mayoría de las naciones africanas y caribeñas han fracasado o están a punto de colapsar"); y el mal desempeño de los afroamericanos, que los hacen quedar rezagados respecto de cualquier otro grupo en los Estados Unidos (blancos, hispanos, nativos americanos, asiáticos e incluso inmigrantes de países africanos), no solo en el comportamiento criminal (tanto de hombres, como de mujeres, en especial,  jóvenes) y el rendimiento académico; sino que también lo hacen peor que todos los demás cuando se trata de tener hijos fuera del matrimonio de los que inmediatamente se desentienden y sabotean su futuro (la tasa en la comunidad negra es cuatro veces mayor que la tasa experimentada por los asiáticos, y casi dos veces y media la tasa experimentada por los blancos no hispanos); PILGRIM concluye que “la cultura” es responsable de los comportamientos problemáticos y las elecciones de estilo de vida que están frenando a muchos negros nativos en los Estados Unidos.

 

 

Y, por eso afirma: “si los afroamericanos alguna vez quieran ganar la batalla por la igualdad racial, la comunidad negra primero tendrá que deshacerse de su actual grupo de líderes fallidos  y reformular una cultura negra, que más allá de lo “políticamente correcto” identifique las mentalidades y comportamientos disfuncionales que hay que erradicar, para no continuar estancados en el fracaso. Y, esto, a su juicio, no lo están haciendo los “activistas de Black Lives Matter” y otros "luchadores por la justicia social"; a quienes vaticina el fracaso de siempre.

 

 

En mi opinión, los tres autores citados, con visiones tan diferentes y vivencias tan particulares, coinciden en la necesidad de “trabajar el pasadocon valentía (para aceptar que quienes nos precedieron no solo cometieron errores sino, a veces,  maldades y auténticos crímenes) y honestidad (más allá de relatos interesados o censuras políticamente correctas), como tarea no solo reservada a los historiadores, sino de auténtico entrenamiento moral, a fin de construir una memoria compartida nacional y occidental (europea – americana), que nos prepare para prevenir errores y males del futuro común. Dicho de otra manera, explorar el pasado honestamente para pensar nuestro futuro político y moral.

 

 

Queridos lectores, hace quince días, les hablaba de mi esperanza en las iniciativas sociales y económicas (“bajo nuevos paradigmas, que por no ser únicas, sino diversas, constituyen para mí, ensayos de sólida confianza en el futuro”); y, hoy, identifico como una de estas iniciativas, la tarea emprendida por diferentes personas y lugares distintos de “trabajar el pasado”, que está dando incipientes, pero decisivos pasos, para una renovación moral que construya una nueva conciencia colectiva.

 

 

Por todo ello, les animo, a profundizar y enriquecer estas reflexiones. Pues, sin duda, los españoles tenemos mucho que “trabajar el pasado”; inmediato, reciente, próximo, lejano y remoto. ¿Se apuntan?

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.