
Cuando los padres me preguntan que con qué edad es bueno empezar a estudiar música yo les contesto que 20 años antes de nacer. Mozart no sería Mozart si su padre no hubiese sido Leopoldo Mozart, violinista y pedagogo que intuyó lo que hoy sabemos: que el feto oye en la vida intrauterina.
En la semana 20 de embarazo, el primer sentido que se despierta es el oído. Los sonidos agudos del violín o la tesitura alta de la voz materna atraviesan con más facilidad la pared abdominal que los sonidos graves. Leopoldo Mozart tocaba el violín durante horas cuando Mozart estaba en el vientre de su madre. De ahí que cuando Mozart nació ya conocía los sonidos, solo tuvo que reconocerlos. Mozart, nacido en Salzburgo Austria en 1756, fue considerado niño prodigio ya que con 3 años tocaba el clavecín, precursor del piano, y el violín. A los 5 componía y a los 6 daba conciertos por toda Europa. Fue un compositor prolífico a pesar de morir a la corta edad de 35 años. Se le atribuyen más de 600 obras que abarcan todas las formas musicales de la época: sonatas, sinfonías, conciertos, óperas, música de cámara y música sacra.
Entonces, ¿Mozart heredó el talento musical de su padre o su padre le ofreció un entorno sonoro estimulante que lo desarrolló? Dicho de otra manera, ¿el talento se hereda o se aprende? Mi opinión es que lo que hoy es aprendido mañana se trasmitirá genéticamente, es decir, la cultura musical de los padres influye determinantemente en los hijos. Son padres que aportan su sensibilidad, sus conocimientos y sus aptitudes y actitudes hacia la música. Padres que crean un entorno sonoro estimulante ofreciéndoles experiencias musicales variadas como cantar, palmear, bailar y escuchar música de diferentes géneros, además de la valoración que le van a dar a la música y a la figura del músico en la sociedad.
Por tanto, en Mozart indudablemente había buena tierra para plantar, pero sin agua y sol no crece la mejor semilla. Se denomina “Efecto Mozart” a los supuestos beneficios que produce escuchar la música de Mozart. Actualmente no hay una evidencia firme de que esto sea así pero abre una puerta al estudio de los beneficios de la música en el cerebro humano. Lo que sí podemos constatar gracias a nuevas tecnologías como la resonancia magnética es que la música es la actividad humana que más zonas neurológicas estimula al mismo tiempo. El cerebro humano al escuchar música se enciende como un árbol de navidad y cuando interpretamos una melodía en un instrumento son fuegos artificiales. Se genera una gran cantidad de actividad neuronal que fomenta la expresión lingüística, el razonamiento lógico matemático, la orientación espacial, la coordinación motora, la atención, la memoria, la gestión emocional y las habilidades sociales.
La música es el mayor activador cerebral de que disponemos y un refuerzo positivo y poderoso. Si esto es así, y tenemos estudios y pruebas científicas que lo avalan, ¿por qué en el Sistema Educativo actual la música es una asignatura con tan poco peso curricular y tan poca carga lectiva? Hablaremos de ello en el próximo artículo.
Un abrazo sonoro.


