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ENTRE TÚ Y YO

B por Mr. Sapiens&Co

Juan Vila Lunes, 13 de Julio de 2020 Tiempo de lectura:

 

Abres los ojos y te encuentras en una conversación que no esperabas tener, todo no está controlado, como puede pasar en el mar. Por la superficie se siente calma y bajando unos escasos segundos, en su profundidad, hay esar esaca que no sabes si te lleva a tierra o de paseo por mares lejanos.

 

Te ves sentado sobre alquitrán y cantos rodados frente a la persona que lo primero que te hace pensar es que no es justo, ¡no es justo y no lo es! Sientes que algo está fuera de tu control, que no sabes bien que pasa y que escuchas activamente un mensaje que no estaba en tus planes.

 

Sientes que no es justo, no lo es nada y eso hace ruido en ti y lo rumias, lo procesas, lo estructuras y ordenas. Pero sigue con el amargo sabor en el cielo de tu paladar de ser injusto. Llevas un camino recorrido y has visitado tierras lejanas siendo tu timonel y tierras conocidas, que se llaman exigencia, miedo… Y ahora te encuentras explorando una pequeña isla, en la que tú decides el tamaño que no terminas de ver, pero sabes que a esta isla en alta mar la llamas egoísmo.

 

Estás siendo egoísta porque no piensas si B comparte una decisión meditada. Es una decisión justa que necesita y se cuida. Solo piensas que no es lo que quieres y ves solo lo tuyo y para ti.  Pero por suerte, consciente de ti, ves que no estás siendo justo. Esa decisión puede ser justa para B y sabe cuidarse.

 

Cuidarse no es más que aquello que a muchas personas falta. Hay etapas o momentos en los que damos tanto y nos dan tanto que parece una orgía de emociones amorosas. Donde estar agasajado de mimos y no pensar en uno es lo más sano. Y en el momento que no respondes a respuestas automáticas saltan resortes presentes sobre cómo debes actuar.

 

Cuidarse tiene momentos duros, como el compartir una decisión y que no sea la que gustaría.  Cuidarse a veces tiene un sabor amargo que perdura como algunos cacaos. Hay momentos en los que las personas que nos rodean se cuidan, simplemente porque han reordenado su estantería de preferencias o prioridades y entras en amago de conflicto con B.

 

Cuidarse es el momento en el que un maldito duende te susurra: “Toca pensar un poco en quien eres y mirarte en tu espejo”. Ese espejo que difumina realidad que ves en ti y a la vez es nítida en la mirada de B.

 

Es sano cuidarse. Cierto es que cuesta y despierta emociones automáticas. Como resortes de un castillo que tiene trampas para quien se aventura en tu interior de más. Es sano saber valorarte, no das lo que no tienes. No es erróneo parar en la frontera y sentir que toca ordenar prioridades. En el momento en el que te cuidas resuena en ti una canción de los piratas: "Promesas que no valen nada, prometo pensar en ti”. En ese momento te ves reflejado.

 

Cuidarse como ser cuidado es un noble arte no siempre compartido. En muchos casos confundimos cuidarnos a nosotros con ser egoísta y no pensar en la otra parte. Y al hacerlo nos entra un sabor amargo con notas de audio que te deja el NO a expresar aquello que no se espera de uno mismo.

 

Podríamos hablar sobre cuidar y autocuidado que de alguna manera son un poco antagonistas y un poco paralelas. B es la parte de ti que te susurra a escondidas que es necesario darte valor y apreciar lo que valoras... Dejar que lleguen no solo las noticias malas que son raudas en llegar a tu interior. Quien te susurra si te cuidan es también un paso del camino de baldosas amarillas.

 

Cuando B decide que es momento de cuidarse no solo se cuida, si no también cuida de ti. Nos cuesta decir cuál es nuestro límite o un simple NO, simplemente porque sientes que eres egoísta y porque ese sentir que todo el mundo está bien es una droga para elevarte a un estado de felicidad efímero y temporal. Pero si quieren cuidarte, nace el sargento de hierro y tú no necesitas nada... Sálvalos a ellos.

 

Cuando entiendes para que te cuidas o se cuida, no necesitas que tu B te comparta razones, solo sientes, dejas que emoción sea tu inteligencia.

 

Esto va de disfrutar de nuestro camino de baldosas amarillas con dirección sin rumbo.  Sabiendo que tropezar es sano y nos levantarán o tendemos nuestra mano para levantar. Es necesario caer y tropezar, es necesario dejar caer y si nos tropezamos dejarnos cuidar.

 

GRACIAS por este viaje COMPARTIDO. Todos somos A, todos somos B… N, C, J, R…

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