
En un lugar del Amazonas, de cuyo nombre no quiero olvidarme, no hace mucho tiempo vivimos una de las experiencias más enriquecedoras e inolvidables de nuestras vidas. En plena selva, junto al río Madre De Dios, muy cerca de Puerto Maldonado, puestos en pie a las 4 de la mañana y en vista de que no llovía, como suele hacerlo en esa época del año sin aviso y en grandes cantidades, nos calzamos botas de agua hasta las rodillas, tomamos un café, cogimos un pequeño refrigerio y nos dirigimos al embarcadero donde montamos en una barcaza que nos dirigiría al lugar de peregrinaje. Fuimos río arriba durante unos veinte minutos hasta llegar al destino de partida.
Atracamos. Estaba amaneciendo cuando empezamos a caminar al interior de la selva. La expedición la integrábamos mi familia, nuestro guía Capi, machete en mano, abriendo la marcha y Jesús, aspirante a cicerone en prácticas, ambos oriundos de la zona, amantes y defensores de su patrimonio natural.
![[Img #72677]](https://murciaeconomia.com/upload/images/07_2020/779_17-julio-amazonas-y-quijotes.jpg)
El silencio era acechante, pero los sonidos lo eran aún más. Al principio solo se escuchaban nuestros pasos sobre un terreno embarrado con charcos que ocultaban las raíces de los árboles y, por mucha atención que pusieras, era difícil sortear con éxito. Mucho más fácil resbalar o tropezar en un recorrido repleto de recovecos convertido en un lodazal.
Pero conforme íbamos avanzando, con más emoción que esfuerzo, los sonidos fueron in crescendo provenientes de los pobladores de aquella vegetación tan espesa y compacta. Los monos aulladores defendían su espacio vital con gritos ensordecedores, y otras muchas especies se desperezaban con ese atronador estruendo.
Y así, después una larga caminata, con una sensación de aventura inimaginable, llegamos a nuestro destino, el inesperado e increíble Lago Sandoval. Navegar por sus aguas tranquilas y claras, en un pequeño bote a remos, contemplar la exuberancia de su flora y avistar la increíble y dispar fauna, es una experiencia apasionante. Las nutrias, tortugas, garzas, loros, martín pescador.... y la inesperada visita de un caimán negro de gran envergadura compartiendo ruta al lado del bote, te hace sentir que no está todo perdido (os envío un enlace donde clicar e intentar transmitiros esa sensación de interacción con la naturaleza en unos pocos segundos y transportaros a un lugar mágico).
De regreso de lo que nos pareció un paraíso terrenal, volvimos al mundo real, donde cada vez es mayor la deforestación, producida por incendios, talas o explotaciones mineras clandestinas en busca de oro y vuelven a recordarte que la mano del hombre está detrás de todas estas amenazas ambientales y que parecen no tener limite.
Y cada día pienso que hacen falta muchos quijotes con la cordura de los locos, para devolver a nuestro planeta todo lo que le hemos quitado, sin darle tregua.
Enseguida estoy de vuelta, y ¡espero encontraros al otro lado el próximo viernes!



