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ENTRE TÚ Y YO

Patricia Cancelo: "Si me sacaran sangre, sacarían arte"

Nazaret Domínguez Jueves, 23 de Julio de 2020 Tiempo de lectura:

 

La expresión artística intenta dar respuesta a la necesidad de comunicar o expresar una idea por parte del artista.  Un concepto que estos quieren compartir con el resto del mundo.

 

Dice Patricia Cancelo (Vigo, 1971) que el artista tiene una responsabilidad hacia la sociedad, porque “el arte te permite luchar contra las injusticias”. Y es que para esta escultora la expresión artística es una manera de alzar la voz, de defender los derechos universales y de representar a aquellas personas que se quedan atrás.

 

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Patricia, que atribuye con esta responsabilidad social, no solo a los artistas, sino también a los periodistas, asegura que todo aquello que pintamos, realizamos y escribimos es nuestra manera de dejar huella en este mundo.

 

Y por si todavía no lo sabe, ella ya ha dejado la suya en este planeta y además muy grande. Dice que no tiene dinero, pero que “si le sacaran sangre, sacarían arte”, por eso con sus esculturas y su manera principal de expresión, la artista donará 10.000 euros por la venta de sus obras al hospital Sant Pau de Barcelona para ayudar a investigar sobre el coronavirus en las mujeres embarazadas.

 

Y no solo ha dejado huella durante esta pandemia. La gallega ya había colaborado con anterioridad con el servicio de ginecología de este mismo hospital: “El año pasado realicé un colgante inspirado en el hospital para recaudar fondos para investigaciones relacionadas con la maternidad. Tuvo tanto éxito que este año ya hemos diseñado el conjunto completo: pendientes, anillo y pulsera”.

 

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La solidaridad va de la mano del arte de Patricia, que se muestra como una mujer con la energía y la intensidad suficiente como para creer que ella sola puede cambiar el mundo. ¡Y vaya si lo hace!

 

Detrás del rostro sonriente de esta mujer de 49 años se encuentra una artista con una larga trayectoria profesional. Además de los innumerables premios y las cinco lenguas que habla, Patricia comenzó su carrera desde bien pequeña: “Era bastante mayor cuando fui consciente de mi primer contacto con el arte. Desde muy pequeña, los profesores me llamaban la atención porque en clase siempre estaba jugando con el papel haciendo figuritas. Lo mismo me sucedía con el pan, que lo moldeaba para darle forma”.

 

Es escultora y trabaja el hierro como especialidad. No se define como pintora, pero considera que cuando mezcla distintos colores pueden quedar muy armoniosos. Cuando está plenamente introducida en ese mundo al que le traslada el arte, se siente plena, feliz y asegura mantener una conexión especial entre el material, su cabeza y sus manos.

 

La gallega cuenta que la metalurgia siempre ha sido un mundo de hombres. Aunque ser mujer nunca le ha impedido desarrollar su profesión, considera que ha tenido pequeñas trabas: "Mujeres forjadoras hay muy pocas. En el 2002 solo conocía a una. Yo no digo que sea machismo, sino que creo que han sido estereotipos. La mujer no está relacionada con el mundo del hierro. He estado en un mundo de hombres y he tenido que demostrar muchas cosas; como que sabía soldar, que podía coger mucho peso para así no tener que pedir ayuda... No ha sido fácil, tienes que demostrar más porque es un sector masculino".

 

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No concibe la vida sin el arte, pero hay cosas que detesta de este mundo: “A veces la gente no lo valora porque no ve el proceso, solo el trabajo terminado. No tienen una percepción real de todo lo que has trabajado y solo los que nos dedicamos a esto, sabemos el trabajo y el esfuerzo que hay detrás de cada obra y detrás de ellas también hay lloros y frustración cuando el resultado no es el que esperas”.

 

Un mundo en el que "todo" es subjetivo se cuestiona constantemente. La escultora confiesa que detesta cuando la gente regatea el precio de sus obras y asegura que el arte no debería ser una actividad comercial: “¿Cómo pagas una buena idea?”.

 

El estilo de la artista es de lo más peculiar y divide su arte en dos vertientes principales. Una de ellas -la más artesanal- la forja cumple un papel fundamental. La escultora calienta el hierro de tal manera que sintetiza al máximo el cuerpo humano en una línea. Sus personajes son músicos, deportistas o lectores, entre otros. En sus obras se puede observar la magia de la simpleza, aquello que dicen de que lo más grande no siempre es lo mejor.

 

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La otra vertiente es la representación de universos y, a pesar de que algunos son circulares, los que más le gustan a Cancelo son los cuadrados, ya que tal y como ella asegura “la tierra no puede ser circular, porque de serlo todo iría rodado”. Motivo por el que Patricia prefiere plasmar su universo de manera rectangular. Una metáfora que confirma que la vida, no siempre va sobre ruedas.

 

La artista se define como una persona impaciente y siempre que empieza una obra desea ver su resultado final. El miedo a sentirse vacía, le impide saber cuándo acabará las que llama "hijasculturas". 

 

Se considera una mujer extrovertida, cabezota y muy autoexigente. Además, confiesa tener un punto alocado que le hace creer a los demás que algunas decisiones las toma sin pensar. En su lucha entre lo racional y lo sentimental, el corazón siempre sale victorioso y admite que la verdad más profunda que existe es el amor, sobre todo el amor incondicional: "Con el amor hacemos todo, movemos montañas".

 

El amor y también la positividad, porque el Dios en el que cree la artista es en el hombre positivo, en esa fuerza del ser humano que es capaz de cambiarlo todo. Y aunque Cancelo lleva el arte en el ADN le encantaría dedicarse a mil cosas: "No me gusta pensar en el “hubiera” porque me limita. Yo quise ser escultora y lo soy, quise ser periodista y lo soy. En un futuro no descarto ser primatóloga y poder irme estudiar a esos maravillosos orangutanes. La vida no es infinita y hay a hacer todo en esta. No nos limitemos nunca".

 

 

Patricia no esculpe hierro, sino la realidad; el mensaje de lo que siente, lo que vive, lo que expresa y lo que sueña. Esculpe su universo, que en su caso es cuadrado. Sin quererlo o no, nos manda el mensaje de que el fuego -nuestra pasión interna- es capaz de cambiarlo todo y de convertir el metal en una gran historia. 

 

 

 

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