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El futuro pasa por Corvera

[Img #10664]Tenía las piernas demasiado delgadas para pedalear con semejante ímpetu, pero se paseaba por París como quien sabe que la ciudad le pertenece. Una ciudad en la que, a primera vista, la gente vive como si fueran estudiantes. O eso aparentan. Aunque él no era estudiante. Coincidimos en un paso de peatones y se ofreció a guiarme por Montmartre.

La mañana olía a lo que huelen las mañanas parisinas: a pan, a humedad y a millones de cruasanes con mantequilla. Pero todo se rompió cuando me preguntó de dónde era: “De Murcia”, respondí. “De Murcia, near Andalucía”, le repetí con mi inglés de andar por casa. Nada, no lo conocía. “Murcia, near Benidorm”, aclaré. Entonces, al parecer, di en el clavo. “¡Ah! ¡Alicante!”. De inmediato, se rompió el hechizo de París.

Aquel diplomático belga, agregado comercial de la embajada de su país en la capital de Francia, me hizo reflexionar. Aquel día de verano en París me contó que conocía el aeropuerto de Alicante-Murcia y que adoraba el Mediterráneo. “El sol, el sol. Qué luz. Y…las tapas, qué tapas…”, repetía insistentemente en castellano. Yo intentaba aclararle que eran dos comunidades distintas, si bien el belga no entendía nada.

Desde entonces, a la hora de explicar cómo llegar a Murcia siempre les tenía que remitir al aeropuerto de Alicante. Hasta que en 1995 el aeropuerto de San Javier empezó a convertirse en un “verdadero” aeropuerto -con su ‘etiqueta’ de base militar-. Durante los últimos 15 años, los responsables políticos han invertido en su mejora, pero el sector turístico aplaude la inversión –costosa, pero necesaria- de un aeropuerto de carácter internacional. Hay que estar en consonancia con los tiempos y las nuevas demandas que el mundo empresarial, el turístico y la sociedad en general exigen.

Es evidente que después de inaugurarlo no se va a llenar de turistas por arte de magia. Lo que es seguro es que el futuro pasa por Corvera. Todos los indicadores económicos revelan que el tiempo inmediato, así como el futuro, se prevé duro y complicado. Así que hemos de usar esta herramienta para conseguir los fines turísticos tan necesitados para el empresariado. Y, en suma, para la Región.

A corto plazo, el aeropuerto es una apuesta fuerte e importante para tratar de incrementar el peso específico del turismo en el PIB regional. Y más bajo la ‘dictadura’ de las aerolíneas de bajo coste. Empresas que, en su mayoría, son británicas o alemanas. Lo cual explica que los principales mercados de origen sean estos dos países, conviendo a España, Italia y Francia en principales países receptores de turistas europeos.

Se trata de una infraestructura que, además de ofrecer un mejor servicio público, ayudará a diversificar los subsectores como el sol y playa, el turismo de salud, de congresos, religioso, cultural, rural, de ocio y eventos, gastronómico o deportivo. Todo, de la mano de la promoción y la comercialización de nuevos productos.

No sería realista no estar expectante ante la llegada del nuevo aeropuerto, que además se ubica estratégicamente en el centro de la Región. Quién sabe, igual aquel belga que un día conocí por casualidad en París vuelve a Murcia para mejorar su drive. Al final, todos acaban cambiando la bicicleta por el golf. No es igual de romántico, pero es un turista especialmente apetecible. En términos económicos, claro.

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