
Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado…Ahora lo veo todo desde otra dimensión.
El inicio de la vida es curioso, un alma comienza su camino en un cuerpo diminuto. Dependiendo de la especie que sea, necesita más o menos tiempo para valerse por sí misma; si es humana cubrirá sus necesidades básicas y más tarde comenzará a hablar, a andar y a pensar.
Asun había decidido tener a su niña en el agua. La escuché hablando con su acompañante mientras se dirigía a la clínica especializada. Iban paseando y yo casualmente (o no) andaba detrás.
-Quiero que nazca sin notar mucho cambio y que no llore nada más ver la luz, sólo deseo que la transición sea lo menos brusca posible.
-Claro, verás cómo va todo genial - le dijo su pareja mientras le acariciaba la mano.
Llegamos al destino y mientras ellas cumplimentaban formularios varios en la entrada, yo me di uno de mis paseos invisibles que son cada vez mejores por lo poco que molestan y lo fructíferos que resultan para mí.
- ¿Estás preparada Natalia? -comentó la psicóloga que era parte del equipo que atendería el parto de la futura mamá.
Entre los profesionales pude contar una matrona, una ginecóloga, la psicóloga y un enfermero que bromeaba sobre que entre la parturienta y su pareja y el resto de compañeras, él era el único hombre que asistiría al gran evento.
Quise ponerme en primera fila para no perder detalle del alumbramiento que estaba a punto de suceder. Recuerdo que una de las cosas más bonitas que he vivido fue la llegada al mundo de mi sobrino Eduardo que asomó su cabecita como pidiendo permiso, abrió sus dos ojazos y me miró y en ese momento se creó un vínculo entre él y yo, una magia especial, una emoción de las de primera categoría, de las que archivamos junto a las que nos producen los grandes momentos.
-Sí -le contestó Natalia- ¡Tengo una mezcla de emociones! Muchas ganas y a la vez mucho miedo porque todo salga bien. ¿Entramos?
-Vamos -le dijo Esther, la psicóloga, mientras le decía que todo iba a salir bien y que disfrutara del momento que iba a ser único-.
La habitación donde nos encontrábamos tenía una especie de piscina en el centro y allí estaba Asun, esperando instrucciones mientras le iban y venían las contracciones.
-Lo primero y fundamental es que te relajes todo lo que puedas. Déjate llevar por mí y por Lucía, tu ginecóloga, y enseguida tendrás en tus brazos a tu niña.
Todo fue transcurriendo de manera natural sin apenas ruido, hasta que Lourdes, la matrona, alzó a la niña hasta su madre que la acurrucó contra ella sintiéndose la mujer más afortunada del planeta.
Yo permanecía inmóvil junto a ellas contemplando el gran arte de traer a un ser al mundo, en este caso además en un medio poco habitual como es el agua, lo que aún me atraía más y dando gracias por haber nacido y vivido en este espacio infinito de la vida y la muerte, de lo leve y lo etéreo, de lo natural y lo mágico.
Esa gratitud que sentimos cuando estamos satisfechos y comprendemos que venimos para irnos y lo importante es el camino, es el regalo que no debemos desaprovechar jamás.
¡Nos encontramos el viernes que viene estimados lectores!



