
Me llamo Alma y hasta hace dos días
formaba parte de los humanos vivos, pero
eso ha cambiado…Ahora lo veo todo
desde otra dimensión.
Cuando conocemos a una persona, lo que nos transmite, a veces está condicionado por esa primera imagen que inconscientemente proyectamos. No tenemos ni idea de quién es, de cuáles son sus inquietudes, sus miedos, sus ilusiones, sus pasiones... pero lo que, sí es cierto, es que no sabemos por qué razón con algunas de ellas conectamos desde la primera milésima de segundo. Algunos lo llaman química, otros feeling, otros no le ponen nombre, pero lo sienten. Esas personas son las que deben permanecer en nuestra vida, son conexiones mágicas que existen, que son reales y que nos hacen mejores personas.
- TOC TOC, ¿se puede? - [preguntó Antonia con esa gracia característica de las personas felices que sólo buscan agradar].
- Pasa, pasa - [contestó Almudena con esa sonrisa guasona de quien ya espera una visita determinada]- espera que aviso a Laura.
- Lauriii, ¡adivina quién ha venido a vernos!... Llama a Ate y a Carmen y vamos a echarnos unas risas.
Las cinco amigas habían quedado para compartir unas horas como cada primero de mes y yo las miraba con agrado, dando por hecho que de aquella reunión saldría un poquito más de cariño y unión entre ellas y que poco a poco esas primeras conexiones serían un pilar de amistad inquebrantable.
Siguieron hablando de cómo les había ido la semana, pidieron algo para picar en el sitio de costumbre (el bar de Dami) y planearon un viaje las cinco, en el que no había más pretensión que la diversión y el estar juntas.
- Podemos ir a la playa,[dijo Toñi], a mi casa, tengo sitio de sobra y vamos a la pizzería de Patri y ¡nos pegamos un homenaje!
- Vale, contestó Laura, ¡seguro que lo pasamos genial!
En ocasiones lo que buscamos está tan a nuestro alcance que a veces no nos damos cuenta de lo cerca que nos ronda, por eso valorar esas pequeñas cosas, que en realidad son las más grandes, es tan importante.
- Venga, ya está decidido, el viernes que viene salimos hacia playa paraíso. No hace falta que traigáis la maleta grande, con un par de cosillas vale - [dijo Almudena riendo a carcajadas sabiendo que sus amigas harían todo lo contrario].
- De acuerdo- [contestó Carmen muerta de risa].
- A ver, entre los potingues varios, los modelitos, los sacos de dormir y los zapatos llenamos un camión entero entre las cinco - [respondió Ate, que no paraba de reír también].
En aquel momento tuve claro que me iría con ellas, yo no ocupaba lugar (aunque sí espacio), no daría follón (aunque sí energía), no estaría de más (aunque sí de paso) y sería genial para mí recordar las charlas con mis amigas, las excursiones que queríamos que no terminaran nunca, las confesiones que solo hacemos con las personas que nos dan confianza y en determinados contextos y las fantásticas sensaciones que nos dejan esos momentos únicos en los que todos los sentidos se mezclan y conjugan un cóctel que sabe a perfección.
Terminaron su cena, se abrazaron y quedaron al siguiente viernes para marcharse en el coche de Ate.
Tomé nota de la dirección y la hora y alimenté una vez más mi alma con la ilusión de que una experiencia nueva me esperaba para de alguna manera seguir viviendo historias de las que nos llevamos cuando como yo, nos vamos sin darnos cuenta.
Iría vacía de equipaje, pero llena de entusiasmo y les desearía lo mejor del mundo porque lo que ellas tienen es un tesoro para cuidar, guardar y abrir cada vez que tengan ocasión.
¡Hasta la semana que viene que estrenamos mes!


