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Opinión |
Martes, 04 de Agosto de 2020

Un artículo ligero sobre el turista (no) accidental

 

“El Turista Accidental” (que no occidental, aunque también) fue una película de 1988 de Lawrence Kasdan, con William Hurt, Katheleen Turner y Geena Davis (¡menudo trio!), una pequeña y modesta obra maestra. No vamos a desmenuzar la película (drama familiar aderezado con incapacidad individual para salir de lo habitual), sino que nos vamos a detener en la profesión del protagonista masculino, una profesión que nos permitirá hablar acerca del Turismo Responsable.

 

Macon Leary (William Hurt) es un escritor de guías de viaje de bolsillo para hombres de negocios. Macon es introvertido, discreto, odia viajar y sólo lo hace por motivos profesionales; por eso, en sus recomendaciones se centra ante todo en proporcionar seguridades y certezas a los viajantes ocasionales para que tengan una visión rápida del lugar donde están, no se salgan de lo establecido ni se inmiscuyan en la vida de las comunidades donde esta semana ha tocado viajar (“si hoy es martes, esto debe ser Bruselas”, parafraseando el chiste de Gila).

 

Por desgracia, nuestra forma de viajar es -en muchas ocasiones- como la de Macon. Contratamos un paquete turístico con todos los gastos ya pagados, no salimos del hotel (de nombre Riviera Maya, por ejemplo) más que para ir a las excursiones programadas; naturalmente, no nos desprendemos de la pulserita del hotel (o del crucero) que es nuestro salvoconducto para consumir todas las seguridades posibles y los ocios imposibles. Y si en vez de un viaje organizado decidimos hacer algo más “salvaje”, nos conformamos con salir por el mismo paseo marítimo observando -todas las noches- los mismos vendedores topmanta vendiendo las mismas esculturas de “ebano” africano made in China. Naturalmente, todo lo anterior es una simplificación burda de la realidad, porque hay más tipos de turistas: aquellos que inmersionan en la cultura de las ciudades Patrimonio de la Humanidad como ávidos estudiantes de la Historia de las Piedras, o que pasan las vacaciones en el pueblo de sus mayores (por una mezcla de gusto por lo tradicional y gusto por el ahorro), o -más aún- en las que sus vacaciones son un sin vivir de conciertos, ruidos y festivales diversos (ahora en tiempos del covid-19, quizás no, pero todo volverá…).

 

Estamos hablando de formas de hacer turismo donde no existe el contacto con las realidades del lugar donde se pasea, vive o se disfruta; un turismo donde los lugareños, los ciudadanos del lugar donde descansamos, son meros figurantes de un gigantesco escenario teatral, a los que como mucho hacemos fotos para poder tener la sensación de que no todo era una realidad virtual; un escenario construido para nuestro disfrute y consumo y que -posiblemente- desmantelarán en Invierno.

 

Y sin embargo, existe otro tipo de Turismo. No olvidemos que el Turismo no es sólo un tiempo de descanso, es más que eso: Turismo son todas «las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos a su entorno habitual durante un período de tiempo inferior a un año, con fines de ocio, negocios u otros». Y en el otros está la diferencia.

 

¿Qué podemos hacer durante nuestro tiempo de descanso, para -saliendo de la rutina habitual- contribuir con lo que hacemos a mejorar la vida de los demás, o al menos, a ser más conscientes del impacto social, económico y ambiental que tenemos en lo que hacemos? Estamos hablando de muchas posibles acciones, desde Turismo Verde, Turismo Cultural, o Turismo Solidario como -por ejemplo- el voluntariado acompañando a personas con discapacidad para que ellos también puedan descansar (una de las experiencias más enriquecedoras que recuerdo fue como voluntario en Agosto de hace 25 años en la Mariña lucense con personas con parálisis cerebral). Hablamos también de un turismo que ayude a usar adecuadamente los recursos naturales, que tenga respeto por la diversidad socio-cultural, que permita a las comunidades locales obtener beneficios justos y no puntuales, que revalorice espacios naturales, que ayude a permanecer a las personas en su territorio, y que ofrezca a los visitantes no sólo Sol y Playa, sino también la sensación de que su tiempo de descanso están aprovechándolo para ser más conscientes de otras realidades.

 

El Turismo Responsable, además de las satisfacciones personales que pueda producir, es un nicho de mercado: según una investigación de la Organización Mundial del Turismo (OMT), un porcentaje de entre el 10% y el 15% de los viajeros buscan algo único y excepcional; también según el informe CMIGreen Traveler Study Reporte, los consumidores “ecoconscientes” viajan de manera más frecuente que el consumidor medio; y no olvidemos que no para de aumentar la cuota de mercado del sector del Ecoturismo: según el Grupo de Investigación Interdisciplinar GRIT-Ostelea, el Ecoturismo pasó en 6 años (2010-2016) del 7% al 25%. Incluso tenemos una Estrategia de Turismo Sostenible de España 2020, en turismo.gob.es, que habrá que leerse y aprovechar. Pongan en su buscador “Turismo Responsable”, “Turismo Consciente” o “Turismo Ecológico” (Ecoturismo) y saquen sus conclusiones acerca de las oportunidades personales y económicas que se ofrecen ahora que el turismo masivo y estándar está amenazado.

 

¿Y hemos escrito de este tema porque nos ha recordado una película de los 80? No sólo. Uno de los alumnos del master oficial en RSC de la UCAM este curso hizo su Trabajo Fin de Master acerca de la certificación de las prácticas de Turismo Sostenible. Como no vamos a “destripar” la estupenda idea de Diego López Liza, y seguro sabrá cómo sacarle aprovechamiento, sólo podemos animarle a él y a nosotros mismos a perseverar en el noble intento de descansar y salir de la rutina y -al mismo tiempo- no olvidar que todo lo que hacemos por acción y por omisión tiene repercusión.

 

También en estos tiempos de ocio y descanso merecemos no ser un simple turista accidental, un turista que mira con los ojos sin ver nada a su alrededor.

 

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