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ENTRE TÚ Y YO

Ravel y la originalidad del ser

Soledad Hernando Miércoles, 05 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:

 

Yo vengo del Norte. Él viene del Sur. Venimos del mismo sitio.

 

 

El lugar en el que nacemos enmarca nuestra cultura e influye en nuestra manera de pensar y de sentir. Nos da un marco, pero el contenido del cuadro puede llenarse de miles de colores y trazos recogidos de las vivencias y del largo aprendizaje que es la vida.

 

Ravel es el músico francés elegante y exquisito, cultivador de la forma, en el que aparecen motivos melancólicos de la música vasca y elementos expresivos de clara influencia española.

 

Maurice Ravel nació en Ciboure, sur de Francia, en 1875. Su madre era vasca y le trasmitió el patrimonio de esa cultura. El propio compositor confesaba que uno de sus primeros recuerdos eran las canciones folclóricas vascas que su madre le cantaba. Aunque marchó tempranamente a vivir a París, solía regresar a pasar sus vacaciones a San Juan de Luz, allí donde le he recordado hace unos días.

 

Me veo como una persona alegre y sin embargo, mis composiciones destilan melancolía. ¿Es mi carácter individual o proviene de mi patrimonio cultural vasco? ¿Se puede abstraer uno del entorno en el que nace, del legado de sus padres? Cuando compongo no me invade la tristeza. No acudo al acto compositivo por necesidad de expresar mi sufrimiento. Durante el proceso creativo no me siento desgarrada. En la escucha posterior no percibo dolor. Y sin embargo, hay oyentes que perciben en mis melodías cierta nostalgia. El paisaje en el que hemos vivido, la orografía y el relieve de la zona, el clima, las costumbres, los colores, los olores…todo determina nuestra producción creativa. Cuando escucho a Ravel le entiendo en lo profundo.

 

Una de las obras que más me conmueve es el adagio del “Concierto en Sol” de Ravel. Mi alma siente igual. Su discurso melódico es largo, es una mente racional que necesita expresarse. Cuando entra el aire representado por la flauta travesera, seguida  del oboe y del clarinete, el corazón que estaba latiendo bajo el discurso racional se expande y se abre al mundo. Ravel combinaba magistralmente los juegos más sutiles de la inteligencia y las efusiones más ocultas del corazón.

 

El padre de Ravel, quien cultivó en el hijo su gusto por el arte y estimuló tempranamente su pasión por la música, era suizo. Stravinski calificaba a Maurice Ravel de “relojero suizo” haciendo referencia a su meticulosidad y su búsqueda de la perfección. Se considera a Ravel el más grande orquestador francés y uno de los más grandes de la Historia de la Música Occidental. Orquestar es un trabajo arduo y laborioso que requiere un manejo del timbre de todos los instrumentos que conforman la Orquesta. Ravel componía al piano y después, algunas de sus obras las orquestaba como es el caso de “Sherezade”. Grandes compositores como Debussy y Saint-Saëns recurrieron a él para que les orquestara alguna de sus obras. Tuvo especial éxito la orquestación de “Cuadros de una exposición” de Músorgski . Ravel conseguía el equilibrio armonioso más sutil combinando los diferentes registros tímbricos. Puede creerse que ser músico implica conocer la técnica de todos los instrumentos musicales. Un músico conoce el lenguaje musical y posee destreza en algún instrumento. Pero conocer todos los instrumentos de la orquesta es altamente difícil.

 

Es curioso que la obra más conocida de Ravel sea un ejercicio orquestal, un estudio experimental de orquestación. Ravel escribió un tema y un contratema que se repiten durante 17 minutos en el que el único elemento de variación es tímbrico, es decir, lo que hace es, sobre un ostinato rítmico, ir introduciendo instrumentos y creciendo en volumen hasta el estallido final. Un experimento que ha dado la vuelta al mundo como “El Bolero de Ravel”.  Sin quitarle mérito a esta obra hipnotizante, Ravel compuso obras de extraordinaria belleza y complejidad que probablemente no son tan conocidas y no han disfrutado de tanta notoriedad.

 

Maurice Ravel  vivió en un momento histórico en el que se empezaban a cuestionar esquemas anteriormente aceptados. Muchas certezas que parecían inamovibles se tambalearon.  Freud, Marx y Nietzsche comparten una actitud crítica hacia la sociedad que conocen. Este contexto se hace sentir también en el arte. El racionalismo formal del Clasicismo y posteriormente la exaltación del mundo de los afectos del Romanticismo, dan paso a un movimiento artístico libre, sensorial y sugerente. Este es el Impresionismo, que originalmente fue un movimiento pictórico y que cuestiona el concepto anterior de la línea para potenciar la luz, los colores y las texturas. De igual manera, los músicos impresionistas cuestionan el valor de la línea melódica para potenciar las texturas armónicas, los timbres y las dinámicas. Ravel, que vivió esta época y que en sus obras aparecen pinceladas impresionistas, como es el caso de su “Juegos de agua”, no se autodenominó nunca como impresionista. Su obra es de difícil adscripción estilística. Estuvo abierto y receptivo a lo que sucedía a su alrededor y tuvo la facilidad para transformarlo y tamizarlo de manera cautivadoramente original.

 

La música es un lenguaje universal,  es capaz de comunicar ideas y sentimientos más allá del marco cultural. En 1889 tuvo lugar la Exposición Universal de París donde los músicos europeos escucharon por primera vez música javanesa la cual les abrió a un nuevo mundo de color sonoro. Más tarde, la colaboración de Ravel con George Gershwin ejerció una fuerte influencia en ambos compositores. La orquestación de las últimas obras de Gershwin está más pulida y en las dos últimas obras de Ravel se observa una sutil influencia jazzística. La “Sonata para violín n.º 2” en sol mayor es un ejemplo de ello. Observándose claramente la inspiración de blues y de jazz estadounidense, la dota de una sonoridad nueva empleando diversas técnicas. Occidente versus Oriente y Europa versus América se difuminan ante el poder integrador de la música.  La música nos conecta en un lenguaje único.

 

Los seres humanos tenemos una tendencia compulsiva a categorizar. Es cierto que al igual que distribuimos el conocimiento en áreas para facilitar la trasmisión del docente y la asimilación del alumno, clasificar a un compositor en un estilo nos ayuda a comprender mejor su obra pero el saber solo es uno y Ravel solo hay uno. A nuestro cerebro le produce cierta calma definir a Ravel como un músico racional o emocional, o clasificarlo como impresionista o neoclasicista. Ravel, como todos nosotros, es racional y es emocional. Como músico supo integrar ambos aspectos en sus composiciones. Sus obras combinan la belleza formal con el colorido tímbrico y las emotivas melodías. En la sinfonía coreográfica “Dafnis y Cloé” mezcla elementos realistas y fantásticos de manera magistral. En ”Mi madre la oca” describe sonoramente el mundo de las hadas. Ravel eligió varios momentos mágicos de cuentos infantiles para inspirar su obra, dedicando esta joya musical al público infantil.

 

No puedo terminar sin hablar de una pieza de Ravel que me acompaña desde niña desde la primera vez que la escuché y que ha estado siempre presente en mi vida: “Pavana para una infanta difunta”. Nos hace viajar en el tiempo, de su realidad a otra realidad ya pasada donde  invita a  visualizarlo con la nostalgia  de unos ojos contemporáneos.

 

El imaginario musical de Maurice Ravel es tan rico que estimula al oyente despertando la creatividad que todos llevamos dentro.

 

Un abrazo sonoro

 

Soledad Hernando

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