
Los campamentos de verano de la Región de Murcia están sufriendo gravemente las consecuencias del COVID-19. Este año, los centros han tenido una bajada considerable de los niños y las niñas apuntados a estas actividades, que junto al costoso acondicionamiento de las instalaciones y el seguimiento de las normas sanitarias pronostican un futuro negativo para el sector.
Juan Tudela, director y propietario de Restaurante Centro de Actividades y Campamentos Finca Caruana, situado en Sierra Espuña, ha manifestado que su negocio se ha visto perjudicado por la crisis sanitaria. “Este año se nos ha reducido el trabajo un 90%. De todas las actividades que teníamos programadas este verano habremos tenido un total de 50 o 60 alumnos”, señala el director. “Por ejemplo, la Federación Scout de Exploradores de Murcia tiene como 400 grupos y este año solo han podido reunir uno, que han estado en estas instalaciones. Ha sido un desastre para todos”.
En España no se ha concretado ningún protocolo común para todas las comunidades autónomas, lo que provocó que a finales de junio el Colectivo Nacional de Campamentos de Verano estableciera unas pautas de actuación. “Nosotros hemos seguido todas las normas: desinfectamos cuatro veces al día el comedor y los pomos de las puertas, seguimos estrictamente la distancia de seguridad, la mascarilla permanente y controlamos 3 veces al día la temperatura”, ha declarado Tudela.
A pesar de ello, seguir todas las restricciones de higiene y seguridad con los pocos alumnos que hay apuntados no sale rentable a la empresa, por lo que está prevé un futuro negativo."Para poder seguir todas la medidas sanitarias, hemos necesitado la misma plantilla de trabajadores que otros años aunque tengamos muchos menos niños, pues las tareas se han multiplicado, ahora hay que lavar mucho más y los monitores han tenido que dividir los grupos” lamentaba el dueño de Finca Caruana, que puntualiza que “la cantidad de trabajo ha aumentado pero la facturación se ha reducido de forma considerable”.
Aunque asegura que los niños que acuden a los campamentos están concienciados y siguen las normas “rigurosamente”, a los propietarios de estas instalaciones le es muy complicado seguir el protocolo en los campamentos debido a la naturaleza de las actividades que se realizan y que exigen contacto o mantener la mascarilla en la realización de juegos deportivos. Por su parte, Tudela apunta que “no se pueden quejar” ya que ellos han podido abrir pero asegura que otros no han tenido tanta suerte. “Si esto sigue así no van a faltar letreros de se vende. Tengo conocidos que ni han podido abrir porque eran incapaces de seguir todas las normas… gran cantidad de monitores, personal, cocineros se han quedado sin trabajar”, declara el director.


