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ENTRE TÚ Y YO

La democracia de los sonidos

Soledad Hernando Miércoles, 19 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:

 

Cuando entramos en un espacio donde se encuentran varias personas percibimos la atmósfera, la relación que hay entre ellas. De igual manera, entre los sonidos que componen una obra musical hay relaciones de consonancia y de disonancia. Esto es lo que llamamos ARMONÍA, el estudio de la relación entre los sonidos. Desde el S. XVI hasta el S. XIX, la música de occidente ha sido TONAL, es decir, las composiciones musicales giraban en torno a una tonalidad. Al igual que en la pintura el artista elige en qué tonalidad crear su obra, el músico elige aquella tonalidad con la que siente que va a expresar mejor su mensaje. Cada tonalidad tiene una organización jerárquica de la relación entre los diferentes sonidos. Existe un sonido principal llamado TÓNICA sobre el que gravita la obra. Es el sonido que más veces se repite a lo largo de la obra, la cual suele empezar y terminar en dicho centro tonal y el resto de sonidos se relacionan directamente con él de manera vertical.

 

 

En el S.XX se vivieron dos guerras mundiales. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Repetimos patrones obteniendo los mismos resultados una y otra vez. Y es que para producir cambios hace falta una reflexión crítica. Deconstruir esquemas internalizados para crear nuevos modelos. El artista, siempre en búsqueda de nuevos caminos, ofrece un amplio abanico de posibilidades. Los artistas de este periodo entreguerras expresan su angustia existencial representando una realidad opresora y alineante. Esta expresión de la angustia será el principal motor de la estética del EXPRESIONISMO. El Expresionismo es una de las muchas corrientes artísticas de la época. Ya no hay un estilo predominante sino que existen múltiples propuestas. Entre ellas, cabe destacar un intento de democratización de la relación entre los sonidos: el DODECAFONISMO. Arnold Schönberg, músico y pintor austríaco nacido en Viena en 1874, fue el creador de un método compositivo denominado dodecafonismo. El dodecafonismo o método de las 12 notas, propone la igualdad de los 12 sonidos de la escala eliminando la tónica como nota más importante en torno a la cual se ordenan el resto de los sonidos. La propuesta es interesantísima, ya que rompe con la jerarquía vertical dando paso a una relación horizontal entre los sonidos. Los 12 sonidos a que hace referencia son las 12 notas de la escala cromática, aquella que incluye todos los semitonos entre una nota y su octava. Es decir, do, do sostenido, re, re sostenido, mi, fa, fa sostenido, sol, sol sostenido, la, la sostenido, si. El compositor elige libremente el orden en el que van a tocarse las notas sin poder repetirse ninguna de ellas hasta que se hayan tocado todas. No hay protagonistas, no hay favoritismos, todos los sonidos son igualmente importantes. Para observar la evolución en la obra de Schönberg propongo la escucha de su primera obra: “La Noche Transfigurada”, la cual posee tintes postrománticos y roza el atonalismo y una de sus últimas composiciones, ya en clave dodecafónica: el “Concierto para piano op. 42”.

 

Si observamos el teclado de un piano, lo primero en lo que reparamos es que hay teclas negras y teclas blancas. Seguidamente notamos que las teclas negras se distribuyen series de dos, tres, dos, tres...Esto se debe a la distancia tonal entre los sonidos. Para los músicos, la unidad de medida es el TONO. Tono es la distancia que hay entre dos sonidos naturales, excepto entre el mi y el fa, y el si y el do, que hay un semitono o medio tono. Este es el motivo por el que no hay tecla negra entre esos sonidos. Si tomamos cualquier sonido y vamos subiendo por la escala hasta su homólogo agudo contaremos 12 teclas o sonidos. Estaremos contando semitonos. Estos son los 12 sonidos de los que hablaba Schönberg. Esta serie de 12 sonidos, de los que no puede repetirse ninguno antes de que todos ellos aparezcan, llevada al resto de los parámetros musicales es lo que se denomina SERIALISMO. Todo sonido tiene 4 cualidades: altura, intensidad, duración y timbre. Un sonido puede ser agudo, si su altura es alta o puede ser grave, si su altura es baja. Un sonido puede ser fuerte o débil, dependiendo de su intensidad. Un sonido puede ser largo o corto dependiendo de cuánto dure en el tiempo. Y un sonido tendrá un color diferente o particular dependiendo del timbre de la persona o del instrumento que esté sonando. El serialismo integral aplica la técnica dodecafónica a todos los parámetros de la música, no solo a la altura. Es decir, asigna a cada una de las doce notas una intensidad, una duración y un timbre distintos. Esta propuesta está llena de reglas y condiciones que hay que respetar para llevar a cabo la composición que en principio atendía a una libertad sonora mayor. Esta contradicción parece pertenecer a la esencia humana ya que son numerosos los intentos de, en aras de una mayor libertad, dotar a la sociedad de mayor número de corsés. Los defensores del serialismo integral criticaban a los dodecafonistas por no haber roto plenamente con la tradición musical tonalista. Les recriminaban que solo habían llevado el cambio a la altura del sonido y no al resto de parámetros. ¿Cuántas veces llega un nuevo equipo al poder y tira por tierra todo lo anterior sin contemplar las virtudes o la eficacia probada del equipo anterior? Romper por romper, cambiar por cambiar. Sin analizar detenidamente la posibilidad de mantener lo que funciona y mejorar lo que falla.

 

Los músicos expresionistas, en su afán por expresar su rechazo al mundo anterior, en términos musicales diríamos rechazo al mundo tonal, se fueron alejando del público que acabo recibiendo sus obras con justificada incomprensión e incluso con hostilidad. Composiciones entretejidas con tantas reglas seriales se convirtieron en proyectos intelectuales que olvidaban el placer auditivo. ¿Un gobierno alejado de los ciudadanos es un gobierno democrático? ¿Dirigentes que no escuchan pueden crear una sociedad armónica?

 

La música como concepto global, nació sin normas preestablecidas. Todos los sonidos del universo eran musicables. La escritura musical no existió hasta el año 1000 a. C. Todo era música en los tiempos de la libertad sonora. La Historia de la Música es la Historia de la Humanidad. Diferentes intentos de organización de la sociedad y de los sonidos, con sus aciertos y sus errores. Si reflexionáramos más sobre lo ocurrido anteriormente quizás podríamos llegar a componer una bella sinfonía de relaciones humanas armónicas.

 

Un abrazo sonoro.

 

Soledad Hernando

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