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ENTRE TÚ Y YO

"¿Educamos la mente para el fracaso?"

Javier Escolano Miércoles, 09 de Septiembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

“No son las cosas las que nos perturban, sino la interpretación que hacemos de su importancia.”  Epicteto (Hierápolis, 50 d.C.).

 

La extensión e intensidad que el odio ha alcanzado en personas, comunidades y grupos, en gran número de países, hasta dividirlos desgarradoramente, ha llevado a diversos intelectuales y académicos a preguntarse por sus profundos motivos.

 

Hoy traigo a colación, a dos autores JONATHAN HAIDT (Nueva York, 1963. Psicólogo social y profesor de liderazgo ético en la Escuela de Negocios Stern)  y GREG LUKIANOFF (Nueva York, 1974. Abogado y presidente de la Foundation for Individual Rights in Education), quienes, primero en un artículo publicado el 11 agosto de 2015 y, posteriormente, en 2018 en su libro “LA TRANSFORMACIÓN DE LA MENTE MODERNA” (Editorial Planeta, 2019), han destacado la importancia de la educación de la mente y la preservación de los centros educativos como espacios intelectualmente abiertos. Pues de lo contrario, si transformamos la mente para maximizar la ofensa y cerramos los campus a todo pensamiento que incomode, habremos  condenado al fracaso a toda una generación.

 

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Su diagnóstico es que, con buenas intenciones, se han introducido en la educación de nuestros niños y adolescentes tres malas ideas; a saber:

 

1ª. Lo que no te mata te hace más débil. Así que: “evitad el dolor, evitad la incomodidad y evitad todas las experiencias potencialmente malas”.

 

Los seres humanos necesitamos desafíos físicos y mentales para aprender, adaptarnos  y crecer; ya que los riesgos son parte natural e inevitable de la vida.

 

Los padres y profesores deben ayudar a los niños a desarrollar habilidades innatas para crecer y aprender de las experiencias. Hay un viejo dicho: “Prepara al niño para el camino, no el camino para el niño”. Pero hoy día, parece que estemos haciendo justamente lo contrario: intentamos despejar cualquier cosa insignificante que puede molestar a los niños. Si protegemos a los niños de cualquier clase de experiencia potencialmente perturbadora, haremos que sea mucho más probable que esos niños sean incapaces de lidiar con sucesos incómodos cuando salgan del paraguas protector.

 

Nace así la llamada cultura de la ultraseguridad”, que por un lado, eleva a la máxima categoría de “traumacualquier experiencia dañina, física o emocionalmente; y, de otro, desaparece cualquier referencia objetiva al daño, para quedar exclusivamente a la apreciación de quien lo padece.

 

2ª. Confía siempre en tus sentimientos. Y, por tanto, nunca los cuestiones.

 

Los sentimientos siempre son persuasivos, pero no siempre fiables. A menudo distorsionan la realidad y nos privan de perspectiva. La felicidad, la madurez e incluso el enriquecimiento intelectual requieren cuestionar nuestros sentimientos, para no basar nuestro juicio exclusivamente en ellos. Los sentimientos son reales en sí mismos y, a veces, nos alertan de verdades de las que nuestra mente consciente no se ha percatado, pero en otras ocasiones  nos llevan por el camino equivocado.

 

De este modo, si construimos el concepto de microagresión, solo en lo sentido por la víctima (“no le corresponde a nadie, salvo a la víctima, decidir qué se considera trauma, maltrato o abuso: si tu lo sentiste como tales, confía en tus sentimientos); hacemos  un cambio fundamental: el paso de la intención al efecto. De modo que, como dicen algunos activistas, la intolerancia tiene que ver únicamente con el efecto, ni siquiera es necesario que haya intención.

 

Con ello, si una persona se siente ofendida u oprimida por el acto de otra persona, entonces, esa otra persona es culpable de haber cometido un acto de intolerancia, aunque  no tuviera intención alguna: “Al final, ¿qué importa en realidad la intención de nuestro acto, si nuestros actos tienen el efecto de agravar la marginación u opresión de los que nos rodean?”

 

3ª. La vida es una batalla entre las buenas personas y las malvadas.

 

La sencillez propia de un mundo arcaico dividido en “nosotros los buenos” y “ellos los malos”, nos hace retroceder en la evolución social a los tiempos tribales. Como dice un antiguo proverbio beduino: “Yo contra mis hermanos. Yo y mis hermanos contra mis primos. Yo y mis hermanos y mis primos contra el mundo”. Identificar a un enemigo común es una forma eficaz de ampliar tu tribu y motivarla.

 

La política identitaria del enemigo común, cuando se combina con la teoría de las microagresiones basadas exclusivamente en el “efecto” sobre la victima, y la mentalidad de “nosotros contra ellos” son incompatibles con la misión educativa e investigadora de las universidades, que precisan de libertad para la indagación, el disenso, la argumentación basada en la evidencia y la honestidad intelectual”.

 

Al final de esta transformación de la mente, no solo debemos de protegernos de la violencia, agresiones y microagresiones; sino incluso de la presencia de las “personas que están en desacuerdo con nosotros”; y, como afirmó entre un 20 a un 30 por ciento (según encuestas) de los estudiantes universitarios norteamericanos,  es aceptable usar la violencia para impedir que un orador hable en el campus.

 

En este punto, frente a esta transformación de la mente moderna, no me resisto a recordar lo dicho por personas de muy diferente formación y época. Como son:

 

  • VICTOR FRANKL (Viena, 1905. “EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO” Editorial Herder, 2018), al reflexionar sobre los años que pasó en un campo de concentración, llegó a la misma conclusión que BOECIO (Roma, 480 d.C. “CONSUELO DE LA FILOSOFÍA” Editorial Acantilado, 2020): Al hombre se le puede arrebatar todo excepto una cosa, que es la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal ante una determinada serie de circunstancias y elegir su propio camino”.

 

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  • VAN JONES (Jackson, 1968. Consejero Especial para empleos verdes, empresa e innovación de Barack Obama)  en 2017, se dirigía a los estudiantes de la Universidad de Chicago, en estos términos: "No quiero que estéis intelectualmente protegidos. No quiero que estéis emocionalmente protegidos. Quiero que seáis fuertes. No voy a despejar la selva por vosotros. Poneos unas botas y aprender a lidiar con la adversidad. No voy a sacar todas estas pesas del gimnasio: ése es precisamente el propósito de un gimnasio. Esto es el gimnasio".

 

  • SHADI HAMID (1983): en esta era identitaria,  el listón de la ofensa se ha bajado considerablemente, lo que hace que el debate democrático sea más difícil,  y los ciudadanos sean más propensos a reservarse sus verdaderas opiniones si sienten que serán tildados de intolerantes o insensibles.

 

En mi opinión: es esencial la tarea de padres, formadores y profesores de facilitar herramientas de aprendizaje para que los alumnos conozcan las ciencias sociales y técnicas, reconozcan los sentimientos,  las exigencias del razonamiento honesto,  el éxito de la democracia y a la vez su fragilidad y, por tanto, el compromiso cívico imprescindible por su protección y mejora. Una sociedad libre y abierta, en definitiva democrática sin adjetivos y de verdad, es imposible sin libertad de pensamiento y expresión; y, por tanto, con capacidad  de tolerar la ofensa.

 

Siempre me ha parecido un hermoso resumen el principio clásico de la filosofía y la retórica, que dice: “debemos interpretar las palabras de los demás de la mejor manera y más razonable posible, no de la peor o la más ofensiva”.

 

Lo cual es incompatible con la deshumanización del adversario, la negación de los derechos al oponente, la introducción de odio como sentimiento legítimo frente al diferente y, al final, la justificación de la “violencia” para privar de la palabra a quien no opina como nuestro grupo,

 

Con ello no minimizo los problemas a los que se enfrentan los estudiantes y en general los jóvenes (más en esta época), ni ignoro las grandes aportaciones de las nuevas referencias y construcciones  sobre “microagresiones” e “interseccionalidad”. Pretendo dar cuenta que, lo que las personas “eligen hacer” determina cómo esos problemas les afectan. Es necesario ir a la búsqueda de desafíos (en vez de eliminarlos o de evitar todo lo que nos haga sentir que no estamos seguros), liberarnos  de nuestras distorsiones cognitivas (en vez de confiar siempre en nuestros sentimientos iniciales), adoptar una visión generosa de los demás y buscar matices (en vez de asumir lo peor de las personas desde una moral simplista de nosotros contra ellos).

 

Queridos lectores, son tiempos, en los que están amenazadas conquistas que creíamos seguras y rutinas que nos permitían ver progresar a nuestros hijos.

 

Se disuelven cimientos y, al mismo tiempo,  debemos construir un edificio nuevo, cuyos materiales no encontramos o no sabemos ensamblar. Pero, es seguro que el odio no es camino, la estructura educativa no sirve y la salida no la trae líder o grupo alguno, aunque él o ellos se lo crean.

 

Depende de nosotros, como tantas veces, cuidar de los nuestros y no olvidar a los otros, con la certeza de que, esta vez en la Historia, hay sueños, recursos y herramientas para construir un espacio y un tiempo diferente y notablemente mejor. Nos llevará tiempo, pero ya ha empezado. La niebla se disipa y el diagnóstico cobra realidad. En quince días, les mostraré mi “caja de herramientas”.

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